Política

El partido que más se parece a España

9 Ene, 2012 - - @kanciller

En una entrevista de 2005 se le preguntaba a José Blanco, por entonces Secretario de Organización del PSOE, si de verdad había en su partido un discurso territorial único que pudiera aunar a líderes tan dispares como Ibarra y Maragall. A esta pregunta Blanco respondió lo siguiente:

Nosotros decimos que el PSOE es el partido que más se parece a España. España es plural y diversa, la realidad de Cataluña no es la misma que la de Extremadura, y hay que hacer frente a esas realidades desde la singularidad de cada sitio, pero a la vez tenemos que garantizar que todos los ciudadanos, sean gallegos, vascos o andaluces, tengan las mismas oportunidades y derechos.

Desde la perspectiva de los partidos que compiten en toda España, los denominados partidos de ámbito nacional o estatal, la cuestión territorial no es trivial. Nuestro país ha sido calificado por diferentes autores como un país con altos niveles de regionalización, lo que implica que cohabiten diferentes subsistemas de partidos según el distrito. No descubro el Mediterráneo si apunto a que, si solo nos centramos en las Elecciones Generales, hay como poco sistemas de partidos específicos en Euskadi, Navarra, Cataluña y Canarias. Y esto apunta a que la posición de los votantes medianos en determinados distritos tiene dos cleavages, no necesariamente ortogonales, a partir de los cuales se posicionan políticamente, un hecho que obligaría a los partidos a adaptarse en la competición electoral.

Una forma de ver si los partidos nacionales, parafraseando a Blanco, se “parecen a España” es analizar en qué medida tienen resultados electorales similares en todos los distritos de las Elecciones Generales. Si un partido es homogéneo desde esta perspectiva, la contribución relativa de cada distrito a sus resultados electorales será similar y se trataría de un partido perfectamente nacionalizado. Por poner un ejemplo fácil de entender, si Izquierda Unida obtiene un 10% de los votos en todas las provincias españolas este partido tendrá una nacionalización electoral perfecta. Por el contrario, si Izquierda Unida obtiene en algunos distritos el 60% de los votos pero en otros el 0%, implicará que su nacionalización electoral de este partido es pobre. Sería un partido que, por así decirlo, se parece más unas partes de España que a otras.

Una manera de medir esta homogeneidad electoral es emplear un indicador adaptado del  famoso coeficiente de Gini. Ordenando los resultados de los diferentes distritos se puede calcular en qué medida los partidos tienen homogeneidad en sus resultados como si se tratase de igualdad en la distribución de la renta. Si os interesa en detalle el cálculo, adjunto el artículo de Daniel Bochsler en que se explica perfectamente su aplicación. Decir simplemente que he seguido el indicador de este autor para presentar alguna evidencia descriptiva sobre la materia.

De acuerdo con este indicador, los resultados presentan un rango entre 1 y 0. El valor máximo indica una situación de perfecta homogeneidad electoral entre distritos. Por el contrario, el cercano a cero supondría que el partido solo concentra su apoyo en determinados distritos. Realizando el cálculo para todos los partidos de ámbito estatal con representación parlamentaria desde 1977 hasta 2011 el resultado es el siguiente:

Fijaos en el gráfico anterior. Por un lado, el PSOE demuestra una notable inelasticidad en la homogeneidad de sus apoyos. Gane o pierda elecciones y pese a que a nivel regional tiene claros “pozos negros” en determinadas comunidades, a nivel nacional obtiene resultados relativamente similares ponderando por distrito. El Partido Popular, por el contrario, es mucho más variable según el ciclo electoral. A medida Alianza Popular se ha ido convirtiendo en el Partido Popular ha ido mejorando en términos de nacionalización electoral si bien, incluso con claras mayorías absolutas en 2000 o 2011, ha quedado por debajo de los socialistas en esta dimensión.

Si os fijáis en los partidos minoritarios, Izquierda Unida presenta una notable variabilidad. Su retroceso más importante es en el 2000 y parece, pese a todo, que su evolución está desligada de su suerte electoral. En el caso de UPyD, por el contrario, ha medida mejora sus resultados a nivel nacional también incrementa su nacionalización, si bien se encuentra en la posición más baja de la tabla.

Visto este gráfico, está claro que los partidos políticos tienden a presentar niveles distintos de homogeneidad electoral tanto entre ellos como a lo largo del tiempo. De todas maneras, me gustaría resaltar dos ideas. La primera concierne al rol jugado por las instituciones. Por un lado, dado que llevamos con el mismo sistema desde 1977, es evidente que una constante no puede explicar la variación entre los partidos y que este elemento no juega rol alguno. Es más, si respondieran de manera racional a los incentivos del mismo y los partidos pequeños compitieran duro en los distritos grandes y no en los pequeños, se esperaría que la homogeneidad se redujera. Este no parece ser el caso viendo su evolución.

Pero por otra parte la descentralización política en España y la creación del Estado Autonómico es un proceso que podría incentivar que los partidos tendieran a concentrar sus apoyos de un modo más regionalizado. Los partidos estatales tendrían más tirón en sus respectivos feudos, lo que erosionaría su homogeneidad electoral y generaría la famosa “balcanización de España” también electoralmente. Pues bien, a tenor de la evidencia no parece ser el caso en las Elecciones Generales, aunque pueda ser otra cosa en el ámbito de competición regional.

La segunda idea que quiero resaltar es que, según parece, el techo de la nacionalización de los partidos estatales tiene mucho que ver con su capacidad de penetración en los subsistemas regionales de partidos. Es decir, que parece que los partidos estatales se homogenizan mejor cuando consiguen mejores resultados en los distritos donde compiten  con partidos regionalistas o nacionalistas. Si simplemente se suman los resultados de País Vasco y Cataluña se puede aportar cierta evidencia para esta hipótesis.

Por ejemplo en las elecciones de 2000, un pico de nacionalización del PP, este partido obtuvo un record de 51,1% de los votos sumando ambas comunidades.  Algo similar ocurre con el PSOE en 2008, en el que obtuvo un 83,5% sumando ambas comunidades, también algo inédito hasta la fecha. Por lo tanto, parece que por aquí van los tiros de un posible equilibrio variable en nacionalización de los partidos. Cuanto más te pareces al votante de estos distritos más homogéneos son tus resultados a nivel nacional.

Así que recordando la cita del principio creo que podemos darle la razón a Pepe Blanco cuando dice que el PSOE es, en cierta medida, el partido que más se parece a España. De todas formas ya se ha visto que el Partido Popular, con niveles más bajos de homogeneidad electoral, es perfectamente capaz de ganar Elecciones Generales. La pregunta entonces que deberían hacerse los partidos es cual es el equilibrio óptimo que deberían alcanzar para maximizar sus posibilidades de obtener la victoria. En todo caso una cosa está clara: a la vista de la evidencia, esta homogeneidad electoral mínima requerida es claramente superior para el PSOE que para el PP. Por lo tanto puede que para el partido socialista el hecho de “parecerse a España” sea, más que una virtud, una pura necesidad.