Política

Cómo hacer amigos e influir políticos: el caso de Enron

26 Mar, 2013 - - @egocrata

Todo el mundo sabe que la financiación privada de campañas electorales y partidos políticos es una idea peligrosa. Un candidato que ha recibido toneladas de dinero de un millonario o gran empresa probablemente va a hacer más caso a sus generosos donantes que al pueblo llano. El dinero compra publicidad, y la publicidad gana elecciones; es casi natural que un político decida prestar atención a quien ha pagado la campaña.

Esa es la teoría, al menos. A la práctica, sin embargo, parece que este mecanismo es un poco más complicado de detectar. Dan Hopkins y Lee Drutman acaban de publicar un artículo analizando precisamente esta hipótesis (vía), y los resultados son cuanto menos intrigantes.

Su punto de partida es ingenioso. Cuando Enron, el gigante energético (y fraude galopante) americano se fue a pique el 2001 la empresa tuvo que hacer públicas  todas sus comunicaciones internas, incluyendo más de 250.000 correos electrónicos. La empresa siempre había dependido de complicados inventos de arbitraje regulatorio en sus operaciones, así que sus directivos tenían que estar hablando sobre políticos y legislación constantemente. Enron, además, tenía un Political Action Committee (PAC – las organizaciones para hacer donativos a campañas electorales creados por empresas pre-Citizens United) excepcionalmente activo, así que es de suponer que si Ken Lay y sus secuaces andaban comprando políticos y corrompiendo legisladores, algo debería aparecer. Hopkins y Drutman vieron una oportunidad para aprovechar la enorme capacidad de los ordenadores para leer cientos de miles de documentos sin aburrirse soberanamente, y se lanzaron a analizar todo este material de forma sistemática buscando qué herramientas usan las grandes empresas para influir decisiones políticas.

Lo que encontraron en toda esa pila de documentos fue que Enron  utilizaba un poco de todo, pero el arma favorita no eran donativos, sino un uso entusiasta de lobistas. Dos grandes capítulos monopolizando la atención de los directivos. Primero,  la abrumadora mayoría de la cháchara política en la empresa no es influencia directa, sino recogida de información. Dos tercios de toda la correspondencia electrónica son básicamente noticias sobre cambios regulatorios, planes, borradores, comisiones y demás temas legislativos arcanos. Una cantidad enorme de la información que maneja la empresa, además, es de producción propia; los lobistas de Enron dedicaban gran parte de su tiempo a tomar notas de todo lo que sucedía, sin más. Cuando una empresa depende del sistema político tiene que invertir muchos recursos intentando entender ese proceso, y Enron no era una excepción.

El segundo apartado es lobbying tracional. Los responsables de la compañía hablan entre ellos constantemente sobre reuniones con legisladores, asesores de legisladores, reguladores, funcionarios que trabajan para reguladores, abogados de reguladores y políticos en general, y se preocupan muy mucho que todos ellos sepan lo que es bueno, justo y necesario en el mercado de la energía en Estados Unidos y que casualmente también resulta ser muy importante para Enron. Un 15% de los e-mails tratan de reuniones con políticos, y un 9% en participación en procesos regulatorios (comentarios sobre normas propuestas, información pública, testificar en comisiones, etcétera), un porcentaje considerable, ciertamente, pero mucho menos importante al parecer que la pura búsqueda de información.

¿Dónde queda la discusión sobre financiación de campañas y donaciones directas a candidatos? Muy, muy lejos. Un 1,1% de todos los correos electrónicos de contenido político hablan de dinero y políticos. Ciertamente hay algunos mensajes donde se conecta explícitamente una donación con un voto en el Congreso (aunque le acabaron dando dinero igual), pero los ejecutivos parecen prestarle poca atención a las campañas electorales. Lo que les preocupa, ante todo, es saber todo sobre la legislación que viene y hacerlo antes que nadie, y en menor medida hablar con representantes electos de vez en cuando para que sepan lo que América necesita (Enron).

Obviamente es un estudio, sobre una empresa; es posible que no sea del todo representativo del universo de lobistas y campañas electorales en Estados Unidos. Es posible, por ejemplo, que los ejecutivos de Enron fueran lo suficiente inteligentes como para sólo hablar de temas manifiestamente deshonestos por teléfono, sin dejar nada por escrito (nota para corruptos: nunca hagáis  maldades vía correo electrónico).  Es posible que la empresa no fuera demasiado buena ganando influencia y es por ese motivo que se fuera al traste, así que estamos viendo una estrategia subóptima de «participar» en el proceso político. Hay varios estudios recientes que apuntan en dirección contraria, diciendo que las donaciones sí tienen efectos, pero la literatura está relativamente dividida en este aspecto.

Aún así, el artículo es interesante por dos motivos. Primero, es un ejemplo de primera mano las estrategias de las grandes empresas para meterse en el proceso político, algo que no vemos de forma habitual, y menos de forma sistemática. Segundo, es un recordatorio sobre una de las lecciones principales de cualquier proceso político: un actor disciplinado, tozudo y que le presta muchísima atención a un tema muy específico tiene casi siempre las de ganar contra una mayoría aburrida que sólo levanta la vista durante las noticias cuando hablan de fútbol. Los «incumbents» en una economía (las grandes empresas ganadoras en el marco regulatorio actual) tienen un peso desproporcionado en las decisiones que les afectan por el mero hecho de ser las únicas que están vigilantes ante cualquier cosa que les afecte. Enron dedicaba cantidades enormes de dinero simplemente oteando el horizonte; una empresa con una falange de abogados a sueldo puede permitirse esta clase de dispendios, mientras que un bloguero enfurecido intentando descifrar los misterios del déficit tarifario en España no tiene tiempo ni energía para estas cosas.

Lo que está claro es que con comprar políticos no basta; incluso después de elegidos no puedes dejar que se distraigan. Esto de dominar el mundo es agotador.