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Primary Colors (XLIX): las mil batallas de Mitt Romney

7 Mar, 2012 - - @egocrata

El supermartes llegó y pasó, y las primarias presidenciales republicanas están… más o menos igual que siempre. Mitt Romney ha ganado más estados que nadie, llevándose Massachusetts, Vermont, Virginia, Idaho y llevándose Ohio por los pelos. Newt Gingrich ha ganado su estado, Georgia, haciendo el ridículo en el resto. Ron Paul no ha ganado en ningún sitio. Y Rick Santorum, a pesar de tener una campaña electoral montada con el equivalente político de cuatro cañas y un poco de celo, ha ganado en Dakota del Norte, Tenesse y Oklahoma.

Los resultados son relativamente decepcionantes para Romney. Massachusetts y Vermont esencialmente no cuentan; Romney fue gobernador en el primero y el segundo ni pincha ni corta en una generales. En Virgina ni Gingrich ni Santorum estaban en las papeletas, en no poca medida porque sus campañas pifiaron horriblemente el kafkiano proceso de inscripción. Y Ohio, el estado más importante de todos los que votaban hoy (Georgia da más delegados, pero Newt es de por ahí), es esencialmente un empate técnic0, con Romney apenas 12.000 votos por encima de Santorum. Contando que el bueno de Mitt y los grupos externos que le apoyaban gastaron entre diez y doce veces más en publicidad que su principal rival (10-12 millones a uno, según estimaciones) sacar un triste, patético empate en un estado tan importante no es precisamente un gran triunfo.

La gran ventaja de Romney es, otra vez, el escaso talento de su oposición. Me he cansado de explicar lo chiflado que está Santorum o la egomanía galopante de Newt Gingrich (Paul dejó de se relevante hace dos meses), pero la incompetencia política de ambos es realmente para echarse a llorar. Tanto uno como otro fueron incapaces de presentarse en Virginia, cosa que tiene mérito. Santorum va a perder delegados en Ohio porque su equipo fue incapaz de encontrar suficiente gente para que ocupara las listas (y necesitan tres personas por distrito electoral, cosa que tiene mérito). Ambos han sido incapaces de sacar a la luz declaraciones de Romney espantosas (para el GOP) como esta entrevista en el 2009 defendiendo una pieza clave de la reforma de la sanidad de Obama, el mandato individual, entre otros cambios de opinión completamente obvios y delirantes en tiempos recientes. En unas elecciones normales contra un rival medianamente decente, Romney se estaría llevando galletas día sí día también. Contra estos dos peleles, ni eso.

Lo más delirante, sin embargo, es la mera  existencia de Newt Gingrich en estas primarias. Si el ex-speaker no estuviera dando la vara en estas elecciones, es bastante probable que Santorum hubiera ganado hoy en Ohio con cierta facilidad, y quizás ganado en Georgia. El voto a candidatos-que-no-son-Mitt-Romney está ahí, esperando ser consolidado en un sólo candidato, pero el enorme, descomunal ego de Newt está dándole la victoria igualmente.

Lo realmente crucial, de todos modos, no es la triste procesión de Mitt Romney ganando de forma chapucera contra una pila de inútiles a pesar de bombardearles con millones en publicida. Lo importante, a estas alturas, son las matemáticas, y de forma más específica, la cuenta de la vieja en forma de delegados, que son los que te dan el premio en la convención. Los mecanismos de asignación de delegados son increíblemente arcanos, rebuscados e incomprensibles, más aún porque cada estado decide por su cuenta como los reparte. Para acabarlo de arreglar, los estados con caucus lo hacen en dos pasos, el GOP no acaba de aclararse sobre cuántos delegados tienen algunos estados que adelantaron sus primarias y hay lugares proporcionales, otros mayoritarios, así que es difícil saber cuántos delegados tiene cada candidato exactamente. Aún así, parece bastante claro que a estas alturas Mitt Romney está por encima de 400 delegados, Santorum y Gingrich tienen algo más de un centenar cada uno, y Ron Paul ronda los sesenta. Pero sobre todo,  Romney está siendo capaz de aumentar esta ventaja de forma lenta pero implacable.

¿Por qué? Muy sencillo: tiene una campaña competente. No dejan estados de lado, invierten dinero y recursos en masa donde eso puede producir ventajas suficientes como para dar delegados en masa y estan compitiendo, de un modo u otro, en todos los estados, así que nunca dejan un solo voto proporcional sobre la mesa. Si a eso le añadimos la bendita imbecilidad de Gingrich dividiendo el voto anti-Romney (y haciendo que Santorum pierda delegados tontamente) hace que a pesar que Romney parezca un candidato vulnerable y torpe que se arrastra de elección en elección, en realidad está sumando apoyos a su casillero de forma reletivamente eficaz. Haciendo cuentas ahora mismo, y siempre que Gingrich siga en estas primarias, Romney puede dedicarse a perder primarias por poco por todo el país de aquí a junio y llegar a la convención con suficientes delegados para ser el candidato.

No es elegante, no es bonito, no es eficiente y desde luego no está haciéndole ningún bien de cara a las generales. Pero en vista de la (nula) calidad de la oposición, la persistente incompetencia de sus campañas y las preocupantes tendencias megalómanas de Gingrich, Romney va camino de ganar la nominación, aunque sea tarde, mal y a rastras. Los próximos estados en votar son Kansas (caucus), Mississippi y Alabama, tres estados que le van fatal a Mitt pero que Newt y Santorum se las arreglarán para repartirse los delegados tontamente.  Es como las primarias demócratas del 2008, solo que en este caso Hillary está peleándose con dos frikazos que no saben hacer la O con un canuto. Si Newt no lo deja pronto, Romney será candidato, sin duda.

Por cierto, una nota final: ¿Recordáis el impagable Dennis Kucinich, representante por Ohio, candidato presidencial y especie de Cayo Lara de aspecto élfico de la política americana, sólo que con una mujer increíblemente atractiva? Bueno, ha perdido sus primarias hoy; Ohio pierde un escaño este año (su población se ha estancado, y otros crecen) y le ha tocado a él la china. El único candidato presidencial que recuerdo que dice haber visto un OVNI se nos va. Un día triste.