Política

Oligarquía y disciplina de partido

22 Abr, 2013 - - @G_Cordero_

En los últimos meses la confianza en los partidos políticos se ha visto drásticamente recortada. A raíz de la crisis las caídas en su valoración han conocido una tendencia dramática, motivando la recuperación de diferentes fórmulas para acercar los partidos a los ciudadanos. Ya desde mucho antes, con el desplome en los niveles de identificación partidista y de afiliación se comenzaron a poner de moda diferentes remedios, también en España. Habitualmente se han utilizado mecanismos como las elecciones primarias para responder a las demandas de democracia y transparencia, dar a conocer a los candidatos, e incentivar la afiliación, entre otros objetivos.

 Este debate en torno a la democracia de los partidos no sólo se ha circunscrito a la selección de la élite, sino también a las forma de representación y a la libertad de voto de los diputados. La existencia de una inflexible disciplina de partido en los parlamentos se da incluso en casos tan paradigmáticos como el inglés. Si esto es así, ¿qué sentido tiene mantener este modelo de representación en un sistema bipartidista como el de España, donde el poder ejecutivo domina y controla al legislativo?. Aunque existen opiniones encontradas sobre los beneficios y efectos adversos de la disciplina de partido, resultaría igualmente interesante conocer quién la establece. Es decir, ¿se puede dar por supuesto que la disciplina viene impuesta desde la oligarquía que habita en las sedes de los partidos?

Es aquí donde ambos elementos (selección de élite y disciplina de partido) entran en relación. La teoría dice que modelos de selección más centralizados y exclusivos (en manos de la cúpula de los partidos) generan una mayor disciplina de partido puesto que los seleccionados deben una mayor fidelidad a este reducido grupo de líderes. Aquí me refiero a ella como “disciplina vertical”. Por el contrario, modelos de selección más descentralizados e inclusivos (donde los afiliados locales tienen un papel mayor) incentivan que los seleccionados sean fieles a un abanico más amplio de “selectores”. Por ello es más probable que en estos grupos se den mayores niveles de deliberación antes de decidir el voto (o “disciplina horizontal”).

 Sin embargo, la realidad choca con la teoría, y lo cierto es que por un lado, la selección de la élite parlamentaria no suele estar en manos de los afiliados y que por el otro, la disciplina de voto en España es férrea. Pero como todo no es blanco o negro, aquí es posible medir el grado en el que esta relación tiene lugar. Por un lado, veremos el nivel de inclusividad en la elaboración de las listas y por el otro la medida en que las decisiones de los grupos parlamentarios están centralizadas e impuestas a los parlamentarios. Con ello se podrá concluir si estas formas más participativas de selección son o no un mero mecanismo para dar una imagen de democracia interna, cuando en realidad las decisiones se siguen tomando desde la cúpula. Para analizar esta relación utilizaré los datos del Grupo de investigación “Democracia y autonomías: sociedad y política”. Se trata de una encuesta personal realizada a más de 500 diputados del Congreso, el Senado y las cámaras autonómicas.

Gráfico 1. Selección exclusiva vs. inclusiva, 2010.
“¿Cómo se produjo su elección para ir en las listas?”

grafico 1

Fuente: Proyecto DASP. Datos recogidos entre 2009 y 2011.
Pregunta: ¿Cómo se produjo su nominación para ir en las listas?
Nota: las categorías no suman 100% porque han sido omitidas las opciones de respuesta “mi nominación se daba por hecha”, “me postulé directamente” “me eligieron los órganos del partido” y “otras”.

En primer lugar destaca que la selección exclusiva de la élite parlamentaria resulta bastante alta. En partidos como PNV y PP en torno al 70% de los parlamentarios dicen ser elegidos «a dedo” por un cargo del partido. En el lado contrario encontraríamos a IU, los partidos nacionalistas de menor tamaño y ERC, donde este tipo de selección no llega al 40%. Siguiendo esta misma lógica, el papel de las bases del partido es muy secundario en todos los casos. No obstante, su participación parece ser algo más determinante en el caso de los partidos nacionalistas (especialmente ERC) e IU. Por último resulta curioso que dentro del PP se desarrollen dinámicas diferenciales en la selección de élite en función del nivel de gobierno. En la elaboración de las listas a los parlamentos regionales parece ser la “organización” la que se convierte en el elemento decisivo en detrimento del papel desarrollado por “los cargos” concretos del partido.

