Como su título indica este es el último post de “Equilibrio Social”.

Durante siete años he estado sometido a unas excesivas restricciones contractuales que son la causa de que mi identidad se haya mantenido oculta. Ahora, mi carrera profesional ha dado un salto que en conciencia me obliga a no continuar escribiendo este blog. Es decir, las excesivas restricciones del pasado se han convertido en obligaciones sensatas que acepto plenamente, y que comparto de motu propio.

No debo seguir por dos motivos: uno es que con el tiempo puedo acabar perjudicando a la organización para la que empezaré a trabajar en breve, y otro es que la absoluta independencia con la que he escrito hasta ahora quedaría comprometida. Este blog lleva siete años siendo un ejercicio rabiosamente personal, y escrito desde la más absoluta y orgullosa irresponsabilidad, sin ningún objetivo social y moral diferente de decir exactamente lo que pienso. No se me ocurre ninguna otra forma de abordar el periodismo, la Literatura o la Ciencia.

Ahora he tomado la decisión de tener objetivos y responsabilidades más constructivos (pero no necesariamente más elevados) que el mero narcisismo objetivista. Y donde antes no había ningún conflicto de intereses, ahora los habría a cada paso. Así que se acabó. Como el lector sospecha, en mi código moral, no hay nada  más ridículamente contradictorio que ser un “intelectual comprometido”. En la medida en que te comprometes ya no eres un intelectual.

Lo escrito hasta aquí queda en el libro, que en breve quedará como cabecera de este blog:

http://politikon.es/2011/12/01/equilibrio-social-el-libro/

El libro fue escrito antes de aceptar mis actuales compromisos, y del mismo modo que es del peor gusto echar en cara a la pareja actual su vida sexual anterior, también es detestable revisar lo que se escribió bajo un régimen de plena libertad a la luz de las responsabilidades tomadas posteriormente. Si tal cosa ocurre, nadie debe esperar otra cosa que la callada por respuesta.

Para el apartado de agradecimientos me remito al post del libro, aunque en este día que cierra un capítulo fundamental de mi vida, os diré que para mí escribir como Kantor ha sido una de las mejores cosas que me ha ocurrido, y que echaré de menos a este pseudónimo que a algunos niveles era más yo mismo que yo. Quizá, cuando vuelva a no deberme a nadie más que a mí  mismo, Kantor haga el mismo viaje que el que hizo Sherlock Holmes desde las cataratas de Reichenbach, o más aún, sea posible abandonar el anonimato y poner cara a las palabras.

De momento, deseadme suerte, y muchas gracias a todos.