Una de las cosas más cargantes de la crisis económica en España es que no hay ningún motivo por el que debamos estar así. Por mucho que la eurozona parezca estar dirigida por sociópatas incapaces de reconocer errores, por mucho que nuestra clase política a veces parezca tener las mismas virtudes que una cucaracha media (sucia, indestructible, increíblemente persistente, ligeramente idiota) y por mucho que el diseño del estado autonómico sea un modelo de legislación dadaista, el país tiene una serie de ventajas «de fábrica» ideales para generar riqueza. Es el misterioso mundo de la ventaja comparativa, cosas que hacemos bien, tenemos bien de serie o hemos construído los últimos años y deberíamos explotar salvajemente.

Como no todo debe ser miedo, dolor y pavor a estas alturas, y algún día tarde o temprano se acabará la crisis (si de Frau Mermelada Angela Merkel depende, tarde), no está de más repasar estos factores que nos distinguen, ya que pueden ser puntos de partida excelentes para el nuevo modelo productivo (TM). Veamos unas cuántas:

Obviedad número uno: el clima

No sé si recordaréis cuando hablaba del «milagro» de la economía de Texas hace unos meses, esos días en que me tomaba a Rick Perry en serio. Uno de los detalles más importantes de la historia americana reciente es el aumento de población en los estados del sur, gracias en parte a la inmigración recibida de otros lugares de estados unidos con climas mucho más fríos y cochanbrosos. Hay una correlación muy fuerte entre crecimiento de la población en un estado y horas de sol anuales; a la gente le gusta vivir en sitios donde hace buen tiempo. El aire acondicionado es el mayor motor de desarrollo económico de la historia de Arizona, realmente.

España, dentro de la Unión Europea, es de lejos el país con el mejor clima. Sólo Italia y el sur de Francia son remotamente comparables, y sus zonas con buen clima son bastante más pequeñas. Esto nos da dos magníficas, enormes ventajas. La primera, que en igualdad de condiciones una persona con ganas vivir en otro país de la unión probablemente prefiera mudarse a Valencia, Barcelona o Málaga antes que irse a Pilsen, Leipzig o Groningen. Una empresa española que esté intentando atraer talento puede permitirse ofrecer menos dinero a cambio de más calidad de vida. Segundo, y no menos importante, España es un país fantástico en el que ir a jubilarse, con solecito, una sanidad magnífica (y barata. Y con los países de origen de los viejecitos pagando las facturas) y vinitos buenos y baratos.  Cuando digo que debemos aspirar a ser la Florida de Europa no bromeo; es una industria que deberíamos desarrollar seriamente.

Para que ambas cosas funcionen, por cierto, es importante (vital) recordar una cosa: el precio de la vivienda debe bajar, primero, y debemos asegurar que hay oferta suficiente sin afectar (demasiado) la calidad de vida. Aún así, ser el país con el clima más agradable del continente es una ventaja gigantesca. Debemos explotarla a conciencia.

Es un país bonito:

Complementando el punto anterior, pero también importante: hay pocos sitios en el mundo que valen la pena visitar, y España es uno de ellos. El turismo tiene un peso bestial en nuestra economía, pero aún podríamos hacer las cosas mejor. No es cosa de «turismo de calidad»; es ser cada vez más un destino todo el año, no sólo en verano, atraer más turismo familiar, explotar regiones que aún reciben pocas visitas, crear más y mejores trampas para turistas en todo el país. Es incomprensible que España no tenga un Disneyworld a estas alturas, o algo parecido. El sector turístico es ineficiente. (relativamente) poco profesionalizado y con cientos de cosas que explorar. Turismo gastronómico. Gafapastas. Festivales. Campos de golf.

Nota al margen: ¿sabéis qué le iría muy bien a España por ahí fuera? Más películas de Woody Allen y similares. No os podéis imaginar la cantidad de americanos que dicen que quieren ir a Barcelona después de verla en el cine.

Una mano de obra bien preparada:

Nos cachondeámos mucho de la escasa productividad española y la horrenda calidad de las universidades nacionales es bien conocida. Eso no quita, sin embargo, que somos un país con una auténtica horda de gente con educación superior, y con salarios relativamente bajos en ello. Si el mercado laboral fuera más o menos racional, una empresa que buscara una horda de abogados, ingenieros o contables a buen precio lo tendría relativamente fácil… si la gente hablara inglés de forma aceptable.

Licenciados aparte, el sector industrial español, especialmente en las grandes empresas, es realmente estupendo. Ignorad a las PYMEs, la auténtica lacra del tejido empresarial español; cuando tenemos capital, recursos y organización en una compañía grande hacemos las cosas bien. Esto es, en no poca medida, porque el absurdo sistema regulatorio español favorece a las grandes empresas, pero esto no quiere decir que sean mancas, ya que pueden competir fuera con solvencia.

De nuevo, repito: una empresa que busca un buen sitio para fabricar cosas en la UE puede apostar con España con tranquilidad… siempre que arreglemos el horrible mercado laboral (ese que te deja escoger entre contratos temporales sin poder planificar a largo, o contratos indefinidos irracionalmente caros) y reduzcamos trabas burocráticas idiotas.

Infraestructuras y situación geográfica:

En los últimos años España ha invertido mucho dinero en infraestructuras. De hecho, quizás demasiado. Esto es malo desde un punto de vista fiscal (cuestan dinero que no teníamos) pero es bueno en el sentido que podemos matar moscas a cañonazos con ellas. Por ejemplo, es posible que España no necesite dos aeropuertos con capacidad para manejar 50-60 millones de pasajeros al año. Ya que los tenemos, sin embargo, podemos explotar nuestra capacidad para recibir vuelos intercontinentales con entusiasmo, y aprovechar que las ciudades con hubs aéreos importantes tienen ventajas serias. Es cuestión de dar la gestión de esos monstruos a alguien que quiera explotar el exceso de capacidad como cosacos (sí, hablo de privatizar) y ver dónde nos lleva.

Lo mismo podemos decir de nuestra (magnífica) red de ferrocarriles de alta velocidad. Ese exceso de capacidad puede dar precios realmente bajos a poco que se abra a la competencia. No sé a qué esperamos. Lo mismo se podría decir de la red convencional para mercancias… si el ancho de la red fuera el mismo que en Europa, y pudiéramos aprovechar todas esas líneas a medio utilizar para exportar. Tenemos que cambiar de ancho pronto.

Sobre situación geográfica, mirad el mapa: Gibraltar, Mediterráneo, Atlántico. Es un chollo.

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Estas son algunas ventajas a tener en cuenta – y fijaros que son todas obvias e inmediatas; no tenemos que gastar demasiado dinero para hacerlas aún más significativas. Si nos metemos en detalles más específicos de futurismo esotérico («puerta a América latina», «tecnología verde», «central solar de Europa», «bajitos y con mala leche») o cosas más simples como la demografía (población más joven que el resto de la UE, y más receptiva a la inmigración) podemos añadir más.

España realmente puede tener un futuro estupendo, a poco que hagamos las cosas bien. Y eso tiene bastante de dejarse de elefantes blancos y dejar que nuestras ventajas se impongan por sí solas, sin intervencionismos o castillos en el aire. Es una lástima estar donde estamos.