Economía

El fin del 50% de paro juvenil, o un nuevo indicador para explicar la situación de la juventud

19 Abr, 2013 -

Por Queralt Capsada

Hasta hace poco más de medio año, pocos estaban al corriente del valor de la tasa de paro juvenil (entre 16 y 24 años) en España. Pero desde que esta cifra superó el 50%, tanto políticos como periodistas han utilizado este dato de forma reiterada para hacer referencia a la mala situación en la que se encuentran los jóvenes en el mercado de trabajo. Aunque el paro juvenil siempre ha sido muy superior al del conjunto de la población activa (ver gráfico 1), tal y como se apuntaba recientemente en un artículo de José Saturnino en Agenda Pública, el problema más grande de España no es el paro juvenil, sino la economía real.

q1

Evolución de la tasa de paro para los menores de 25 años y los de 25 años y más (primer trimestre 1996 – tercer trimestre 2012). Fuente: Elaboración propia, a partir de los datos del EPA (INE, 2013).

Pero el hecho de seguir utilizando la escandalosa tasa de paro juvenil hace dudar no sólo de la economía sino también de nuestros jóvenes. Una tasa de paro juvenil del 50% no quiere decir que la mitad de los jóvenes están parados. ¿Por qué? Pues básicamente porque la tasa de paro juvenil no incluye a todos los jóvenes porque no contempla todas las situaciones en las que se pueden encontrar los integrantes de este colectivo. Existen dos situaciones principales por las cuales los jóvenes pueden no ser incluidos en este indicador tradicional del mercado de trabajo:

  • Ser estudiante: una buena parte de los jóvenes son estudiantes a tiempo completo. Ya que no tienen ningún tipo de vínculo con el mercado de trabajo están excluidos de las estadísticas de paro y ocupación. De manera que aquellos que todavía están en su etapa formativa no se encuentran representados en este 50% de paro juvenil.

  • Ser inactivo: los jóvenes que no están trabajando ni están buscando activamente un trabajo. En España, las razones de los jóvenes para restar en la inactividad suelen ser dos: o bien están en la economía sumergida o bien están llevando a cabo tareas domésticas no remuneradas, aunque también puede ser por decisión propia. De hecho los llamados ni-ni’s (ni trabajan ni estudian) estarían incluidos en su mayor parte en esta categoría, puesto que no están buscando trabajo activamente y, por lo tanto, no están en el paro. En España acostumbran a ser jóvenes que han abandonado el sistema escolar sin conseguir el certificado básico, como se muestra en este reportaje.

El perfil del joven parado español corresponde al de un chico con estudios obligatorios o inferiores (ESO o similares), que trabajaba en el sector de la construcción. Sólo hay que ver los primeros minutos de este reportaje para tener una imagen de la mayor parte de los integrantes de este 50% de paro juvenil. El uso de los indicadores tradicionales del mercado de trabajo – como la tasa de paro y la tasa de ocupación – para el colectivo joven distorsionan la realidad, haciendo pensar que la mayor parte de los jóvenes están en el paro, cuando la mayoría de ellos están estudiando o trabajando. Con esto no quiero decir que los jóvenes no sufran otras formas de precariedad laboral (como por ejemplo la subocupación o la temporalidad), pero el paro no es la mayoritaria. Aunque algunos han propuesto calcular el porcentaje de jóvenes parados sobre el total de población en edad joven (entre 16 y 24 años), este indicador continúa siendo una aproximación centrada en la desocupación y no en la situación de los jóvenes.

Lo que hace especial a los jóvenes es que se encuentran en una situación de transición entre la educación y el mercado de trabajo, de forma que hay que combinar indicadores de ambos mundos para ofrecer una fotografía fiel a la realidad. A pesar de no estar incluidos en las estadísticas oficiales del mercado de trabajo, los jóvenes en formación y los inactivos representan una proporción nada negligible de los jóvenes entre 16 y 24 años que viven en España. Si lo que nos interesa es la situación de los jóvenes, hay que tener en cuenta a este colectivo en las estadísticas que utilizamos a diario. En vez de referirnos sólo a indicadores que incluyen a aquellos que están en el mercado de trabajo también tendríamos que contemplar a aquellos que todavía no están, sea por la razón que sea. De acuerdo con estos criterios, propongo el siguiente indicador, que contempla las diferentes situaciones en las que se pueden encontrar los jóvenes en su transición entre la educación y el mercado de trabajo.

