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Newtown y el control de armas de fuego

15 Dic, 2012 - - @egocrata

Otro tiroteo en Estados Unidos. 28 muertes más. 20 niños. Newtown está a 50 Km. de New Haven, donde vivo. La tragedia de ayer me queda cerca. La pregunta más repetida en estas últimas horas ha sido hasta cuándo seguiremos viendo estas masacres. Cuándo se hablará, finalmente, sobre controlar la posesión de armas de fuego.

La respuesta es muy sencilla: ya se está hablando de ello. Obama lo mencionó en su discurso ayer, casi llorando; Bloomberg pidió reformas; la prensa anda haciendo preguntas, escribiendo artículos y pidiendo debate en los editoriales. Algún genio en el partido republicano ya ha dicho que el tiroteo viene por no rezar suficiente en las escuelas. El debate está ahí, y siempre reaparece tras cada tiroteo. No irá mucho más allá, y no veremos grandes cambios.

¿El motivo? Muy sencillo: políticamente, es imposible aprobar leyes a que limiten la posesión de armas de fuego. Cualquier cambio se enfrenta a barreras institucionales descomunales, completamente inamovibles a corto plazo. Iremos por partes.

a. La Cámara de Representantes:

El partido republicano controla la Cámara de Representantes en el Congreso. Ningún político republicano que no quiera ser machacado en unas primarias va a votar en contra de cualquier legislación sobre control de armas. Si por algún milagro un número suficiente de conservadores decidieran suicidarse políticamente de este modo, los legisladores demócratas de áreas rurales votarían en contra igual. El año pasado una congresista fue cosida a tiros en una de estas masacres. Ni así aprobaron legislación.

Por si fuera poco, la ventaja de los republicanos en la cámara baja es estructural. Gracias a copiosas dosis de gerrymandering (dibujar distritos electorales favorables) desatados tras sus victorias electorales a nivel estatal el 2010 (los legislativos estatales se encargan de esto), los conservadores tienen una mayoría casi a prueba de bombas. Los demócratas sacaron un millón largo de votos de ventaja al GOP en noviembre, y perdieron igual. El mapa electoral no va a cambiar hasta el 2022. No habrá legislación.

b. El Senado:

Los demócratas tienen una mayoría relativamente cómoda en la cámara alta, pero la legislación se enfrentaría a problemas similares. Los senadores demócratas por Alaska, West Virginia, Montana o Dakota del Norte no van a votar a favor de una prohibición ni hartos de vino. Los (escasos) republicanos de estados más urbanizados tampoco tienen ganas de perder primarias.

Por si fuera poco, casi cualquier legislación en el Senado necesita 60 votos para ser aprobada gracias al demencial reglamento interno de la cámara. Conseguir una mayoría simple ya sería horrendamente difícil; una supermayoría es completamente imposible.

c. El Tribunal Supremo:

Supongamos que Connecticut, siendo como es un estado progresista (es un decir) reacciona a la tragedia endureciendo la legislación estatal sobre armas de fuego. La ley en el estado ya es restrictiva, pero supongamos que deciden ir más allá y limitan el acceso a armas cortas en serio. Un victoria para el sentido común, al menos a nivel estatal.

Pequeño problema: diez minutos después la NRA está en el tribunal federal más cercano poniéndoles un pleito. Aún peor, la jurisprudencia del Tribunal Supremo está de su parte, y la ley probablemente sería derogada o severamente limitada casi de inmediato. El Supremo tiene, ahora mismo, una mayoría conservadora (5-4). Son nombramientos vitalicios; si no se retira (o muere) un juez pro-armas, los estados tienen escaso margen de maniobra para ir demasiado lejos. Si una ley federal fuera aprobada por algún milagro o portento, acabaría en el mismo sitio.

Por supuesto, una ley estatal se enfrentaría a otro obstáculo: cualquier tarado con ganas de comprar armas siempre puede irse a Pennsylvania o Maine (los dos estados más cercanos con legislación permisiva) y comprar su arsenal ahí.

d. 270 millones de armas de fuego:

Ese es el arsenal en manos privadas en Estados Unidos, y el mayor obstáculo para cualquier legislación efectiva. Prohibir la venta de rifles, escopetas y pistolas, aparte de ser imposible, seguiría dejando millones de armas en circulación. Confiscarlas es directamente imposible;  medio país se volvería completamente majara.

e. Resumiendo:

Políticamente es inviable. Legalmente es casi imposible. A la práctica no cambiaría apenas nada.

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Estados Unidos es un país inusualmente violento; aunque la tasa de crimen lleva años bajando (ahora mismo está a niveles no vistos desde los años sesenta) el problema no puede arreglarse limitando el acceso a armas de fuego. El problema, además, se concentra en los estados del sur, y en afroamericanos; los estados con leyes más restrictivas tienen tasas de homicidio menores. Connecticut, de hecho,  es uno de los estados menos violentos de la unión.

El problema de fondo es que a pesar que Connecticut, Nueva Jersey o Nueva York tengan una tasa de posesión de armas de fuego menor que Canadá, Noruega, Francia o Israel, incluso en estos estados la tasa de muertos por arma de fuego es mucho mayor. El fácil acceso a armas de fuego sin duda contribuye a que veamos más homicidios, pero no es el único motivo.

Tres comentarios finales.  Primero, tragedias como la de Newtown ayer son cada vez más comunes, pero siguen siendo excepcionales. Segundo, la mayoría de víctimas de arma de fuego no viven en suburbios ricos donde nunca pasa nada; New Haven tuvo 35 homicidios el año pasado, y nadie les prestó puñetera atención. Este año llevamos 17, algo que suena mucho mejor hasta que te dicen que es una ciudad de 130.000 habitantes. La violencia en Estados Unidos sigue siendo urbana, y sigue cebándose en minorías.

Tercero, el tema común de los autores de las masacres recientes era algo mucho más simple, graves problemas de salud mental sin tratamiento o cuidado. Es algo que Estados Unidos trata espantosamente mal, en parte debido a un sistema de sanidad horriblemente fragmentado. Combinado con el fácil acceso a armas de fuego, los resultados son aterradores.