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Sin visión de estado, ni ganas de tenerla

1 Ago, 2012 - - @egocrata

El lunes escribía ligeramente irritado que la clase política española parecía incapaz de ni siquiera tratar de arreglar un problema estructural tan ridículamente obvio como el sistema de financiación autonómica. Ayer los políticos del país decidieron que ya puesto a hacer el inútil, lo mejor que podían hacer era montar un escándalo bien público y notorio el día que todos los líderes de la eurozona andan dando grandes proclamas que no iban a dejar caer el euro y a salvar a España, recordando a todo el mundo todos los méritos que llevamos acumulados para meternos en este enorme agujero.

Me importa un comino de quién sea la culpa. Montoro puede ser un cretino pidiendo cosas imposibles. Andalucía puede estar siendo completamente irresponsable negándose a recortar gasto. Cataluña puede tener toda la razón del mundo con sus gemidos sobre balanzas fiscales, o el gobierno puede tener la razón diciendo que están gastando un dinero que nunca iban a recibir por mucho que fantasearan sobre el pacto fiscal. Me importa un comino. Europa entera, el mundo entero está mirando a España ahora mismo, intentando decidir si vamos a ser capaces de arreglar la interminable lista de problemas estructurales que tenemos mientras empezamos a poner en orden nuestros presupuestos. Si ha habido algún momento de nuestra historia reciente en que pasarse el día haciendo el notas con grandes gestos dramáticos, pantomimas circenses y grandilocuentes proclamas de radical desacuerdo es especialmente estúpido, es ahora. Y la clase política española, con el país al borde del abismo, sigue perdiendo el tiempo en elaboradas danzas rituales de cara la galería con las elecciones a tres años vista.

Odio los pactos de estado. Siempre me han parecido una excusa barata del gobierno de turno para hacer lo que debe echándole la culpa a los otros o refugios de líderes de la oposición sin ideas que quieren sonar como grandes hombres. España no necesita pactos de estado, grandes coaliciones o gobiernos de concentración ahora mismo porque, francamente, el PP tiene mayoría absoluta, controla prácticamente todos los gobiernos autonómicos y si quiere aprobar reformas puede hacer lo que le plazca. Lo que sí que necesitamos, sin embargo, es que la clase política española deje de actuar como un montón de niños sociópatas malcriados incapaces de estar más de diez minutos sin berrear de forma histérica.

El espectáculo de ayer no fue el de políticos incapaces de arreglar un problema urgente. Lo de ayer fueron políticos incapaces incluso de fingir que los problemas urgentes que azotan al país les importan un comino. Tenemos un ministro que prefiere insultar a sus colegas que van a comerse el coste de esta tanda de recortes, un gobierno catalán que prefiere montar el número dejando claro que ellos son de un planeta distinto y un gobierno andaluz que está más contento llamando a gente neoliberal que intentando arreglar nada. Tenemos que recortar gastos y/o subir impuestos sí o sí ya que ni Dios quiere prestarnos un duro, pero eso parece ser un algo secundario.

Ser educados, simular que estamos trabajando todos a una por un futuro mejor y al menos decir de vez en cuando que ahora mismo debemos anteponer el país por encima del partido probablemente sea un brindis al sol a estas alturas. Con un gobierno completamente inoperante (acaban de rendirse ante una huelga de taxistas, joder. Taxistas) es muy probable que nos vayamos igualmente al garete, pero al menos nos libraremos del ridículo espantoso de estos días. A estas alturas ya no pido ni competencia. Me basta con no tener vergüenza ajena.