Algunos llevando clamando toda la tarde que la caída de Papandreu es una muestra del triunfo de los mercados. El primer ministro griego quiso desafiar a los poderes establecidos pidiéndole al pueblo que se pronunciara sobre el acuerdo que le habían impuesto, y estos, airados, han provocado su caída con un golpe de estado palaciego.

Esto sería una explicación creíble si el Pasok, el partido de Papandreu, es de hecho «los mercados». Los compañeros de partido del primer ministro han sido los que han pegado la puñalada a su compañero de partido, no los malvados especuladores de ultramar. Y lo han hecho no porque sean unos vendidos al capital o nada por el estilo, sino porque la conducta de su ex-jefe de filas era suicida, y poco menos que antidemocrática.

Sí, estoy hablando del referéndum, esa estrategia de negociación tremendista que pretendía someter a votación si los griegos querían salir del euro. La pregunta a los votantes hubiera sido si querían apoyar al primer ministro y aceptar un plan de austeridad, o salir de la moneda única sin preparación o ayuda externa, provocando una catástrofe económica. Someter a votación si uno quiere apoyar al líder o suicidarse no es realmente un modelo de democracia; es caudillismo en estado puro. Por muy intolerables que sean los términos del acuerdo para los griegos (y lo son – el actual rescate es insostenible), un referéndum así no tenía nada de democrático.

Lo natural en esta situación, y lo que han acabado pactando, es resolver las cosas de forma civilizada: respetar lo firmado en un acuerdo internacional, ya que un estado cumple su palabra, y decidir qué demonios quieren hacer en unas elecciones serias, abiertas y con más de dos opciones en la papeleta. En febrero los griegos podrán votar suicidarse económicamente apoyando a los comunistas, escoger entre dos forma de implementar el ajuste con los partidos centristas, o se decantarán por cualquier otro de los múltiples y excéntricos partidos de su arco parlamentario. Si los líderes de las formaciones no les convencen, podrán usar el estupendo (cof, cof) sistema de listas abiertas para apoyar a la facción del partido que sea se su agrado.

Y si entonces escogen largarse, y lo hacen de forma consciente y sin trampas, encantados. La patada en el culo que les dará en Alemania será épica.

La democracia representativa, mal que nos pese, es un buen sistema de gobierno. Una de sus ventajas, no del todo aparente, es que limita la capacidad de los gobernantes a sólo preguntar a los votantes aquello que les conviene; los políticos no deben poder dedicarse a lanzar dilemas imposibles al electorado para lavarse las manos de decisiones de las que ellos son responsables. En un referéndum son los gobernantes los que escogen qué se pregunta; en unas elecciones generales, sin embargo, son los votantes los que deciden qué políticos deben responder a los problemas del país.

La caída de Papandreu, entre dramática y ridícula, es una buena noticia. Los griegos decidirán, en febrero, qué quieren hacer con el país. La eurozona, mientras tanto, tiene tres meses de plazo para poder darles una respuesta satisfactoria. No sé por qué no soy demasiado optimista en que ni unos ni otros vayan a hacer algo que no sea espectacularmente estúpido.