Hemeroteca Politikon - De lo posible

Leyes electorales y modificación del voto

29 Nov, 2011 - - @jorgegalindo

El PP de Madrid se ha lanzado a hacer una propuesta de cambio de ley electoral. La tenéis explicada por ellos mismos aquí. En pocas palabras, lo que proponen es:

(…) la creación de 43 circunscripciones electorales en la Comunidad de Madrid y la puesta en marcha de un sistema de votación en ‘doble urna’ que, inspirado en el modelo electoral alemán, permita elegir de forma directa un tercio (43) de los diputados de la Asamblea regional.

De este modo, cada madrileño en una primera urna podrá votar para elegir al candidato que se presente por su circunscripción. El recuento de los votos de esa primera urna supondrá la elección de 43 de los 129 diputados de la Cámara regional. En cada circunscripción, el acta de diputado la ganará el candidato que obtenga más votos.

Las reacciones no se han hecho esperar. Como es lógico ante un partido que tiene mayoría absoluta (y, seamos sinceros, a alguien a su cargo que encarna mediáticamente el Mal, independientemente de que lo sea o no), en un contexto en el que los sistemas electorales son tema estrella desde hace meses las suspicacias han saltado en seguida, como resortes. En un principio, muchos han dicho que favorecía al partido más votado, es decir, al PP, especialmente por la división territorial escogida. Pero el partido ha contraatacado con una simulación en la que se muestra que, aplicando su propuesta a los resultados de mayo de 2011, no ganarían ni un solo diputado. Pues qué bien. Todos contentos, si lo único que pretenden estos chicos del PP de Madrid es acercar a los electores y sus representantes, ¿no?

Hay un problema con eso de jugar a aplicar sistemas de repartos de escaños distintos, y es que al hacerlo se da por sentado que el elector va a actuar de la misma forma con un sistema que con otro. Es decir, que como agente no va a tener en cuenta las nuevas reglas para cambiar su actitud. Unas cuantas décadas de análisis social, político y económico nos enseñan que esto es bastante iluso en cualquier campo, y el electoral no es una excepción. Así que me voy a permitir el lujo de lanzar una hipótesis de cómo cambiaría el comportamiento electoral de cambiar el sistema, teniendo en cuenta que el elector tiene en cuenta el cambio para maximizar su utilidad («que gobierne la ideología/partido que quiero» + «que mi representante sea quien yo quiero que sea»), y teniendo también en cuenta que el elector no es un «agente racional» con información perfecta. Vamos, que no es que todos nos pongamos a leer la nueva Ley Electoral al dedillo y a leer papers para decidir el voto, pero sí somos conscientes de los cambios a
grandes rasgos y, especialmente, veremos en los medios el efecto que provoque tal cambio en la primera elección.

Mi hipótesis es, por tanto, de dos etapas: si el cambio tiene lugar, en la primera cita electoral con el nuevo sistema no se apreciarán demasiados cambios respecto a lo que habría pasado con el viejo. En la urna del distrito, al ser claro para el votante que solo el que más votos gane llegará a las Cortes, se favorecerá ligeramente el voto al partido mayoritario (y quizás al segundo, por oposición). En la urna general no tiene por qué notarse nada. Tras esta primera elección, y durante la Legislatura, se irá haciendo evidente y consolidando el nuevo tipo de institutional arrangement o relación entre elector y representante de la urna de distrito. En la segunda elección, candidatos y electores sabrán mejor cómo comportarse respecto al nuevo sistema, tendrán una forma de campaña más directa, y los partidos pequeños y medianos habrán entendido dónde invertir y dónde no. Por tanto, es probable que el efecto a favor del mayoritario se corrija, pero el bipartidismo aún se vea beneficiado. Como creo que el
debate y la percepción del elector se centrará en la urna nueva, el comportamiento en la «de toda la vida» (la general) se verá afectado por la misma: conforme el voto bipartidista se beneficie en la de distrito, el no-bipartidista subirá en esta. Porque los votantes de minoritarios se movilizarán mucho más, por efecto underdog, y porque puede darse fácilmente segmentación del voto en votantes, especialmente en la izquierda (pero también en el centro moderado), disociándose el voto en ambas urnas: el de distrito, paradójicamente, tenderá a ir a mayoritarios, mientras que el general podría disociarse hacia minoritarios para «compensar» con voto ideológico el voto personalista que ha ido hacia mayoritarios en la otra porque tienen más probabilidades (y capacidad de campaña).

En resumen: al medio plazo (más de una elección), tendremos dos efectos. En urnas de distrito, PP y PSM favorecidos. En urnas generales, ligero desvío hacia minoritarios. Es una mera hipótesis basada en especulaciones, y por tanto lo más probable es que sea errónea, pero sirve para ilustrar algo: pensar que el elector no se ve afectado por un cambio en la ley electoral es infra-estimarlo como ser estratégico, y considerar que va a cambiar su voto a las primeras de cambio considerando todas las posibilidades es sobreestimarlo. Pero al introducir una nueva ley electoral se incluye una modificación en un acuerdo general que rige un experimento repetido cada cuatro años. Pensar que el experimento no se verá afectado en sus resultados es ingenuo.