Economía

El rescate de las autopistas

26 Jun, 2012 - - @egocrata

Confieso que no acabo de entender el enorme galimatías financiero que es el rescate público de las autopistas. Mi primera reacción ha sido parecida a la de Escolar; ¿por qué narices no dejamos quebrar a las concesionarias y listos? Al fin y al cabo, las empresas que se metieron a construir grandes obras sabían donde se metían; si los cálculos resultaron ser erróneos es su problema. Un concurso de acreedores, los prestamistas se comen las pérdidas con patatas, y nosotros nos quedamos con una infraestructura estupenda construída por cuatro perras. ¿Todo el mundo gana, no?

Bueno, no estoy del todo seguro. Por pura casualidad el NYT publicaba hoy un artículo sobre un problema emergente en muchas ciudades americanas, la quiebra técnica de empresas concesionarias de infraestructuras y sus efectos sobre el erario público. El problema, si no lo entiendo mal, no es tanto que la compañía que ha construído un estadio, carretera o garage se vaya a hacer gárgaras, si no quién garantiza los bonos emitidos para pagar la obra. Las empresas privadas emitían deuda para construir una infraestructura, con la administración garantizándola ante impago. Si la cosa iba bien, la concesionaria cobraba por el uso de la instalación y devolvía el crédito con el tiempo. Si las cosas van mal, la concesionaria se declara en bancarrota y son los contribuyentes los que que se supone que pagan el crédito gracias al bonito aval del sector público.

Lo que no sé es si las autopistas construidas bajo concesión en España que se han metido en problemas no estaban organizadas con este sistema.  Los artículos del País sobre el tema son muy, muy detallados al hablar de cifras, pero le prestan muy poca atención a lo realmente importante, que es la estructura de la deuda de estas empresas. En un artículo publicado hace un par de años hablan que en caso de quiebra las deudas de las empresas pasarían a Fomento, cosa que sugiere que el estado (otra vez) ha avalado deuda privada de la forma más chapucera posible. En el caso que la deuda emitida por las concesionarias no esté respaldada por el estado, sin embargo, es posible que el problema siga siendo parecido: el estado es el propietario de las infraestructuras, en última instancia, así que una bancarrota seguramente acabaría con las carreteras en manos públicas y un montón de bancos aporreando la puerta ministerial pidiendo que les devuelvan el dinero.

¿Qué quiero decir con esto? Que una quiebra incontrolada de las concesionarias, en el peor de los casos, acaba con los contribuyentes pagando deudas de su bolsillo. En el mejor escenario posible, tenemos al gobierno con una autopista vacía y un montón de bonistas enfurecidos diciendo que les tienen que pagar. El estado siempre puede decirle a los bancos que se coman la infraestructura, pero me temo que como todo en este país, hablamos cajas de ahorros intervenidas / avaladas con dinero público igualmente. Para acabarlo de arreglar, una salida así a la tremenda podría interpretarse como un impago de deuda (el estado no está pagando por una obra que tiene en propiedad, al fin y al cabo), así que eso probablemente tampoco sería una gran idea.

Resumiendo: el inefable, siempre presente olor a chapuza flota sobre toda esta triste, lamentable saga. No estoy en contra de construir infraestructuras públicas utilizando concesiones de vez en cuando, pero cuando las previsiones de tráfico y cálculos de coste son tan absurdamente incompetentes uno no puede esperar grandes resultados. La planificación de gasto pública en España en los años de la burbuja fue realmente espantosa; es necesario crear una agencia independiente de veras (estilo sueco) para controlar esta clase de gastos y limitar en lo posible estas estupideces.

Una nota final: en comparación con esta estupenda chapuza, las LAV construídas estos últimos años son obras maestras de rectitud y solidez fiscal, que ya es decir. Las líneas no tendrán el mismo tráfico que sus parientes francesas, pero al menos cubren costes a corto / medio plazo. Aunque debo confesar que la estructura de la deuda y amortizaciones del ADIF son un tema complicadillo que no entiendo del todo, el sector ferroviario español está en una situación financiera relativamente decente por ahora. La cosa empeorará cuando alguna de las LAV más estúpidas (Almeria-Murcia, Galicia, etcétera) empiecen a funcionar, pero esa es otra historia.