Economía

La inflación como cura. Y luego, ¿qué?

13 Dic, 2012 -

Una de los mecanismos que hacen del Euro un calleón sin salida es que legalmente el banco central está obligado a mantener un objetivo de inflación baja cuando, en el escenario actual, como señala Javier Andrés, un objetivo de inflación más alto sería beneficioso. En escenario macroeconómico de este tipo, para un país como un España (y para los hogares y empresas españolas) sería mucho más sencillo ajustarse. No solo supondría un impulso para el crecimiento, además haría que el valor real de las deudas cayera y haría la devaluación real (hacer que nuestros precios crezcan menos rápido que los de nuestros vecinos) infinitamente menos dolorosa porque mantendríamos la inflación por debajo de la media pero podría ser algo más alta que ahora. Este escenario es interesante e intuitivo. Pero soy profundamente escéptico sobre que sea viable.

En primer lugar, esto supondría que tendríamos que mantener nuestra inflación por debajo de la de nuestros socios o, en otras palabras, nuestros precios y salarios deberán crecer por debajo de los del resto de Europa durante un periodo considerable de tiempo. Esto sería un fenómeno históricamente inédito que, desde luego, no ha ocurrido nunca con nuestra actual estructura institucional. Me cuesta mucho imaginar a los sindicatos aceptando un periodo sostenido de moderación salarial y al gobierno de España –el del señor Soria– aplicando políticas que reduzcan nuestra dependencia del petróleo y aumenten la competencia en los mercados y reduzcan los márgenes empresariales. Si esto no ocurre, en España no empezaremos a ganar competitividad, sino lo contrario y probablemente volveremos a sufrir un proceso similar al del día siguiente de entrar en el euro.

Independientemente de lo que ocurra con el ajuste exterior, la segunda rama de mi pesimismo tiene que ver con lo que ocurrirá en España cuando nos desapalanquemos. ¿Qué va a producir España? Admito que este pesimismo es algo que puedo respaldar algo peor. Sin embargo ¿qué habrá cambiado en nuestro sistema financiero para que el crédito se dirija hacia un “nuevo modelo productivo”? Si vuelve el crédito barato, se mantienen políticos con un deseo de tener una tasa de vivienda en propiedad absurdamente alta y bancos con unos gestores que creen que la vivienda es un activo seguro, entonces me cuesta mucho pensar que el crédito se vaya a dirigir hacia sectores que mejoren nuestra productividad. Y la misma dinámica que tenemos observamos en el lado de la oferta de crédito, la tenemos en el lado de la demanda. España tiene cantidades ingentes de obstáculos institucionales a la competencia, un tejido empresarial absurdamente fragmentado y también, probablemente, una serie de condicionantes culturales importantes que no van a desaparecer a corto ni a medio plazo.

Como acabo de sostener un argumento “culturalista” y esto motivará que sea humillado y desposeído de mis galones de economista, dejadme que lo motive un poco. El punto básico en toda esta historia es que las personas funcionamos en buena medida por hábitos y por aprendizaje (“modelos” y “priors”), y esto también vale para las sociedades en su conjunto. Ayer comía con un amigo que me decía que intentaba convencer a otra persona de que unas estimaciones de rentabilidad eran muy poco realistas; me decía que la otra persona le decía, con toda la razón del mundo, que aunque sus argumentos parecían tener sentido, había discutido esto con gente muy importante, gente que se había hecho rica con esto. El problema es que las normas sociales, los modelos de éxito, y en general las cosas que modelan las creencias de la gente estaban influidos por el tipo gente que se había hecho rico en un entorno dónde los incentivos estaban completamente distorsionados. Algo muy similar ocurre con los puestos de responsabilidad, tanto en las empresas privadas como en el sector público.

Esto me lleva a plantear el problema en una clave más amplia. La historia de coordinación monetaria Europea se puede resumir, grosso modo, en que al día siguiente de Bretton Woods los países europeos querían mantener cierta estabilidad monetaria. Sin embargo, el problema de que el precio de un activo (como la moneda) dependa tan directamente de una decisión gubernamental (la decisión de devaluar o no) creaba rondas de especulación que hacían muy inestable esta dinámica. Para terminar con esta especulación, se adoptó un compromiso creíble de no devaluar: el Euro. Sin embargo, esto suponía un cambio dramático, algo totalmente inédito históricamente, en nuestra historia económica contemporánea -la española. Por primera vez, íbamos a dejar de tener en nuestras manos la posibilidad de devaluar e íbamos a tener que usar otros instrumentos (las políticas de oferta, la política fiscal y la concertación salarial) para controlar nuestra inflación. Este cambio de régimen macroeconómico es algo que mucha gente advirtió, para lo que se diseñaron instrumentos de coordinación (Pacto de Estabilidad, Estrategia de Lisboa) en el ámbito europeo, pero de cuya amplitud ninguno de los implicados, ni en el sector público ni en el privado, supo sacar las consecuencias o al menos actuó en consecuencia.

Todo esto me lleva a pensar que mientras tengamos instituciones -del mercado financiero, mercado laboral y productos- parecidas con élites -en el sector público y en el privado- no muy distintas que hace cinco o seis años, volveremos a repetir los errores del pasado y el tirón por el lado de la demanda no llevará a ningún lugar concreto. Aunque cierta benevolencia en la política monetaria es necesaria (el “two handed approach”), esto solo resultará si va acompañada por una serie de reformas estructurales que cambien sustancialmente nuestro entorno institucional y, el principal problema, es que estas reformas solo parecen llegar cuando la economía está suficientemente deprimida. Es diagnóstico pesimista, pero lo que intentaba transmitirle a Pepe por tuiter hace rato es que espero a ser convencido de lo contrario. Aún así, lo relevante no es que haya que convencerme a mí; los que tienen qeu comprar la explicación son nuestros socios europeos.