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Por qué unos indignados me merecen más respeto que otros

14 Oct, 2011 - - @egocrata

Hoy por Twitter alguien me preguntaba por qué parece que me estoy tomando las protestas en Estados Unidos mucho más en serio que las movilizaciones post-15M en España. La respuesta, creo, se puede resumir en una foto:

Sí, tenemos un tipo en una manifestación con una pancarta con un gráfico con evoluciones de renta por grupos, y tiene el detalle de poner que es a dólares constantes del 2007, y su fuente es la CBO.  No es que todos los manifestantes sean frikis que leen Politikon o equivalentes todas las mañanas (ni de broma), pero la idea central del movimiento es sólida, y el aumento de la desigualdad es realmente increíble.  Los americanos tienen motivos para estar indignados, y el mensaje de «somos el 99%» es claro, concreto y centrado en un problema grave: la clase media americana lleva 30 años recibiendo sólo migajas, mientras que unos pocos se llevan todo el pastel. En un país donde las propuestas del partido mayoritario en el Congreso incluyen subir los impuestos a los pobres y bajárselos a los ricos (el dichoso 9-9-9 es exactamente eso), lo raro es que la gente no esté perdiendo los nervios.

Los españoles, por supuesto, tenemos aún más motivos para estar cabreados. La tasa de paro es catastrófica. Toda una generación de jóvenes está viendo su futuro completamente eliminado. Los servicios públicos, aunque mejores que en Estados Unidos (no es difícil), están lejos del nivel Europeo. El país ha sufrido una tremenda burbuja inmobiliaria que incluía amplias dosis de irresponsabilidad financiera de las cajas de ahorros, corrupción urbanística e incompetencia política a todos los nivel. Ante todos estos problemas, tenemos un gobierno completamente paralizado, aprobando reformas tímidas, torpes y horriblemente incoherentes, mientras que la clase política europea se esfuerza en complicar aún más las cosas con su reacción confusa, cobarde e incomprensiblemente lente a la crisis financiera. Hay razones para protestar de sobra, de eso no hay duda.

El problema, sin embargo, es que el 15-M se ha dedicado a quejarse de todo menos de temas importantes. La absurda obsesión de algunos con la reforma de la ley electoral es un ejemplo claro, igual que el supuesto aumento de las desigualdades (nota: España es una rara excepción en este aspecto – antes de la crisis estaban disminuyendo)  pero lo que realmente me puede es la completa, total y cerril oposición a toda reforma estructural que alguien se atreva a mencionar.

A estas alturas de la película supongo que deberíamos empezar a sospechar que todas esas curiosas leyes herencia de tiempos pasados que nos hacen únicos en Europa (desde la indemnización por despido hasta los horarios comerciales, pasando por las licencias de farmacia, burocracia, cajas de ahorros y demás parafernalia) algo deben tener que ver con el absoluto desastre que es nuestra economía. Sin embargo, escuchando al 15-M, Izquierda Unida o la espeluznante historia de una organización de consumidores que se opone a poder consumir en domingos, parece que todo, absolutamente todo lo que ha sucedido es culpa de otro factor secundario, externo y rebuscado que nada tiene que ver con la legislación vigente. Si el paro es alto es culpa de los empresarios, si los empresarios son malos es culpa de los bancos, si los bancos son malos es culpa de los gnomos de Zurich, y el déficit se irá mágicamente cuando todo crezca gracias a un plan de estímulo fiscal y la dación de pago.

Y no, no estoy haciendo caricatura. Aún no he visto ninguna reforma propuesta desde la verdadera izquierda que no pueda resumirse en «castigar a malhechores y banqueros» y «mantener nuestros derechos sociales de la era franquista». El único punto en que han mostrado cierta coherencia es cuando dicen que el déficit se puede recortar subiendo impuestos, aunque eso siga siendo una solución horriblemente fantasiosa. El problema de España no es fiscal, es de crecimiento, y hasta que hagamos reformas para que la economía crezca no hay subida de impuestos a los ricos que nos saque de este pollo.

Sí, la clase política española es un problema serio, y la verdad, cuando te encuentras cosas como estas dan ganas de coger el avión y soltar dos bofetadas a según que gente, pero la cosa no se reduce a eso. España es un país con un montón de leyes increíblemente estúpidas, y cualquier movimiento de protesta mínimamente decente debería estar pidiendo reformas como posesos, no intentando cargarse cualquier cosa que huela a neoliberalismo de los mercados de forma irracional.

El problema de la economía americana no es estructural*. El problema es la brutal redistribución de riqueza hacia arriba, y como siempre parecen ganar los mismos. Hay un problema real, se piden cambios reales, la protesta tiene sentido. El problema de España, sin embargo, es que tenemos un montón de leyes que impiden que la economía crezca, y aquí parece que quien las defiende con más entusiasmo son los que están tan cabreados porque haya miseria. El país tiene que cambiar, pero las protestas son para oponerse a esos cambios.

*: Estados Unidos tiene potencialmente un problema estructural serio en política energética, dada su enorme dependencia en combustibles fósiles, primero, y el hecho que su economía es muy intensiva en energía. Pero ese es otro tema.