Uno ya se cansa de escribir sobre pánicos financieros en la eurozona. Desde principios de este año tengo la sensación que he escrito el mismo artículo, con ligeras variaciones, dos o tres veces al mes, o incluso más a menudo. Todo el mundo sabe qué está sucediendo en la eurozona, y todo el mundo es perfectamente consciente sobre dónde están los problemas, la causa de todo este nerviosismo y cómo arreglarlo.

Bueno, todo el mundo, menos la clase política europea, que sigue debatiéndose entre el pánico, nihilismo, liquidacionismo ortodoxo neohooverita, adoración de los Dioses primigenios o elaboradas danzas rituales para esconder la cabeza bajo el ala. La canciller que debería liderar cualquier iniciativa de reforma se ha pasado dos años diciendo que esta vez sí todo está bajo control, y lo único que ha sacado es una salvaje derrota electoral detrás de otra. Mientras, el resto de jefes de gobiernos se pasa la vida sollozando desconsoladamente intentanto contentar a un gobierno aleman que realmente no parece saber qué está pasando, contemplando sus horripilantes números en las encuestas mientras repiten en un rincón que nada de todo esto es culpa suya.

John Lanchaster tiene un resumen excelente* sobre lo que está pasando. La eurozona tiene un país (Grecia) que es insolvente. Todo el mundo sabe que son insolventes, y no importa cuántos rescates enviemos a Atenas, la quiebra es inevitable. Ayer la deuda a doce meses se pagaba por encima del 70% de interés (y a dos, un «modesto» 50%); el país está muerto. Una quiebra provocaría, de forma inevitable, una bancarrota inmediata de todo el sistema bancario heleno, con un pánico bancario monumental, una imposición de controles de capitales (un corralito) y una salida descontrolada del euro.

Los bancos del resto de la eurozona que tienen deuda griega se levantarán al día siguiente con un boquete descomunal en sus balances, tanto dentro como fuera de la eurozona. Es posible, incluso probable, que estas pérdidas hagan que alguno de estos bancos pase a ser insolvente, así que debería ser rescatado (si un banco quiebra sin control, todo el mundo que tiene dinero puede perderlo – y no queremos que eso suceda), seguramente vía nacionalización. Esto puede abrir agujeros importantes en presupuestos públicos, especialmente en los países más «sanos» fiscalmente del continente (Alemania y Francia). Apoyar a otros países con problemas presupuestarios es de repente mucho más complicado;  Irlanda, Portugal y el resto del pelotón con déficits incontrolables estarían sólos. Si alguno se la pega, otros bancos se llevarían un tarrascazo, y el ciclo seguiría hasta que no quedara piedra sobre piedra.

Hace un año, evitar esta cadena de acontecimientos no hubiera sido demasiado complicado. La eurozona necesitaba crear un sistema fiscal común, donde los países en problemas eran rescatados de forma colectiva con deuda común (moneda única, deuda única) a cambio de una perdida de soberanía de aquellos que se portaran mal. Es el federalismo europeo que piden líderes europeos pasados (a buenas horas); algo impopular, difícil de vender y probablemente suicida políticamente, pero imprescindible si queremos salir del agujero.

Hay muchas maneras de hacer esto, algunas indirectas (un seguro de depósitos bancarios europeo, por ejemplo, es especialmente elegante), otras complicadas (eurobonos), otras tan sutiles como una cachiporra (Estados Unidos de Europa ya); no es por falta de métodos. Por descontado, nadie parece querer afrontar el problema, así que dos añitos después del inicio de la crisis, el problema sigue siendo el mismo, pero puede que estemos llegando demasiado tarde: no hay tiempo para pergueñar una solución que evite que Grecia quiebre, y con ello se active la máquina del juicio final. Y cuando todo parece señalar que los dos países que están a punto de reventar el invento (Italia y Grecia) son perfectamente conscientes que su posición negociadora es imbatible (si no les ayudamos, destruyen el mundo), aún peor.

Los líderes europeos parecen estar empezando a hablar, puertas adentro, sobre algunos pasos radicales hacia la unificación. El New York Times explicaba hoy como algunos funcionarios del Departamento del Tesoro americano repartían con sorna copia de los Artículos de Confederación de 1781 a sus colegas europeos; un recordatorio de los graves problemas que precedieron a la creación del gobierno federal en Estados Unidos. Hay rumores que dicen que Grecia verá su soberanía fiscal completamente eliminada antes que acabe el año, cumpliendo con lo que Politikon pedía no-del-todo-en-broma hace unos meses.

La única esperanza, si hay alguna, es que dado que todo el mundo sabe que Grecia iba a palmar tarde o temprano, los genios de las finanzas en todo el mundo han cubierto sus pérdidas, contratado CDS y demás arreglos de emergencia para que cuando venga el morrazo el efecto sea limitado. En vista del «talento» de los genios de finanzas de todo el mundo en los últimos años, sin embargo, no apostaría por ello.

*: enlazo artículos en inglés porque entiendo que cualquiera que quiere seguir qué está pasando en la eurozona debe poder leerlo sin problemas. Llamadme arrogante, pero me temo que es lo mínimo. Si no, Google Translate (integrado en Chrome) es bastante competente, la verdad.