Economía & Pollo Financiero Global & Unión Europea

Haciendo lo imposible por evitar lo obvio

24 Oct, 2011 - - @egocrata

Los líderes europeos siguen en otra de sus cumbres para rescatar el continente del desastre, y siguen sin llegar a ninguna parte. La crisis de la eurozona se eterniza, y el centro de todo tenemos un grupo de dirigentes que parecen no entender qué narices está pasando.

Como dice Krugman hoy, Grecia no es el problema, o no es el problema central. Los griegos están en bancarrota, y lo único que queda por decidir es cómo lo hacemos oficial. Los mercados saben esto perfectamente, así que están anticipando ya las pérdidas de los bancos que han prestado dinero a Grecia, y con ello el coste para el resto de los estados de la eurozona de rescatarlos. Este coste recaerá, por encima de todo, en el estado francés, que tienen ahora mismo los peores bancos, pero también a fectará a otros. El dinero de los rescates vendrá primero de fondos nacionales y después del fondo de rescate europeo, que en teoría debería ser sólido como una roca.

El problema, claro está, es que todo el mundo teme que no lo sea. Si los franceses se comen un montón de pérdidas, ese fondo de rescate ya no es una fuente de dinero respaldada por una serie de estados solventes, y deja de ser creíble. Hay riesgo que el dinero no esté ahí, ya que alguna economía más vulnerable no pueda dar dinero. Y eso quiere decir que otros países con deudas altas, desconfianza general y muy poca capacidad de maniobra para rescatar sus bancos (Italia) dan miedo también. No hace falta decirlo, un rescate de la banca italiana sería insostenible para todo el mundo – y el mismo temor que eso pueda sucer está provocando un pánico a cámara lenta, con los inversores sacando dinero tan rápido como pueden.

¿Qué hacen los líderes europeos ante este problema? Un paquete con 100.000 millones de euros, suficiente  para cubrir… las pérdidas derivadas de una bancarrota griega. Es decir, la eurozona parcheará de forma chapucera los bancos para protegerlos de la caída de una economía minúscula, y no avanzará un paso más. Si alguien está nervioso sobre qué puede suceder si Francia tiene que poner demasiado dinero, Italia sigue teniendo problemas para encontrar alguien que le preste dinero o España tiene que nacionalizar medio sector de cajas de ahorros, nadie en la eurozona le ha dado la más mínima solución o consuelo. Todo lo que teméis seguirá siendo una posibilidad. Adivinad qué seguirá sucediendo, por mucho que Bruselas quiera mendigar al FMI.

Los problemas de la eurozona son, esencialmente, cómo prometer de forma creíble que alguien va a devolver el dinero. Si los países europeos pueden convencer a los mercados que el dinero estará ahí si algo va mal, los mercados dejarán de salir por piernas y no será utilizar los fondos de rescate. Merkel, sin embargo, lleva dos años intentando convencer a todo el mundo que todos esos países que se han portado tan mal los últimos años va a empezar a hacer los deberes a golpe de disciplina prusiana,  y quien no lo haga deberá pagar penitencia antes de ver un duro. «Portarse bien», sin embargo, no genera crecimiento a corto plazo, y aún menos cuando tienes a tus «amigos» europeos pegándote una paliza. No hemos visto mejora, y nadie en su sano juicio cree que los rescates estén ahí, en vista de la carnaza, y de la extraordinaria lentitud para alcanzar acuerdos.

Si falta dinero y los estados no son creíbles ya, ¿quién queda entonces? En condiciones normales, cuando un país sufre un pánico bancario (en este caso, una crisis de deuda pública cargándose los bancos), el banco central es quien pone orden. Si el estado no puede conseguir que alguien le preste dinero para salvar sus bancos, se imprime dinero de la nada y punto; el gobierno puede inyectar capital a los bancos (capital que recuperará total o parcialmente una vez pase el pánico) y el banco central recibirá lo suyo cuando toque. Un estado con un banco central moderno no sufre pánicos bancarios* – en la eurozona no deberíamos tener uno.

El problema es que Alemania no quiere que el BCE intervenga. El Banco Central Europeo, de hecho, lo tiene «prohibido» (es un decir – tiene mucha autonomía), y los alemanes temen como la peste que una intervención así provoque inflación y cree un precedente peligroso que convierta la eurozona en una república bananera a merced de su addición a la imprenta. En realidad, es muy probable que con la economía cayendo en barrena imprimir moneda apenas afecte la inflación, y si los precios subieran eso sería de hecho bueno.

Ángela Merkel mira a la eurozona, y ve una serie de problemas a largo plazo: paro en España, mercados ineficientes, estados con déficits estructurales, falta de disciplina fiscal. Arreglar esto es complicado; por mucho que pida cambios, no son cosas que una democracia pueda arreglar rápido. Lo terrible, y patético, es que los líderes europeos parecen estar todos obcecados en planificar qué haremos el 2020, cuando ella eurozona está desintegrándose ahora mismo, víctima de las dudas y falta de credibilidad de todo estos planes. Es patético, realmente, y no vemos más que parches.

(*): la crisis del 2008 y la caída de Lehman fue, en el sentido estricto, un pánico bancario. La Fed no rescató Lehman, sin embargo, porque era un banco de inversión, no un banco comercial, parte del shadow banking system que estaba haciendo operaciones bancarias pero fuera de regulación.