El viernes la vicepresidenta anunció con gran fanfarria la aprobación por el Consejo de Ministros del anteproyecto de Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno. En su momento dije que me parecía una buena idea, pero que, como viene siendo habitual en este Gobierno Rajoy, las noticias no estaban en la rueda de prensa del Consejo sino en el BOE del sábado.

Así que me ha bastado echarle un ojo al anteproyecto para darse cuenta de que es una ful. Los artículos 10 y 11, básicamente, sirven para acabar con cualquier efectividad que pueda tener la ley para alcanzar una transparencia real. El 10 permite al Gobierno restringir la publicación de cualquier información basándose en criterios más flexibles que unos calzoncillos de caucho y nylon; el 11 permite a cualquier implicado en cualquier cosa bloquear la publicación de lo que venga a su nombre. Por si fuera poco, el artículo 17 permite al Gobierno pasar olímpicamente de las solicitudes de transparencia. Silencio administrativo negativo y no se vuelve a hablar más del asunto.

Bien, la ley es una ful, pero lo gracioso no es eso. Un rider (o jinete), es como se llama en Estados Unidos a una pieza de legislación que va montada en otra de estrangis. En varios países europeos es ilegal, pero aquí se usa en muchos casos, especialmente en las leyes de acompañamiento a los Presupuestos, también llamadas leyes escoba. En este caso, la clave está en el artículo 26.

En España, como bien sabrán, la huelga está regulada por un decreto-ley de 1977, es decir, preconstitucional. Reconozco que no sé por qué nunca se ha conseguido tratar este tema, pero me imagino que será porque la actual legislación provisional es suficiente para todas las partes implicadas. Agradecería aclaraciones al respecto.

En todo caso, el artículo 26, aparte de una sarta de obviedades («No se puede llegar a acuerdos manifiestamente ilegales.» Oh, my, y yo sin enterarme.) penaliza los piquetes y el incumplimento de los servicios mínimos.

A mí, personalmente, eso me parece correcto. Pero el hecho de que se haga a la chita callando, por debajo de la cuerda y sin hablarlo con nadie dice bastante de la catadura moral de nuestro Ejecutivo.

Seguiremos informando.