Política

Sobre la reforma del sistema electoral en Asturias

18 May, 2012 - - @kanciller

Finalmente habrá gobierno de izquierdas en Asturias. Nacho Prendes, el diputado pivotal de UPyD, ha decidido apoyar la investidura del candidato socialista tras llegar a una serie de acuerdos programáticos que incluyen – entre otras cosas – la creación de una comisión para la reforma del sistema electoral. Empiezo como siempre, con el jarro de agua fría: Los sistemas electorales no son varitas mágicas que generen ristras de unicornios y excelentes líderes y partidos. Estamos en España y tenemos la materia prima que tenemos, hay que sobrellevarlo.  Sin embargo, eso no implica que los sistemas electorales no sean importantes. Son instituciones re-distributivas por excelencia, son el mecanismo intermedio que genera representación institucional y tienen importantes efectos sobre elites y votantes. Siendo así, y dado mi especial cariño por el tema, no he podido resistirme a meter cucharada en el caldero.

Tanto los medios de comunicación como UPyD han puesto especial acento en el tema de las circunscripciones. Como sabéis Asturias y Murcia son las únicas comunidades uniprovinciales con distritos específicos en las elecciones autonómicas. El Principado de Asturias tiene 3 distritos; el Central, con el grueso de los escaños (34 desde la VII Legislatura) y el Oriental y Occidental, con unos pocos diputados en juego (5-6 escaños). Aunque la magnitud del distrito es el elemento clave de la proporcionalidad del sistema electoral – de modo que dejad a Victor d´Hondt tranquilo – en el caso asturiano, al estar casi todos los diputados en el central, el cambio a distrito único apenas tiene impacto. Se comprueba fácil si se repasan las tres elecciones pasadas y se simula el resultado. En 2007 el PSOE hubiera perdido un escaño a favor del URAS; en 2011 FAC le hubiera dado uno a UPyD y el PSOE otro a IU y en las pasadas elecciones el PSOE le hubiera prestado uno a IU.

Por lo tanto, la variación en la representación política dada por el cambio de distritos es muy menor; hablamos de uno o dos escaños que bailan sobre el total de 45. Es cierto que el cambio favorecería a los partidos minoritarios pero la proporcionalidad global apenas cambia considerando que siempre hay cierto grado de desviación votos-escaños. Sin embargo, mucho más interesante es el otro cambio posible que se plantea en Asturias: listas electorales desbloqueadas con voto preferencial.

España y Portugal son los únicos países europeos que tienen un sistema de listas cerradas y bloqueadas. Listas cerradas porque solo se puede votar a un partido y bloqueadas porque no se puede cambiar el orden de los candidatos que dispone cada papeleta. En general, los sistemas electorales se pueden distinguir en función de si permiten votar a un candidato, a una lista o a ambos. De aquí se desprenden dos dimensiones diferentes: 1) Saber si el sistema electoral permite escoger entre diferentes candidatos nombrados por el partido y 2) Saber si el voto dado al candidato lo beneficia a él exclusivamente o se “cuenta” a nivel de todo el partido o lista. Pasar de un sistema de listas cerradas y bloqueadas a uno con voto preferencial altera solo la primera dimensión. Los votantes podrían re-configurar la lista que los partidos les presentan pero sin alterar la representación final del parlamento  ya que los votos se agregan o “cuentan” a nivel de todo el partido. Es decir, que no cambia la distribución de los escaños entre grupos pero sí quien se sienta en ellos.

Sin embargo, dentro del voto preferencial es importante distinguir entre aquellos sistemas en los que los candidatos individuales son los únicos que juegan un rol y aquellos en los que las listas también operan en paralelo. Esta es la diferencia entre el conocido como voto preferencial “fuerte” y voto preferencial “débil”. En el caso del fuerte, como se aplica en Finlandia, los votantes tienen necesariamente que marcar un candidato dentro de la lista del partido. Países con variantes de este sistema son Chile, Chipre, Estonia, Grecia (glups), Polonia o Italia hasta 1993. En el caso del voto preferencial débil, como el que se aplica en Suecia, marcar un candidato es opcional y éstos requieren un mínimo de  8% de “cruces” para modificar su posición en la lista. Países con sistemas similares son Austria, Bélgica, Dinamarca, Países Bajos o Eslovenia. Por si esta diferencia no fuera suficiente, a  la hora de hacer las papeletas también existen métodos diversos, ya sea con la posibilidad de cambiar el orden de la misma o de marcar preferencias dentro de las listas. Creedme, los políticos son muy creativos para estas cosas y cada país tiene su variante.

¿Y qué consecuencias puede tener un sistema de voto preferencial? Sabemos que de entrada el efecto macro es más bien reducido… Insisto, los sistemas electorales no tienen poderes mágicos. Sin embargo, parece que estos sistemas no tienen por qué comportar mayor inestabilidad parlamentaria o en el ejecutivo, mayor fragmentación del sistema de partidos o más volatilidad. Sí que hay cierta evidencia de que listas abiertas combinadas con magnitudes de distrito amplias puede fomentar la corrupción porque los candidatos individuales tienen más incentivos para buscar financiación por su parte – previsiblemente fraudulenta -. También sabemos que el efecto de este tipo de listas sobre la satisfacción con la democracia es relativamente bajo – de hecho, casi inexistente – pero sí es verdad que genera incentivos para que los políticos contacten más con los ciudadanos. En suma, evidencia variada.

Un elemento que no me consta que se haya estudiado es si el voto preferencial altera el perfil de las elites políticas (dentro del pool que cada país tiene, claro). El voto preferencial hace más vulnerable al candidato individual a los juicios del votante, lo que puede ser un arma de doble filo. El ciudadano puede discriminar al mejor político (?) y premiarlo o bien dar su voto al que más se diferencie más del resto, al más estrambótico o populista. Por lo tanto, está claro que este sistema modifica los incentivos del reclutamiento político y su relación con el votante. Creo que algo debe afectar, aunque siempre será una función de lo “fuerte” que sea el voto preferencial y del equilibrio en la selección partido- elector (Sin olvidar que dicha selección es exigente en términos de información y habilidades cognitivas del votante). Para mi un sistema mixto con un voto preferencial opcional – complementado con lista de partido – en el que se altere el orden de solo algunos candidatos podría ser una salida ponderada.

Dicho esto, veremos que pasa con la comisión en Asturias. En Cataluña llevan años atascados con una ambiciosa reforma de su sistema electoral que no lleva a ninguna parte básicamente porque topan con un escollo fundamental: los propios partidos, que entre otras cosas, no quieren renunciar de manera voluntaria al poder de control sobre las listas. Los sistemas electorales tienen una natural resistencia al cambio ya que cristalizan unos equilibrios de poder que se retroalimentan, complicados de romper. Por otra parte, se ha dicho que en la comisión se buscaran amplios consensos, aunque me temo que en esta materia (también) será imposible; en una reforma así siempre hay ganadores y perdedores. Y si con el tema de las listas  todos los partidos pierden en poder interno… ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?