He estado leyendo un poco más sobre la reforma laboral del gobierno, y creo que es necasario añadir algunas cosas. Sigo sin creer que sea una buena ley, pero lo cierto es que sí tiene algunos cambios interesantes y necesarios. Por partes:

1. Nuestro mercado laboral seguirá siendo mucho más restrictivo e inflexible que el de nuestros vecinos:

RTVE tiene una tabla excelente comparando las indemnizaciones de despido, periodos de prueba, contratos temporales y demás de España post-reforma con nuestros vecinos. En el «peor» de los casos para un trabajador, la indemnización por despido es de 20 días por año trabajado, máximo un año de sueldo. En Francia, un mercado laboral habitualmente considerado restrictivo, son cinco días por año trabajado (más concretamente, un 20% del sueldo mensual); en Alemania son 15 días para todo el mundo, sin distinción de procedente o no.  Aún con esta reforma «draconiana» tenemos unos costes de despido mucho mayores que nuestros vecinos.

2. No soluciona la dualidad del mercado laboral:

Los costes de despido siguen ahí, y siguen siendo absurdamente altos. Seguimos teniendo más de cuarenta tipos de contrato distintos, haciendo de la legislación laboral un auténtico galimatías. Los jóvenes siguen siendo el último mono. En esto, no arregla nada.

3.  Seguimos insistiendo en bonificaciones y subsidios:

Y no funcionan, como han demostrado las 231 reformas anteriores en este sentido.

4. Seguimos arreglando todo en juzgados:

La distinción entre despido procedente e improcedente y su efecto sobre las indemnizaciones de despido es algo casi exclusivo del sistema laboral español. Si un empresario quiere despedir a un trabajador con la indemnización de 20 días, el caso tiene que ir de forma inevitable a través de un juez, un coste adicional nada trivial y una pérdida de tiempo considerable. Por mucho que se amplien los supuestos que permitan despidos procedentes, seguiríamos viendo muchos casos de empresarios usando el despido de 33 días para ahorrarse juicios.

Condicional: seguiríamos. La reforma laboral ha eliminado la opción de usar improcedente y ahorrarse papeleos, el despido exprés. La reforma ha complicado aún más un sistema ya de por sí torpe, supongo que para intentar forzar a los empresarios a acogerse a los 20 días más a menudo. Lo que se ahorran en indemnización lo gastarán en abogados. Falta por ver (no entiendo demasiado los trámites) si las empresas acabarán arreglándo todo a golpe de EREs, que ya no necesitan autorización administrativa previa.

5. Por fin veremos algo de flexibilidad laboral:

Y no, no es legalizar mobbing: es algo que puede salvar empresas. El sistema actual de anclaje a convenios superiores provocaba situaciones absurdas en las que una empresa no pudiera reducir el número de horas (y sueldo) de sus trabajadores para evitar pérdidas o despidos, sin ir más lejos. También provocaba situaciones idiotas, como que empresas muy productivas en regiones con tasas de paro relativamente bajas tuvieran las mismas condiciones laborales que empresas en zonas con desempleo altísimo y caídas de actividad demenciales.

Desde el punto de vista del trabajador (y más en un país con un 23% de desempleo) siempre será más deseable trabajar 25 horas a la semana en vez de 40 si eso supone no perder el trabajo. Ahora mismo el mercado laboral no permite esta clase de arreglos sin meter un juez y/o un montón de burocracia de por medio. El sistema alemán se basa en gran medida en esta clase de acuerdos, con la ventaja añadida, en su caso, que el trabajador puede recibir parte del salario perdido vía una especie de subsidio de paro parcial. Como está el patio de déficit público en España ahora no podemos permitirnos esta clase de gastos, por desgracia, pero hay elementos de la reforma que van en esa dirección.

6. Puta manía de insistir en la grandeza de las PYMEs:

Las PYMEs son el mal, y debemos parar de subvencionarlas. Todos esos contratos y regalitos especiales para empresas minúsculas. Argh.

7. Resumiendo: una reforma correcta en la dirección errónea

Una reforma laboral decente, en mi opinión, sería algo parecido a lo que vemos en Suecia: cero regulación, red de protección social muy, muy generosa.  Si queremos mantener las indemnizaciones de despido, hacer algo parecido a lo que vemos en Austria (son «cuentas de ahorro» forzosas, más o menos) estaría bien. La que hemos visto lo único que hace es insistir en que una parte crucial de la red de protección social (el subsidio de paro) sea pagado en parte por el empresario que despide vía indemnización. Tenemos un horrendo sistema semi-privatizado que sólo consigue que todo Dios quiera evitar pagarlo, en vez de pagar impuestos y listos. Insistimos en la chapuza.

Lo que la reforma laboral hace bien es la negociación colectiva y flexibilidad interna en empresas. En esto nuestro mercado laboral pasa a parecerse más a lo que vemos en Suecia, Alemania o Francia, algo que en un país con diferencias regionales tan gigantescas como es España era más que urgente.

Lo sorprendente, por cierto, es que la parte más ambiciosa de la reforma es la que han pactado empresarios y sindicatos, mientras que la más patéticamente mojigata es la que ha «impuesto» el gobierno. Rajoy, como es costumbre, se ha quedado a medias.