Gráfico 2

Gráfico 2: Porcentaje de jóvenes (15-29 años) en la educación, trabajando o ni estudiante ni trabajando (NEET), según nivel de estudios (2010). Fuente: Elaboración propia, a partir de Education at a Glance 2012 (OECD, 2012).

 

Los datos incluyen jóvenes de 15 a 29 años y son comparables con los de la UE-21. La información está dividida por niveles educativos, lo cual da una fotografía más detallada de la realidad y hace posible detectar quiénes son los que están en una situación más y menos favorable dentro del colectivo joven. El indicador presenta cuatro posibles categorías: 1) sólo estudiante; 2) estudiante y trabajando; 3) sólo trabajando; o 4) ni estudiante ni trabajando (NEET por sus siglas en inglés: Not in Employment, Education or Training), donde se incluyen a los inactivos y a los parados.

Si nos concentramos sólo en los datos de España, dos son las principales informaciones que saltan a la vista y que dan información más sofisticada que la del simple 50% de paro juvenil:

  • La mayoría de los jóvenes están o estudiando o trabajando. No todos están parados. En las edades más jóvenes se espera que los jóvenes todavía estén estudiando a tiempo completo, pero cuando obtienen un nivel más elevado de formación y de edad se espera que estén trabajando en mayor proporción que estudiando.

  • El porcentaje de jóvenes NEET es más alto entre aquellos que tienen un nivel de estudios más bajo. Es decir, que el paro y la inactividad afecta proporcionalmente más a los jóvenes con niveles de estudios correspondientes a la ESO o inferiores.

Cuando nos comparamos con la media de los países de la UE-21 observamos de nueve dos características principales:

  • España tiene una proporción de jóvenes en la categoría NEET por encima de la media UE-21 en todos los niveles educativos. En los niveles educativos más bajos la diferencia es muy pronunciada y se acostumbra a explicar por el poco valor que algunos colectivos han dado a la educación mientras había ofertas de trabajo no cualificado bien remuneradas, fruto de la burbuja inmobiliaria. Pero en los niveles superiores de educación, el porcentaje de NEET también destaca por superar la media europea. Aunque los datos presentados son del 2010, podría ser que parte de esta inactividad y paro sean de personas que han emigrado al extranjero a buscar trabajo y que todavía aparecen a las estadísticas españolas porque no se han dado de baja. Aunque el hecho de no disfrutar de datos de emigración fiables (tal y como comentaba Amparo González en Piedras de Papel) hace incalculable la magnitud de la tragedia.

  • La proporción de jóvenes que están sólo estudiando y que se encuentran en la categoría de estudios más bajos es notablemente inferior que la media europea. Por el hecho de tratarse de estudios obligatorios se esperaría que la mayoría de jóvenes en esta etapa estuvieran estudiando. Pero resulta que en los niveles más bajos de formación tenemos demasiados jóvenes trabajando, parados e inactivos, en términos comparativos.

A pesar de que no tengo constancia de la existencia de datos parecidos a nivel de España concentrados en un mismo indicador, las administraciones públicas tendrían que poder construir un indicador parecido combinando diferentes bases de datos. No creo que sea adecuado continuar utilizando indicadores que no representan a todo el colectivo joven para hablar de su situación en el mercado de trabajo. Estoy de acuerdo en que tenemos que detectar a los grupos más desfavorecidos como los que integran el paro juvenil, pero con la intención de poder compararlos con el resto para detectar qué es lo que falla y así poder focalizar las políticas de mejora y prevención.

Esta entrada fue publicada originalmente en catalán en Cercle Gerrymandering.