Economía

¿Podemos crear más emprendedores?

20 Jul, 2012 - - @egocrata

Se dice que los gobiernos deben hacer todo lo posible para incentivar la aparición de más emprendedores. Los conservadores americanos, en particular, tienen una especial obsesión con pedir bajar los impuestos a las PYMEs para favorecer la creación de empresas; si un titán empresarial en potencia sabe que sus beneficios no serán colectivizados este será más propenso a lanzarse a crear empresas.

Este gráfico (vía), sin embargo, sugiere que es un poco más complicado:

No hay tendencia clara. Se crearon menos empresas en los ochenta y primeros noventa, con impuestos bajos, que en los noventa, con impuestos altos. En los dosmiles hubo más empresas nuevas que nunca, pero también fueron años de crecimiento económico anémico y estancamiento del nivel de renta de las clases medias. La tasa de creación de nuevas empresas a largo plazo es relativamente constante, con las únicas variaciones significativas siguiendo crisis económicas.

Más datos curiosos: esta tendencia a la estabilidad en el número de empresas creadas a largo plazo también está presente en España; la espantosa caída de estos últimos años se debe, por encima de todo, a la horrible recesión. No sólo eso, nuestro ratio de creación de nuevas empresas por cápita está por encima de la media: somos más emprendedores que Estados Unidos, que ya es decir.

Parece que el problema español, por tanto, no es que no tenemos suficientes Howard Roark alzándose heróicos por encima de la chusma para construir un imperio empresarial de la nada. Lo que vemos en los datos es que los emprendedores abren su pequeño chiringuito y… no pasan de allí. España es un país repleto de micro-empresas poco productivas que no llegan nunca a crecer lo suficiente como para generar demasiada riqueza. Nuestros héroes capitalistas se conforman con poco parece.

¿Qué es lo que está sucediendo? Para empezar, la dichosa obsesión con las PYMEs, start ups, emprendimiento y tiendas de barrio han acabado por crear un auténtico galimatías legal que hacen que crear y mantener micro-empresas sea (relativamente) fácil, pero hacerlas crecer sea rematadamente complicado.  Daniel Cuñado nos da algunas pistas:

  • La normativa laboral favorece a la microempresa y la pequeña empresa, tanto por ayudas a la contratación que van desapareciendo a medida que se incrementa de tamaño, como por requisitos de representación sindical. No podemos dejar de ser conscientes de que el empresario español tiene muchas veces pánico a crecer precisamente por el miedo a los sindicatos. Está comprobado empíricamente que a mayor flexibilidad laboral, mayor la dimensión de las empresas.
  • Los incentivos fiscales son todos para la pequeña empresa. Cuando se crece aumenta el tipo de tributación en el Impuesto de Sociedades, y también la tramitación fiscal se multiplica. El salto de pequeña a gran empresa de cara a la Agencia Tributaria, que ocurre al alcanzar una facturación de 6 millones de euros (con lo que técnicamente es al ser mediana empresa, no grande), implica liquidación mensual de impuestos, unos pagos fraccionados del impuesto muy elevados, y en definitiva un esfuerzo administrativo y de liquidez.
  • Desde la perspectiva de las obligaciones mercantiles, en cuanto cumples dos de 3 criterios [1) Más de 50 empleados; 2) Cifra de negocios mayor de 5,7 M €; 3) Total activo en balance mayor de 2,85 M €], te aplica una serie de requisitos de auditorías y cuentas anuales que generan costes adicionales de administración y contratación de servicios de terceros.
  • La burocracia administrativa sigue penalizando el crecimiento. Abrir un nuevo centro de trabajo, ampliar instalaciones, o en general cualquier modificación de la actividad o infraestructura de una sociedad, choca demasiado a menudo con las trabas de los diferentes niveles de la Administración y esa sensación que tiene el empresario de ser “presunto culpable” y tener que ir con el dinero por delante.
  • Las limitaciones financieras, con un desarrollo todavía muy escaso de los mercados alternativos bursátiles y una excesiva dependencia de la financiación a corto plazo por parte de un sector bancario que como sabemos está ahora completamente condicionado por sus problemas de capitalización y la tendencia natural (y casi forzada) a destinar sus recursos más a comprar deuda pública que a financiar arriesgados proyectos empresariales privados.
¿Qué toca hacer? Para empezar, dejar de escuchar esas loas a emprendedores de vuelo gallináceo y concentrarse en aprobar reformas que permitan a las empresas crecer de forma sostenida. Los «techos» de crecimiento debido a legislación estúpida son bien conocidos (el caso francés con sus empresas de 49 empleados es célebre), y España los tiene a patadas. La patronal debe dejarse de pedir tonterías sobre recortes y política fiscal y dedicarse a reclamar cambios legales que hagan más fácil gestionar y hacer crecer una empresa. Los afiliados a la CEOE, a buen seguro, están muy cómodos con todas estas barreras a la entrada que limitan el nacimiento de competidores (y las PYMEs supervivientes, muy satisfechas con todas esas subvenciones y privilegios), pero la economía del país no.
Sí, la dinámica entre insiders protegidos por legislación favorable y outsiders perjudicados por un sistema institucional llenos de barreras a la entrada no es exclusivo del mercado laboral; también existe en el lado de la oferta. La dualidad laboral, todo sea dicho, es otra de las cosas que dificultan que las empresas crezcan, pero ese es otro tema. Cuando algunos hablan de «reforma empresarial» deberían pedir cosas en este sentido.