El funcionario griego es una víctima del sistema. Los malvados neoliberales de Bruselas, el FMI, Frankfurt, Zurich y la base secreta construída en el cráter de un volcán islandés odian estos orgullosos burócratas, y lo hacen con saña. Quieren destruirlos porque saben que todo lo bueno, próspero y maravilloso de Grecia es personificado en ellos. Son el último bastión de la justicia social:  lo único que se interpone entre los malvados banqueros y la tiranía de los mercado.

O al menos, esto es lo que he entendido tras escuchar todas esas voces que dicen que el plan de ajuste griego es intolerable, que la culpa es del sistema financiero y que aquí estan pagando griegos por pecadores. Es indignante, dicen, que Alemania no quiera darles dinero y punto, en vez de insistir en ir por el mundo intentando rescatar el sistema financiero mundial.

El pequeño problema es cuando uno echa un vistazo al estado griego con un poco más de detalle, y empieza a ver cómo funcionaba ese país. El NYT tiene un gran artículo explicando la vida y obra del sector público heleno, y los números son para enmarcar. Una quinta parte de la población activa del país (un 20%, repito) trabaja en el sector público. Esto es noticia primero porque hasta el año pasado el mismo gobierno no tenía ni puñetera idea sobre cuántos empleados tenía en nómina, así que tuvieron que hacer un censo. También es relevante porque un país como España, que no es precisamente la tierra del gobierno mínimo, uno de cada ocho trabajadores lo hace para la administración, un 9% de la población activa. Un porcentaje, por cierto, muy parecido al de Alemania. Sólo Francia, el campeón europeo de la burocracia desatada, tiene un módico 21% de la población activa trabajando para el estado.

Para haceros una idea, si España tuviera la misma tasa de funcionarios que Grecia, cinco millones de personas estarían en nómina del estado. Si la UE entera siguiera el modelo de gestión de ese país, más de cien millones de personas sería funcionarios. No está nada mal.

Hay más, no os preocupéis. El número de trabajadores públicos en Grecia se ha multiplicado por tres en los últimos treinta años. Ese terrible, draconiano, intolerable recorte de 30.000 funcionarios (que no son despedidos, sino transferidos a una «reserva activa» con un 60% de su sueldo) representa un 4% del total de trabajadores estatales. Un problema tremendo, y más si se tiene en cuénta que los funcionarios en sitios como el parlamento tienen que hacer turnos ya que no hay sitio para que quepan todos, habiendo más burócratas que poltronas.

Lo más divertido, obviamente, es que los funcionarios griegos que andan protestando con entusiasmo sean vistos por algunos como un símbolo de resistencia a los mercados. El problema de Grecia no son los banqueros alemanes, sino que es un país horrendamente gobernado al que le hemos reído todas las gracias.

Tenemos que rescatar Grecia de un modo u otro porque es la única manera de salvar la eurozona. Pero es algo que tenemos que hacer porque nos favorece a todos, no porque los griegos merezcan recibir dinero público por su extraordinario talento gobernando.