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El otro déficit democrático: el no debate sobre el como del ajuste fiscal

29 Sep, 2012 -

Andaba leyendo este (muy recomendable) artículo de Victor Lapuente hablando de las motivaciones electorales del gobierno del PP y me he acordado de por qué el debate público sobre la austeridad y los recortes me cansa tanto, tanto.

El artículo pone el acento (aunque lamentable no da datos) sobre algo que yo siempre he sospechado: la política de recortes del gobierno no es «recortar vs. no recortar». Esta no es una decisión que en estos momentos esté realmente sobre la mesa ni es una batalla política que en mi opinión se pueda ganar. Mientras no planteemos un debate serio sobre salirnos del Euro, algo que casi nadie parece estar a favor de plantear, no digamos ya de ser conscientes de sus consecuencia, deberemos optar por la política que los representantes -democráticos- de los estados miembros negocian en Bruselas en la que España en solitario tiene muy pocas opciones de influir. Por eso, plantear un debate sobre la necesidad o no de ajustar el presupuesto en la arena nacional no es plantear nada demasiado constructivo.

En lo que nuestro gobierno sí tiene bastante margen de decisión es en las modalidades del ajuste. ¿Deben aumentarse los impuestos o reducirse el gasto? ¿Qué partidas de gasto se deben reducir? ¿Qué impuestos se deben aumentar? Yo argumentaría que estas decisiones tienen un carácter mucho más marcadamente político que las de «ajustar-no ajustar» porque sus efectos distributivos, en los que interviene la equidad, son mucho más fuertes. Especialmente importante me parece el argumento de Víctor de la gran minoría crítica para el PP: ¿quién pierde más y quién pierde menos con el ajuste?. Lo que esperamos de una democracia es que los representantes políticos y las instituciones de la sociedad civil se involucren en un proceso de decisión que ilumine este tipo de problemas y genera las mejores soluciones posibles.

Es en este punto, en el de la discusión de los efectos y la economía política de las distintas alternativas, dónde el debate público es extremadamente pobre dónde, yo diría, nuestra democracia fracasa estrepitosamente. Las alternativas que se manejan a las actuales recetas de ajuste -reducir el fraude, quitar coches oficiales, terminar con el despilfarro en la administración- suelen quedarse uno o dos órdenes de magnitud cortas. La idea de que el PP solo buscaría beneficiar a un 5 o un 1% me parece inverosímil porque supone olvidar que en el PP, al final del día, hay gente que quiere conservar su puesto en las próximas elecciones y, con la posible excepción del ministro de Hacienda, no está lleno de dementes. En este sentido, en el de la ausencia de un verdadero debate sobre política fiscal y en la incapacidad de la gente para responsabilizar al gobierno de lo que SI está en condiciones de decidir, es en el que en mi opinión existe un deficit democrático considerable.