Gráfico 2. Disciplina de partido, 2010.
A la hora de votar en el grupo parlamentario,  “la decisión la toman unos pocos y luego se la comunican al resto”

grafico 2

Fuente: Proyecto DASP. Datos recogidos entre 2009 y 2011.
Texto: “Antes de tomar una decisión en su grupo sobre alguna votación… la decisión la toman unos pocos y luego se la comunican a los demás”

Pero, ¿qué hay de la disciplina? Los datos apuntan al PSOE como el partido donde las decisiones se toman de una manera más vertical, especialmente en el Congreso y el Senado, donde la atención de los medios de comunicación es mayor. Algo a tener en cuenta es que la mayor parte de las entrevistas se realizaron entre 2009 y 2010, cuando el PSOE gobernaba tanto a nivel estatal como en muchas de las comunidades autónomas (también en Cataluña y País Vasco). Esto es importante ya que es de esperar mayores niveles de cohesión en el partido que ostenta el gobierno. También es de esperar que sea más fácil desarrollar mecanismos deliberativos en grupos parlamentarios pequeños (que en ocasiones son mixtos) que en grupos con decenas de diputados. De hecho, en todos los partidos nacionalistas (excepto en el PNV) y los de menor tamaño se da de manera más habitual un proceso deliberativo previo a la decisión del voto.

Sin embargo, aunque el tamaño de los grupos y la atención de los medios importan, no es lo mejor (o lo único) que explica la disciplina de partido. De hecho, tanto PNV como CiU son grandes en sus comunidades autónomas (los dos se encontraban en la oposición a pesar de ser los partidos más votados) y a ambos se les cede una amplia cobertura mediática. A pesar de compartir estas características, en el PNV la selección de la élite es muy exclusiva y las decisiones se toman por tanto de manera muy vertical, mientras que en CiU la selección es más inclusiva y las decisiones son en menor medida impuestas desde arriba.

Gráfico 3. Relación entre disciplina de partido y selección exclusiva en cámaras regionales, Congreso y Senado por partido en 2010.

gráfico3

Fuente: Proyecto DASP. Datos recogidos entre 2009 y 2011.

 

En el gráfico 3 se representa la relación que se establece entre ambos elementos: la selección de la élite (eje vertical) y la disciplina de partido (eje horizontal). De él se desprende que la existencia de procesos selectivos más incluyentes (cercanos a la base) promueve una “disciplina horizontal” dentro del grupo parlamentario haciendo posible que los acuerdos sean alcanzados tomando en consideración la opinión de los diputados. Por el contrario, una mayor presencia de designaciones “a dedo” fomenta el poder del partido en el grupo y por tanto se relaciona con mayores niveles de “disciplina vertical”. Esta relación positiva se da en todos los partidos excepto en el PP, donde es menos clara e intensa al existir varios grupos parlamentarios autonómicos donde la selección, a pesar de ser muy exclusiva, genera niveles de disciplina vertical más bajos.

Por tanto, y con esta salvedad, los datos parecen apuntar a que la inserción de mecanismos más participativos en la elaboración de listas no se queda en una mera receta para aumentar la confianza en los partidos o el número y la motivación de los afiliados. Al igual que ocurre con las elecciones primarias, estas medidas no representan la panacea. No obstante, formas más participativas de selección de los representantes sí que contribuyen a generar una mayor influencia de los diputados en las decisiones de los partidos. Al no traducirse en disenso en el voto de los grupos parlamentarios, se podría convertir en un elemento de democracia interna que redujera algunos de los efectos negativos de la disciplina de partido sin por ello erosionar sus beneficios.

Nota: los primeros resultados mostrados en esta entrada han sido elaborados conjuntamente con Xavier Coller (@Xcoller UPO) y José Manuel Echavarren (UPO), y se enmarcan en el proyecto “Democracia y autonomías: sociedad y política” del que formamos parte.