Economía

Crecimiento económico y revolución digital

21 Nov, 2012 - - @egocrata

Luis Garicano hablaba hace unos días por NeG sobre Robert Gordon, autor de un provocativo artículo este año en el que hablaba del estancamiento del crecimiento económico fruto del frenazo de la innovación tecnológica. Según el autor, la economía mundial ha tenido dos grandes saltos en crecimiento: la primera revolución industrial, con el vapor y ferrocarril, y la segunda, con la electricidad, el motor de combustión, el agua corriente, los cuartos de baño interiores, las comunicaciones y el entretenimiento. Ambas trajeron cambios radicales en cómo vivimos y producimos, con enormes saltos en bienestar social y material en todo occidente.

El problema para Gordon es que la tercera revolución industrial, la era digital, está demostrando tener unos retornos mucho más limitados. Como señala Garicano:

Gordon dice, en definitiva, que el crecimiento generado por la tercera revolución industrial es mucho menor que el de la segunda. Y que muchas de las mejoras más grandes imaginables en las condiciones de vida humanas, como el tener un cuarto de baño en casa o el poder dar a un grifo y que salga agua, o no tener que pasar el día limpiando las calles de excremento, son avances que ya se han producido, y no se van a seguir produciendo. Sí, solucionaremos el cáncer, pero no será ni comparable su impacto en la esperanza de vida al de lavarse las manos y los antibióticos.

Este es un argumento que os debería resultar familiar; con variaciones, he hablado sobre las tres revoluciones industriales alguna vez por esta página, y de forma un tanto inusual, lo hice con optimismo. En contra de lo que comenta Gordon, creo que la productividad/ velocidad de la evolución tecnológica no va camino de frenarse. Es más, la tercera revolución industrial acaba de empezar.

Un ejemplo: el motor eléctrico se inventa en 1873. El primer diseño más o menos extendido (Sprague) no empieza a utilizarse hasta finales de la década siguiente. La gran ventaja de los motores eléctricos comparados con sus antecesores es que no necesitan estar cerca de su planta de potencia. Una fábrica a vapor necesita tener una caldera en el centro y correas de transmisión para mover la maquinaria; una planta eléctrica puede organizarse de forma mucho más flexible, ya que sólo necesita unos cuantos cables. Las factorías de la primera revolución industrial eran de varios pisos, densas y compactas; lo importante era maximizar el aprovechamiento de la caldera, no optimizar el movimiento dentro de la fábrica. Las plantas eléctricas podían ser largas, abiertas, diáfanas, con cadenas de montaje diseñada para facilitar el proceso de fabricación.

¿Parece un cambio bastante obvio, verdad? Bueno, la primera cadena de montaje moderna (de nuestro Ford) no aparece hasta más de treinta años después de la invención del motor eléctrico, en 1910. Aunque la tecnología estaba ahí, al alcance de la mano, el inventar un cacharrito ingenioso es a menudo el paso más sencillo. Lo complicado es crear procedimientos y procesos, mecanismos, sistemas para poner un invento determinado a trabajar de forma efectiva.

Los ordenadores son una tecnología muy, muy joven. Aunque los primeros sistemas nacen en los años cincuenta, no es hasta los ochenta en que su precio empieza a ser asequible. La potencia de cálculo de los procesadores ha aumentado a una velocidad apabullante; un Z-80 (léase, un Spectrum) es básicamente un sonajero comparo con un i5 o i7 actual. Lo más importante, sin embargo, es que apenas estamos empezando a descubrir qué podemos hacer con estos engendros.

Pongamos mis dos ejemplos favoritos de tecnologías emergentes: sistemas inteligentes y robots. Sobre los primeros, ya hablé mucho de Watson y la aparición de sistemas expertos aún rudimentarios pero capaces de hacer tareas hasta ahora reservadas a seres humanos. Estamos hablando de  buscar información utilizando lenguaje natural, escribir artículos, buscar diagnósticos médicos o referencias, dar información adecuada según contexto. Cacharros como Siri o Google Now son ahora mismo un divertimento, pero con la velocidad de los procesadores duplicándose cada 18 meses, tener sistemas flexibles capaces de responder a lenguaje natural es sólo cuestión de tiempo. El futuro será un lugar con muchos menos abogados, gestorías y contables, probablemente. Un lugar mejor.

La otra gran revolución nacida a la estela del microprocesador ya la estamos viviendo, aunque es aún poco visible en el día a día. Como señalaba ayer Matthew Yglesias, nunca en la historia de la humanidad hemos producido tanto, pero la mano de obra industrial no deja de disminuir. La inmensa mayoría de los puestos de trabajo no han ido a parar a manos de trabajadores chinos, sino robots. El porcentaje de trabajadores en economías avanzadas no deja de caer desde 1950, pero la producción industrial ha aumentado sin parar. Los costes de fabricación de ropa, juguetes, muebles y básicamente cualquier cosa que pueda ser automatizada han caído en picado, y es gracias al todopoderoso microprocesador*.

El sector servicios hasta ahora se había librado de la quema, pero los ordenadores están empezando a ganar terreno. Ya hemos hablado sobre cómo los ordenadores están empezando a hacer el trabajo de analistas basados en carbono (Excel ya acabó con la mayoría de contables y Outlook con las secretarias), pero la robótica va a seguir avanzando. El coche automático, sin ir más lejos, va a representar el final de los taxistas (ese cáncer), y estoy bastante seguro que no serán los únicos robots viables a medio plazo. Robofregonas cada vez más sofisticadas, robots bombero, robots soldado; habrá más. Cualquier tarea física que sea fácil de codificar con reglas simples puede ser automatizada; el software está ahí, a la vuelta de la esquina.

¿Optimista? quizás un poco; es bastante probable que haya visto más películas de ciencia ficción con robots y coches voladores que Luis Garicano. Aún así, me diría que la tercera revolución industrial no ha hecho más que empezar**.

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*: Y no quiero ni empezar a hablar del milagro de las impresoras tridimensionales. Eso va a ser delirante.

**: Si no nos cargamos el planeta a base de quemar combustibles fósiles antes, claro. Pero ese es otro tema.