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De casinos y dudas

9 Abr, 2012 - - @egocrata

Llevo una temporada dándole vueltas a todo el asunto Eurovegas y sus dichosos casinos, y lo cierto es que si bien no he cambiado de opinión, creo que vale la pena matizarla un poco.

Para empezar, hay dos debates paralelos en esta discusión,  ambas con respuestas bastante distintas. Por un lado tenemos la petición de Sheldon Adelson de recibir una serie de prebendas, ayudas y ventajas fiscales a cambio de invertir todo ese dinero. Sobre eso, creo que no debería haber discusión posible: nada de regalos o leyes especiales para atraer esta clase de inversión. Jesús Fernández-Villaverde tenía un largo artículo en Nada es Gratis que ya enlazamos en su momento, y sigo pensando que tiene razón. Sabe Dios que España necesita un buen puñado de reformas para salir del pozo donde andamos metidos, pero desde luego no creo que aprobar excepciones a mansalva para un tipo megalómano que cree que Newt Gingrich sería un buen presidente de Estados Unidos no es exactamente lo que debemos hacer.

El otro debate, que creo que es más interesante y mucho más ambiguo, es si queremos los casinos incluso si Adelson accede a construirlos sin leyes a medida previas. Sobre esto José Rodríguez, José Antonio Donaire y Laia Balcells han escrito estos últimos días, y creo que vale la pena plantearse si los casinos serían de por sí una buena idea. Ha habido muchas voces quejándose que apostar por esta clase de inversiones es insistir en el modelo de sol y playa, renunciando a la modernización de España y apostando por convertirnos en el parque temático de Europa. Mi reacción ante esta clase de críticas es, ¿qué tiene eso de malo?

España es el tercer o cuarto destino turístico del mundo; sólo Francia, Estados Unidos y China reciben más visitantes. Contando que segundo y tercero son dos malditos continentes y el primero de la lista tiene París, lo nuestro realmente tiene mérito. Tenemos un país con un clima realmente fantástico, un montón de ciudades preciosas y cantidad de lugares únicos prácticamente desconocidos esperando ser explotados. Medio país está lleno de castillos medievales, corcho;  lo raro es que no tengamos aún más visitantes. El país tiene una materia prima absolutamente excelente para atraer turistas, y es algo que hacemos bien. No sacar réditos de ello es como tener a Messi en tu equipo y sólo sacarlo a jugar los días impares. Realmente es tirar dinero y talento a la basura.

La cuestión, sin embargo, no es tanto si debemos ser un destino turístico o no, sino cómo conseguimos ser algo más que eso. España, en muchos aspectos, es el estado europeo que más se parece a California. El clima es básicamente idéntico, sin ir más lejos; incluso la cantidad de población y superficie son comparables. Incluso nuestra burbuja inmobiliaria fue parecida, cosa que tiene mérito. El estado tiene unos problemas fiscales descomunales también, algo que debería sernos familiar. California, como España, es un destino turístico de primer orden (es uno de los estados que más visitas recibe – tener Los Ángeles, San Francisco, sequoias gigantes, Yosemite y Death Valley, entre otras minucias, ayuda), pero tiene además una economía increíblemente diversificada, siendo como el hogar de Silicon Valley, Hollywood y gran parte de la industria aeroespacial del país. Aunque el estado tiene problemas graves (merced de su demencial política fiscal y de vivienda, pero ese es otro tema), el ser un coloso turístico no les ha ido del todo mal.

¿Por qué? Hasta hace unos años (antes que se suicidaran fiscalmente con leyes estúpidas) el modelo de California para alcanzar la prosperidad era relativamente simple. Por un lado, poner una cartel bien grande diciendo que se admiten visitantes, y dejar que el fantástico clima hiciera el resto para atraer más población. Con esto recaudaban dinero. En el otro lado, invertir cantidades bestiales de dinero en el mejor sistema de universidades públicas del país, complementadas por un fantástico sistema educativo en niveles inferiores. Los parques tecnológicos alrededor de Stanford, el acceso a capital riesgo y demás detalles son más conocidos y menos misteriosos, pero la esencia del modelo californiano había sido siempre aprovechar que son imbatibles merced a su situación geográfica para poder invertir en el resto de la economía más que nadie con esta ventaja.

No es un modelo precisamente complicado de ejecutar, ciertamente. Los españoles, me temo, hemos preferido dedicarnos a utilizar los réditos de nuestra estupenda situación geográfica para dar toda clase de privilegios extraños a un montón de grupos sociales (desde trabajadores indefinidos a empresarios oligopolísticos), construir un montón de edificios inútiles y endeudarnos hasta las trancas (en Estados Unidos, a esto le llaman «Nevada» o «Florida»), pero eso no quiere decir que tengamos que renunciar a copiar el modelo original. Si Adelson decide construir los casinos en Barcelona (no nos engañemos: la ciudad con playa es mejor destino) nada debería impedirnos usar parte de lo recaudado en paliar las externalidades negativas que genera un casino (en forma de hordas de inspectores de hacienda) y dedicar el resto a financiar universidades obscenamente bien, tras reformar los manicomios actuales con una buena dosis de napalm. Barcelona ya es una ciudad increíblemente atractiva para congresos y grandes eventos. Imaginad lo que sería con los casinos y una infraestructura bien desarrollada.

Si Adelson no quiere poner el dinero sin regalos (¿dónde se irá? ¿a Portugal? Pffff), la verdad, tampoco será un gran problema. El país sigue ahí, y las ventajas enormes que tenemos no desaparecen. Podemos atraer inversiones en este sector, de los pocos que sigue funcionando bien en toda la economía (aunque deberíamos ser más productivos también aquí – eso es para otro artículo), y utilizarlo como trampolín para alcanzar cotas más altas. Mientras recordemos que el turismo no es un fin,sino un medio, y que no queremos caer en la trampa del monocultivo, es una oportunidad a explotar.