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Evaluación a vuelapluma de la propuesta de reforma educativa

31 Ene, 2012 - - @jorgegalindo

Wert ha anunciado una reforma de la educación. De momento solo se conocen algunos ejes generales. La primera impresión es que resulta vaga y susceptible de ser de nuevo cambiada cuando haya relevo en el Gobierno (lo cual, ya lo sé, no pasará hasta dentro de muchos años). Vamos a intentar comentar los puntos más destacados a vuelapluma, a pesar de la generalidad del discurso de Wert, esperemos que nos permita marcar un poco las líneas de lo que el país podría necesitar.

1. Educación para la Ciudadanía se cambia por Educación Cívica y Constitucional

Se adivina ya solo por el nombre que es puro maquillaje. Lo más probable es que los contenidos en lo esencial cambien poco (actitudes democráticas, tolerancia, respeto a lo diferente, etcétera) en una asignatura que, de por sí, apenas tiene sentido. Intentar transmitir los valores fundamentales (que no el acervo de conocimientos más o menos validados científicamente) de manera compartimentada y reglada es como tratar de meter el mar en una cajita de cerillas: buena suerte con ello. En todo caso, es un asunto más bien irrelevante. Lo único que me preocupa ligeramente es eso de incluir «Constitucional» en el título: andar cambiando la Constitución cada dos por tres es tan malo como intentar autoconvencerse de que es bueno que ésta sea inmutable, como las Tablas Sagradas. Una Constitución es una forma básica de contrato social. Como tal, no es bueno que se sacralice: las sociedades cambian, y sus normas, si bien no flexibles, sí han de tener la capacidad de adaptación. Y los
ciudadanos saber que eso es bueno.

2. Bachillerato de tres años

La idea, ya adelantada en el programa del PP, vendría a ser la siguiente: pese a que la educación seguiría siendo obligatoria hasta los dieciséis años, un curso antes (en caso de no haber repetido, esto es, en tercero de la ESO) el alumno deberá elegir si desea continuar la ruta del Bachillerato, que esencialmente lleva casi siempre a la Universidad y en algunos casos a Ciclos Formativos superiores, o no. En el caso de «no», la verdad, la opción no está lo suficientemente explicada como para que pueda evaluarse seriamente. Una buena opción será establecer una doble vía para que desde más temprano el alumno pueda decidir si enfocarse hacia la carrera académica o hacia un perfil más técnico/profesional (Ciclos Formativos, primero Medio y después Superior), existiendo siempre puentes para poder pasar de uno a otro,  y a la vez garantizando que el alumno se queda en el sistema el mayor tiempo posible (
hasta los dieciocho al menos, con un Ciclo medio; es discutible el ampliar o no la edad obligatoria). Al final, lo que tenemos que hacer es atacar el abandono escolar y redirigir esta masa de capital humano desperdiciado hacia empleos técnicos profesionales mientras nos preocupamos de que las opciones queden abiertas para todos los alumnos, y que el decidir temprano garantice una formación más acorde con sus preferencias sin que suponga un condicionante que le lleve al fracaso laboral (los puentes y la garantía de que nadie se sale del sistema parecen, combinadas, las mejores opciones para evitar segregación).

3. Promesa de «educación bilingüe»

Bueno, cualquier cosa que vaya en esta dirección me va a parecer bien, más que nada porque es obvio que el capital humano patrio tiene un déficit grave en esta lengua. Pero esto es caro, bastante caro de hecho (nuevos profesores y/o formación y reciclaje de los actuales). Así que no sé cómo piensa financiarse. De hecho, el brindis al sol de «utilizaremos las nuevas tecnologías para el aprendizaje de inglés» que ha soltado el Ministro me suena más bien a «bueno, queremos educación bilingüe, pero tendremos humo de colores».

4. Estatuto Docente

Destinado a fijar la carrera profesional de los profesores. La verdad, intuyo que el mayor problema es que muchos de los que entran a dar clase (particularmente en Secundaria) no lo hacen como primera opción, ni por los incentivos económicos, sino más bien como segunda o tercera tras ser descartados (o autodescartarse) del resto de las salidas de la carrera estudiada. Wert no ha concretado en qué consistiría esta «carrera profesional», o si se va a incluir un «MIR para profesores» como se ha estado comentando últimamente. Pero hemos de tener claro que los objetivos de cualquier (re)profesionalización del sector han de incluir una mayor posibilidad de movilidad geográfica y combinar mejores incentivos con una selección más exigente del profesorado. En otras palabras: queremos que quienes enseñen a la siguiente generación sean los mejores, no aquellos que van a dar clase porque, por la razón que sea, en el resto de sus opciones no lograron triunfar (haciendo amigos, sí).

5. Autonomía y evaluación de los centros educativos

Wert también ha hablado de ofrecer una mayor autonomía a los centros educativos (algo que algunos han interpretado como una puerta de entrada al concierto educativo, aunque no tiene por qué ser así, y yo al menos espero que no sea así), así como de, a modo de contrapartida, establecer un sistema de evaluación externa de los resultados de los alumnos. Lo segundo me parece perfecto, poco que añadir, siempre y cuando tenga resultados reales: es una forma de accountability y de orientarse a resultados. Respecto a la mayor autonomía, la ventaja de este tipo de sistemas es que permite a los centros «experimentar» o diferenciarse, incluso en algunos casos especializarse (por ejemplo, algunos siendo particualrmente fuertes en artes, otros en Ciencias de la Salud… no es tan raro fuera de España, e incluso conozco algunos casos dentro). La contrapartida es la pérdida en la homogeneidad de los resultados. Pero precisamente para eso se establecen los sistemas de evaluación externa: para garantizar
que un mínimo acervo de conocimientos son transmitidos con la calidad necesaria.

6. Concluyendo: lo que falta

Esta lista incluye dos de los cuatro aspectos que me parecen fundamentales para reformar la educación en España: plantearse un sistema en el que atacar el fracaso escolar y garantizar que todos los alumnos acaben con una formación profesional adecuada, y definir un mejor sistema de selección del profesorado. Lo malo es que no se concreta lo suficiente, al menos de momento, cómo se desarrollarán. Además de esto, los otros dos temas básicos, a mi modo de ver, son la existencia de un sistema de educación infantil sólido y una reforma muy, muy (muy, pero muy) en profundidad de la Universidad española, que sí ha sido mencionada por el Ministro, pero nada más. En todo caso, me temo que eso queda para futuros (y pasados) artículos.