Tyler Cowen, uno de mi blogueros americanos preferidos, es acusado a menudo de pesimista, algo que me suena bastante familiar. Este fin de semana alguien me preguntaba si realmente veo todo tan negro y creo que el futuro que se nos avecina es un largo y horrible túnel. Bueno, no todo es horrible, o al menos eso creo, así que haré como Cowen y otros autores americanos estupendos que sigo a menudo, y haré un listado rápido de motivos para el optimismo y luces al final del túnel (*). Veamos:

A. La mayoría de países en vías de desarrollo:

Ya he comentado alguna vez que los últimos años han sido fantásticos para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta, por mucho que en occidente no nos hayamos dado cuenta. Creo que esta tendencia está aquí para durar.

Dos motivos. Primero, las políticas públicas de gran parte del planeta han dejado de ser experimentos horribles en ingeniería social. China ha abandonado el comunismo;  Brasil e India han dejado de lado el capitalismo dirigista planificado que tanto adoraban; la mayoría de países del sudeste asiático han abrazado la globalización con un entusiasmo increíble. Abrir mercados, montar un estado más o menos competetente y apostar por ligar tu economía al sistema internacional quizás no suenen como grandes recetas, pero han funcionado bien. En el caso de Brasil, de hecho, incluso lo han hecho con unas políticas de redistribución de renta considerables, demostrando que la ortodoxia económica no está reñida con la justicia social.

Segundo, la época de las materias primas baratas ha pasado. Con más de 2.000 millones de personas saliendo de la pobreza a marchas forzadas, la demanda mundial de hierro, cereales, cobre, madera y demás no hará más de crecer. Ahora mismo, quien no exporta es por que no quiere, y con la cantidad de potenciales consumidores ahí fuera, uno tiene que ser muy tonto para no conseguir capital externo. Es cierto que depender de las exportaciones de materias primas es peligroso (que le pregunten a Venezuela), pero dinero es dinero – y con tanta gente saliendo de la pobreza, hay demanda de otros productos para todos.

B. La transición energética:

Hay muchas voces muy pesimistas sobre la llegada del peak oil, el final del petróleo barato. Algunos hablan del coste de la energía como un «techo» sobre el crecimiento económico global; si el barril de crudo pasa de un determinado nivel, nos estancamos inevitablemente. A esta preocupación, me gustaría contestar con este gráfico – consumo de petróleo por cápita en varios países del mundo:

¿Veís un patrón claro? El consumo de energía por habitante crece forma sostenida en todo el mundo hasta los años setenta. Tras la crisis energética, el crecimiento se detiene; al cabo de unos años empieza a disminuir. Si miramos el crecimiento económico de los países desarrollados en las cuatro últimas décadas, veremos que somos mucho más ricos que hace cuarenta años, y somos capaces de producir este nivel de bienestar consumiendo bastante menos energía. Lo más relevante, esta reducción la hemos conseguido sin tener una política energética mínimamente racional; con un impuesto sobre emisiones decente (y un arancel asociado) podríamos estar reduciendo estas cifras aún más.

El consumo mundial de crudo no va disminuir, pero las subidas de precios no tienen por qué matar la creación de riqueza. La economía mundial es mucho más flexible de lo que queremos creer. Ah, por cierto; las tasas de crecimiento de los setenta fueron, en muchos sitios, mayores que en los ochenta y dosmiles. La inflación es impopular, pero si es moderada no afecta las tasas de crecimiento demasiado.

C. La eurozona (si sobrevive hasta el 2012):

Es bien conocida mi cabreo continuo con los increíblemente torpes líderes de la eurozona, pero a medio plazo soy (relativamente) optimista. Si Merkel, Sarkozy y compañía no consiguen hacer que todo se vata a tomar por saco de aquí a diciembre (crucemos los dedos), la gran ventaja comparativa de occidente entrará en acción el año que viene, y las cosas irán a mejor.

¿A qué me refiero? Democracia. Los votantes no saben mucho de economía (todo el mundo quiere presupuestos equilibrados, inflación baja y austeridad porque es de «sentido común», y así lo reflejan las encuestas), pero entienden perfectamente que cuando las cosas van mal, alguien tiene la culpa. Eso quiere decir que tanto Zapatero, como Merkel, como Sarkozy, como Berlusconi tienen números de hacer maletas en los próximos meses… y sus substitutos tendrán un amplio margen de maniobra para hacer exactamente lo contrario que sus antecesores una buena temporada y que les den el beneficio de la duda.

Sigue siendo un problema complicado. Potencialmente intratable. Pero hay salidas, y espero que la nueva generación de líderes europeos sepan encontrarlas. O en el caso de los socialistas franceses, sean capaces de escuchar a DSK en sus ratos libres y le hagan algo de caso (el tipo será un cretino, pero entiende qué está pasando… algo inusual en el PSF).

D. Estados Unidos:

El sistema político americano es horriblemente disfuncional, pero Estados Unidos tiene unas cuantas ventajas importantes sobre el resto del mundo desarrollado. Para empezar, su población está creciendo, algo que la mayoría de países europeos (y China – algo que será un problema a medio plazo). Por mucho que los republicanos hablen como idiotas en temas de imigración (algo que se les pasará tarde o temprano), los americanos son infinitamente mejores que los europeos en este aspecto, y seguirán siendo más receptivos que el resto del mundo. Las universidades y empresas del país son un enorme imán de talento a escala global, algo que van a seguir explotando. Por añadido, la economía americana es realmente flexible, su principal problema de costes (sanidad) está en visos de se ser reformado y sus instituciones, aunque muy torpes a la hora de legislar, son las de una area económica estupenda: leyes estables, un banco central efectivo, gobierno (bastante) limpio, buena regulación.

Cuando finalmente se decidan a arreglar los dos problemas principales de la economía (demanda escasa y el horrible mercado inmobiliario), tienen todo lo necesario para crecer de nuevo.

E. Democracia liberal:

Es algo que supongo que tendré que desarrollar en un artículo posterior, y que enlaza con el punto A: Fukuyama tenía razón. Cives lleva tiempo hablándome de eso, y creo que ha acabado por convencerme. La democracia liberal y el capitalismo han triunfado; es el final de la historia. Basta con echar un vistazo a sitios como Libia, o incluso Rusia. Los régimenes autoritarios actuales deben al menos simular ser un régimen abierto, y, con muy contadas excepciones (petroestados) sufren unas presiones considerables para ir aumentando la participación. No hay un discurso alternativo, no hay otro sistema con un discurso legitimador creíble.

A Fukuyama se le malinterpreta a menudo, así que supongo que Cives (cof cof) explicarás este punto mejor. Aún así, creo que en el futuro veremos más democracias, no menos. Y eso es una buena noticia.

——————–

Mañana, si tenéis ganas de llorar, puedo escribir una artículo parecido hablando de la otra cara de la moneda: qué problemas económicos y políticos a largo plazo me tienen preocupado y me vuelven pesimista. La lista es larga, pero menos de lo que parece.

(*) Si ves una luz al final del túnel, es el tren que viene de cara, ya lo sé. Sabéis que me equivoco a menudo.