Economía & Política

Las cuatro tareas de Rajoy

5 Oct, 2012 - - @egocrata

Tengo la mala costumbre de mofarme de Mariano Rajoy. De acuerdo, el tipo es cualquier cosa menos un líder carismático y decisivo que el planeta necesita ahora mismo, pero lo cierto es que las medidas que necesita España ahora mismo son cualquier cosa menos fáciles de implementar.

Iremos por partes. El primer problema, mal que nos pese, es la consolidación fiscal. El estado español ahora mismo recauda apenas un 75% de lo que gasta, y no parece haber demasiada gente ahí fuera que quiera prestarnos dinero. Reducir el déficit público puede hacerse de muchas maneras, algunas mejores, algunas peores (aunque no estemos debatiendo sobre esto) pero es básicamente imposible hacerlo sin penalizar el crecimiento económico a corto plazo. Menos crecimiento quiere decir más paro, menos recaudación, más gasto público y más déficit obviamente, algo que los inversores saben de sobras. Rajoy, por lo tanto, tiene que hilar muy, muy fino: por un lado España debe prometer de forma creíble que algún día en un futuro no muy lejano dejará de gastar más de lo que recauda, pero debe ser capaz de hacer esta promesa sin pegar un hachazo tal que se lleve la economía por delante.

Esto nos lleva al segundo paso, el estado autonómico. El sistema de financiación autonómica es un galimatías (casi) incomprensible donde un montón de gobiernos tienen todo el incentivo del mundo para gastar primero y pedir que alguien pague la factura después. Por si fuera poco, el reparto del pastel es tan opaco como desordenado, con algunos territorios pagando bastante más de lo que es razonable. Eso de por sí ya sería un problema serio, pero estos días en España nos va el más difícil todavía, y tenemos una región especialmente rica y próspera diciendo que quiere largarse. En condiciones normales esto sería un problema. En un mundo donde el gobierno central está mortalmente corto de pasta, es pesadilla. Rajoy tiene que ser capaz de prometer que el sistema será más justo, estable claro en el futuro mientras pide sangre, sudor y lagrimas a todos los implicados. Y hacer eso, por supuesto, con todo su partido berreando a la región díscola que se callen ya que viven en el mejor de los mundos posibles.

Por si no tuviera bastante, el país debe afrontar reformas estructurales. España tiene un montón de leyes e instituciones increíblemente torpes que o protegen la buena vida de unos pocos o se dedican a excluir de manera salvaje un 30-35% de la población.   Los dos tipos de leyes son un lastre grave para la economía a largo plazo y deben arregladas de arriba a abajo. Cambiar cualquiera de estas leyes también implica hacer que alguien pierda su monopolio, oligopolio o pequeño búnker en medio de una recesión, provocando un notable cabreo de los afectados y no poca resistencia. Por añadido, aunque las reformas a medio-largo plazo harán que las cosas vayan mejor, a corto sus efectos son prácticamente invisibles; cualquier cambio, por importante que parezca, tiene un coste político bien visible ahora (taxistas cabreados, notarios enfurecidos, jarrones Ming aterrorizados) pero un beneficio que no veremos hasta dentro de unos años. En tiempos de bonanza, que es cuando uno debería hacer estas cosas, cualquier reforma va acompañada de pagos o ayudas para los perdedores. Ahora no hay dinero, y no queda más que decir que es por nuestro bien.  Rajoy tiene que lanzar otra vez una promesa de bienestar futuro, y de nuevo tiene bien pocas herramientas para hacer que esta sea creíble.

Estas tres pasos ya por sí serían difíciles, pero el trabajo de Rajoy aún no se ha acabado. En vista que los mercados financieros se estaban cerrando y que el sistema financiero del país iba camino del desastre (de cajas de ahorros quebradas a fuga de capitales), España realmente no puede sobrevivir sin cierta ayuda exterior. En teoría el rescate europeo debería servir para dar un respiro a nuestras cuentas: el dinero del BCE y nuestros socios dan una señal creíble a los inversores que no perderán dinero (paga Draghi) a corto, dándonos espacio para poner las cosas en orden a largo. El pequeño problema, claro está, es que los políticos alemanes sospechan que ese no es nuestro plan. Nuestros vecinos saben que no hemos aprobado ni una sola reforma estructural dcecente en veinte años, y no hemos cumplido una promesa en déficit desde hace cuatro años. No hay nada que nos impida coger el dinero del BCE, hacer cuatro tonterías simbólicas y cuando las cosas sigan sin mejorar, amenazarles otra vez con destruir el euro y encima no devolverles la pasta.

¿Qué exige Merkel? Exacto, quiere un compromiso creíble de Rajoy conforme el rescate sólo vendrá si es para arreglar el país, no aplazar el problema. España, como estado soberano, es casi genéticamente incapaz de prometer eso. No porque seamos un poco cabroncetes (que lo somos) sino porque como soberanos no hay nada que nos ate. Si decimos que no queremos pagar, podemos hacerlo. Somos incontenibles.

La solución de los europeos ante este problema es, esencialmente, quitarnos el carnet de autogobierno, y dictar ellos las políticas directamente. Rajoy cree (con cierta razón) que eso es poco menos que un suicidio político: la troika sólo quiere objetivos futuros, pero no paga los costes presentes, así que el ajuste sería tán rápido como brutal. La negociación entonces pasa a ser esta extraña danza en que Rajoy dice que hará todo lo que piden siempre que le presten dinero, y los alemanes dicen que darán dinero sólo si Rajoy hacen lo que les pide. Un clímax de película de Tarantino, supongo, aunque el Presidente del Gobierno parece no haberse dado aún cuenta que él tiene una pistola y Merkel un panzer.

Si a todo esto le añadimos una economía europea camino de la recesión, un sistema financiero con un agujero enorme, una cantidad absurda de viviendas vacias que aseguran que el sector inmobiliario no se recupere, un modelo productivo desfasado, unas instituciones anquilosadas y llenas de incompetentes, un sistema educativo entre malo y mediocre que no genera capital humano, el hecho que todo Dios con dos dedos de frente quiere largarse del país y una tasa de paro imposiblemente alta, bueno, lo cierto es que Mariano Rajoy tiene un trabajo un poco complicado.

Podríamos estar haciendo las cosas infinitamente mejor, eso no lo voy a negar. De hecho es probable que tengamos de Presidente a alguien que no entiende ni la mitad de los problemas que tiene delante, siendo generoso. Aun así, incluso un político perfecto (FDR, Napoleón, Gengis Khan, Adriano, Pericles, Octavio Augusto, Disraeli  y Sir Humphrey todo en uno) pasaría un muy mal rato en Moncloa estos días, y eso contando que los cuatro dilemas tengan una solución aceptable.

La verdad, es difícil ser optimista. Muy difícil.