Economía & Política

La épica historia de «Bus.es»

23 Abr, 2013 - - @egocrata

El 15 de junio del 2012 la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría anunciaba en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros la modificación de la ley de transportes terrestres. Esta reforma (el gobierno le llama a todo reformas) contenía grandes medidas que las empresas de autobuses pudieran hacer sus gestiones por internet (¡oh!), hacía públicos los datos de los transportistas con contratos (¡ah!) y obliga a los operadores a inscribir sus líneas en un registro.  La propuestas estrella, sin embargo, la que capturó la imaginación de las mentes de Politikon ese día reunidas en Barcelona, y el objeto de atención y gloriosa descripción de la vicepresidenta fue la creación de «bus.es», un portal con información de todas las líneas de autobús de línea en España.

Ignorad por un momento que esa página ya existe, tanto a nivel autonómico como a nivel estatal. Alguien en el gobierno a buen seguro conoce esa webs llamada Google, pero no ven estas alternativas como algo satisfactorio. El Ministerio de Fomento debía dar un paso adelante,  impulsar una gloriosa reforma estructural. Era hora de utilizar el poder de un registro burocrático de datos para dar el poder a las masas, creando un portal multimedia interactivo virtual en la nube para dar acceso a esta poderosa información.

Es así como llegamos a bus.es, una página que animo a todo el mundo a visitar ahora mismo. Es una maravilla, un ejemplo de las grandes reformas y enorme capacidad para impulsar la modernización, innovación y cambio de este gobierno.  Fomento la llama “Bus.es Autobuses de España. Una marca de excelencia», y es una soberana chapuza difícil de describir con palabras.

El «portal» (siendo generoso) nos recibe con un logo de tercera, un muro de texto de 2.000 palabras y cantidad de enlaces más o menos aleatorios a la ya de por si caótica página de fomento. Al buscador se accede con un triste enlace en una línea de texto (esto de hacer de una imagen un botón es un tecnología del futuro), y ahí es donde descubrimos el verdadero poder de internet. En lo que es probablemente la página más horrenda, incomoda y torpe del mundo, y tras doce clics en un número igualmente horrendo de menús sin sentido, bus.es nos dará la oportunidad de conocer los horarios de circulación de autobuses de línea entre dos ciudades.

Sí, los horarios. Lo de comprar por internet es algo futurista. Dejadlo estar.

Los milagros de la tecnología no se limitan a viajes directos, no obstante. El poderoso buscador de bus.es puede crear rutas entre dos ciudades sin comunicación directa sugiriendo un enlace. Contemplemos, por ejemplo, este viaje que Jaime Domínguez tenía interés en realizar entre Ferrol y Vigo:

BIdoiC_CEAI2J1D.png-large

Un cómodo transbordo en Mérida hace el viaje un alegre, agradable, maravilloso y rápido paseo por la geografía española. El gobierno, a su servicio.

En fin, fuera sarcasmos: es un desastre. No soy un gran amigo de ver políticas públicas, declaraciones o propuestas de un gobierno como metáforas de toda su tarea política, pero bus.es tiene bastante de ello. Tenemos una idea de vuelo gallináceo anunciaba como una innovación esplendorosa tras un consejo de ministros llevaba a la práctica con meses de retraso e implementada de la forma más torpe, idiota e inútil posible. La página es un pegote amateur sin uso ni sentido, una pérdida de tiempo. Sería una anécdota sin demasiada relevancia si no fuera porque el gobierno lo hace todo igual: presentan una «gran reforma», describen algo entre tonto e irrelevante, se tiran meses y meses para aprobar nada y acaban con algo aún más burdo que la idea inicial. Rajoy y sus muchachos han retrasado todo lo retrasable, y cada vez que han hecho algo han presentado cambios de tercera. En el único apartado donde cumplen con su calendario es en exigir austeridad a comunidades autónomas y ayuntamientos, mientras el gobierno central incumple sus objetivos alegremente.

Repito, una vez más: recortar gasto y/o subir impuestos no es un reforma estructural. Es algo más o menos necesario según las exigencias de Europa y el hecho que nadie nos quiere prestar dinero, pero el problema esencial no es que España gasta demasiado, sino que no produce lo suficiente. No importa cuánto recortemos o intentemos recaudar, con un 26% de paro es imposible cubrir las facturas de hoy, y menos aún las pensiones mañana. Si encima estamos perdiendo población a espuertas (205.000 emigrados en un año es una barbaridad), ya ni os cuento; no hay dinero porque no tenemos suficiente dinero ganándolo. España necesita reformas serias, decididas y agresivas para reactivar la economía, desde políticas de competencia a liberalizar mercados pasando por reformar el mercado eléctrico, aprobar cambios profundos en el mercado laboral, mejorar el funcionamiento de la justicia y la administración, simplificar trámites, incentivar el capital riesgo, mejorar el sistema fiscal y fusilar (metafóricamente) notarios, taxistas, farmacéuticos, administradores de lotería, registradores de la propiedad y élites extractivas variadas. Necesitábamos estas reformas el 2006, y vamos tarde. Pero el gobierno ni está ni se le espera en esta clase de cosas.

Cosas como bus.es (y la patética liberalización de Renfe, la rendición ante los taxistas, regulación de la competencia, horarios comerciales, y un largo etcétera), por separado, no son excesivamente relevantes. El problema es que no son errores aislados, cosas hechas a medio hacer por un gobierno activo y con ganas de cambiar las cosas. El problema es que son rutina; el gobierno no quiere ir más allá. Si Europa no se fía de nosotros, si los votantes desconfían de la capacidad de los políticos para sacar el país de la crisis es porque, sencillamente, no lo están intentando. Ni siquiera se están quedando a medias.