El PP ha mostrado sus cartas, presentado su plan de ajuste particular para Castilla-La Mancha. Los medios conservadores han visto sangre de funcionario derramada, y braman entusiasmados. La izquierda ve rebajas de gasto sin subidas de impuestos, y habla de muerte del estado de bienestar.

La realidad es, me temo, un poco más confusa… en gran medida por que aún no sabemos gran cosa. La lista de Cospedal es larga, pero no es especialmente detallada; la mayoría de recortes de la lista pueden ser perfectamente razonables o  horriblemente injustos, según cómo sea la letra pequeña. La cifra ofrecida por el PSOE sobre pérdida de puestos de trabajo (15.000) es a estas alturas completamente arbitraria; según se hagan cuentas puedes tener de 36.000 a incluso crear puestos de trabajo, según los supuestos que tengas en mente.

Empecemos por algo obvio: hay gasto público que realmente no sirve para nada, y recortarlo es de hecho bueno para la economía. Tener 200 profesores de año sabático puede que sea algo estupendo para esos profesores, pero es bastante probable que tenerlos en el colegio dando clases sea mejor gasto. La clase de gente que ocupaba altos cargos redundantes («secretario de delegado de consejería») casi seguro generarán más PIB en una empresa privada que perdiendo el tiempo haciendo la pelota al político de turno. La lista presentada por Cospedal (si es cierta) incluye una cantidad demencial de gasto público realmente estúpido; el gobierno está recaudando dinero y utilizándolo para tonterías. El estado es muy efectivo cuando hace lo que sabe hacer bien – salir de las tontadas más obvias es necesario.

Dejando esta obviedad de lado (que con las tonterías que uno escucha, a veces parece necesario repetirlas), merece señalar algunas cosas. Los recortes en la educación parecen haber sido especialmente polémicos, pero no creo que sean para tanto. Aumentar un 10% las horas de docencia semanal no es, ni de coña, un horror espantoso que dejará al profesorado sin capacidad para repasar las ecuaciones de segundo grado antes de dar clase. Dejando de lado que la correlación entre gasto en educación y calidad de la enseñanza es minúscula, no estamos pidiendo que los profesores bajan a la mina a cavar con las uñas, la verdad. Podemos criticar la eliminación de la oficina de evaluación, si queremos, pero no tengo ni idea a qué se dedicaban. El problema de la educación en España no parte de falta de presupuesto o exceso de carga lectiva de los profesores (pista: el problema está en preescolar y primaria), y este cambio puede ser una forma decente de ahorrar sin tener que hacer barbaridades.

El otro capítulo que ha armado revuelo, la sanidad, no nos deja decir gran cosa. Aquí Cospedal apenas ha dicho nada, así que abalanzarse a criticar no es demasiado razonable. Si (por ejemplo) estamos racionalizando el gasto cerrando un quirófano en una zona poco poblada que se utiliza sólo unas pocas horas al día para concentrar el servicio en otro usado mucho más intensivamente, estamos haciendo algo que puede mejorar el servicio y ahorrar dinero. Si estamos privatizando dicho quirófano a un amiguete y después pagando extra para hacer lo mismo que hacíamos antes, obviamente no.

Lo que me parece relativamente claro, sin embargo, es que los números presentados hoy no cuadran: no llegan a 1.700 millones.  La lista de recortes no llega a tanto. Cospedal ha puesto sobre la mesa los recortes fáciles, ha lanzado a los maestros a los leones (es fácil señalar sus privilegios) pero no ha explicado todo. O hay cosas que no ha contado, o la cifra general es demasiado generosa, me temo. No que sea una sorpresa.

Dos notas finales: primero, la falta de subidas fiscales me parece un poco preocupante. Las autonomías tienen una capacidad recaudatoria limitada, ciertamente, y no sé si Castilla- La Mancha recauda mucho o poco (¿por qué no hay una buena comparativa de impuestos autonómicos en ningún sitio?), pero centrar un ajuste fiscal sólo en recortes de gasto no es sólo injusto, sino que es ineficiente. Si tu política fiscal va a ser contractiva por necesidad  (no hay dinero), cerrar el agujero recaudando entre aquellos que no van a gastarlo (rentas altas) afecta menos a la economía que retirando dinero que se está gastando ahora mismo. Por muy razonables que sean todos los recortes (y eso es mucho suponer), el daño a corto plazo es mayor que si se utilizan impuestos.

Segundo, vale la pena recalcar la completa y total irracionalidad que podamos despedir interinos, pero que los funcionarios sean completamente intocables. Un funcionario debe ser difícil de despedir por parte de un político, no lo niego; queremos que sean independientes, etcétera. Lo que es absurdo es que sean intocables. Si un colegio tiene que reducir plantilla, lo natural es conservar a los mejores profesores, no a los que tuvieron potra y se presentaron a oposiciones cuando salían plazas.