Internacional

Notas rápidas sobre las elecciones francesas

23 Abr, 2012 - - @egocrata

A pesar que mis conocimientos sobre política francesa son un tanto limitados (y que mi francés es peor que mi latín, que ya es decir), no puedo evitar ejercer mi habitual papel de aguafiestas escéptico y dar unas cuántas pinceladas sobre las elecciones de nuestros adorables vecinos. De nuevo, no soy un gran experto en estas gentes, así que no les hagáis mucho caso.

1. El «socialismo» no ha «resucitado»:

El titular del País de hoy es vergonzoso, lo siento. También lo son todas estas voces proclamando el cambio de ciclo, el fin de la hegemonía conservadora y el retorno de la socialdemocracia en un mundo más feliz, menos alemán y con más unicornios que seguro os encontraréis por otros rincones de la blogosfera hoy. Lo que hemos visto no es la reacción altamente racional de unos votantes que ven con horror como el neoliberalismo es el Mal, sino algo mucho más simple: Francia va mal, la culpa es del que manda. Simple como esto.

Este, y no otro, es el mecanismo que explica el 90% de esta «decadencia de la izquierda» que muchos intelectuales llevan cuatro años repitiendo sin cesar: todos los gobiernos europeos que tuvieron la desgracia de estar en el poder cuando empezó la gran recesión (con contadísimas excepciones) se han pegado un morrazo tremendo cuando han ido a las urnas. El azar, o la mala suerte, hicieron que en muchos sitios el partido en el poder fuera la izquierda, pero los políticos caídos en acto de servicio están en ambos bandos. El tortazo de Sarkozy ha sido relativamente menor en parte porque Francia ha capeado el temporal mejor que la mayoría de sus vecinos, en parte porque la izquierda francesa es excepcionalmente incompetente, pero es perfectamente comprensible sin irse a la metafísica.

De todo lo que he escuchado, hay una estadística especialmente cargante: Sarkozy es el primer presidente de la V República en perder en una primera vuelta. Suena muy grave, pero la V República sólo ha tenido seis presidentes; De Gaulle era el Mesías y no cuenta, Pompidou murió en el cargo, Giscard perdió en la segunda vuelta, Mitterrand sólo fue incumbent en unas elecciones y Chirac se enfrentó a una izquierda en su momento más alegremente fratricida allá por el 2002. Hay sólo cuatro casos relevantes de presidentes en elecciones, y como mínimo dos de ellos fueron elecciones fáciles contra una oposición dividida. Que Sarkozy quede segundo no me parece demasiado excepcional.

2. Las grandes narrativas no existen:

Algo que repito cada noche electoral, pero que parece especialmente necesario en esta: los votantes no están enviando mensajes. Las elecciones no son mensajes en código de la dialéctica universal subyacente en la consciencia colectiva hegeliana (¡zeitgeist!) o instrumentos narrativos del poema épico periodístico de turno. Los votantes simplemente escogen a un candidato, cada uno el suyo, a menudo siguiendo razonamientos extravagantemente absurdos, y el que más votos saca es el que va a mandar. Unas elecciones son un mecanismo de transmisión de preferencias más bien garrulo, y no da para mucho más que saber que más gente prefiere al político A que al político B. El electorado no está produciendo nada más que una mayoría de gobierno; de los resultados en bruto no podemos sacar nada más.

3. Hollande es favorito para la segunda vuelta:

No por nada en especial. Me remito al punto uno, y al hecho que confió más en la demoscopia y encuestas de opinión bien hechas que en sumas ariméticas de «la izquierda» y «la derecha» y oscuros cálculos de voto estratégico.

4. La victoria de Hollande puede cambiar Europa. No sé si a mejor:

En política hay problemas que tienen arreglo, y hay problemas que no tienen solución. Me gustaría creer que la Unión Europea, los problemas de la eurozona, tienen una solución que es a la vez efectiva y políticamente factible. Es decir, que los políticos europeos en su alta torre de marfil de Bruselas pueden llegar a una solución que es a la vez técnicamente factible y que puede sobrevivir a las presiones políticas individuales de los estados miembros. Una victoria de Hollande puede que aumente el nivel de racionalidad medio de los Consejos Europeos (y sí, esto es ser optimista – en este aspecto echaremos mucho de menos a DSK), pero Francia seguirá estando llena de franceses. Es decir, seguirán siendo un país encantado de votar en contra de tratados europeos cada vez que alguien les pide su opinión y donde una candidata furibundamente anti-unión ha sacado un 18% de votos sin demasiado problema. Y Francia es de los lugares más receptivos al invento este de la moneda única; a saber qué podemos ver en el resto.

La crisis de la Unión Europea probablemente exigirá un mecanismo increíblemente complicado, tremendamente ineficiente y totalmente incomprensible para hacer algo muy simple, un cierto nivel de unión fiscal y/o reajuste de balanza de pagos. Más que políticos de izquierdas o derechas necesitamos ocultistas, pero ese es otro tema.

Lo cierto es que es una lástima que a nadie se la haya ocurrido pedir un adelanto de las elecciones al Parlamento Europeo del 2014. Esta vez los dos grandes partidos estarán presentando su candidato a Presidente de la Comisión, y el debate, como señalaba Ronny Patz, será casi seguro apasionante. Siempre y cuando la Unión Europea siga en pie por esas fechas, claro está. Con la que está cayendo ahora, y la dimensión obviamente europea de la crisis en la que andamos metidos, sería fascinante ver unos comicios de esta clase ahora, aunque me temo que legalmente es casi imposible que eso suceda.

5. Cosas que se me escapan:

Que los sucesores del Partido Comunista celebren el fin de campaña en la Plaza Stalingrado es francamente extraño. Después se preguntarán por qué la gente no se fía de ellos.

6. Bola extra: el voto a Le Pen

No he mirado las encuestas postelectorales en detalle, así que no sé exactamente quién está votando al Frente Nacional. Obviamente es un partido que no me gusta en absoluto, pero lo que no entiendo es cómo se supone que debemos «arreglar» su existencia. ¿Qué queremos decir exáctamente cuando hablamos de «combatir» a Le Pen? ¿Qué le queremos contar a sus votantes? El mensaje populista de derechas consiste en dar soluciones sencillas a problemas complejos, no hace falta ni que sean del todo reales. Los políticos franceses llevan unas cuántas décadas dejando un montón de problemas estructurales del país a medias, empezando por un mercado laboral dual que excluye a los jóvenes de forma sistemática (¿os suena?) y acabando por una actitud completamente esquizofrénica ante la inmigración. Soltar grandes sermones a los LePenistas diciendo que son malos demócratas y parafascistas no sirve de gran cosa.