Economía & ingeniería institucional & Política

Reforma constitucional: buena, por irrelevante

26 Ago, 2011 - - @egocrata

Tenemos reforma constitucional, parece, y es bastante mejor de lo que esperaba. Y lo es por dos motivos muy simples. Primero, usa los términos adecuados para evitar problemas demasiado espantosos. Y segundo, es de hecho bastante irrelevante.

Primero, el lenguaje: la palabra más importante en esta reforma es la palabra “estructural”. Como señalan por NeG, esto se refiere a que la constitución exige que no nos fijemos en la cifra absoluta del déficit, sino en una ajustada al ciclo económico. Esto quiere decir que sólo estamos obligados a tener un presupuesto equilibrado cuando la economía está en una situación “normal”; en caso de recesión, el aumento natural de déficit debido a estabilizadores automáticos (subsidios de desempleo, gasto social adicional, etcétera) no cuenta como déficit, ya que no es un gasto permamenente.

Esto quiere decir que, aunque hablemos de presupuesto equilibrado, estamos mirando el gasto a lo largo del ciclo económico. Si la economía va mal, el gobierno puede ver la caída de ingresos y aumento de gasto público como un problema temporal, sin que esté obligado por ley a reducir el déficit. Es un detalle muy importante, que hace que la reforma sea de hecho sea bastante aceptable. Decir que esto “consagra el neoliberalismo” es una soberana estupidez.

El segundo punto es casi igual de importante: la constitución no crea un techo de déficit, sólo la obligación de tener una ley orgánica sobre el tema. Ya hemos visto que la ley debe cumplir con un criterio de déficit más que razonable, así que el texto no será realmente demasiado malo de entrada. Aún así, recordad: es una ley orgánica en un sistema parlamentario donde el partido del gobierno casi siempre tienen mayorías suficientes para aprobarlas. De entrada tendremos un déficit estructural (repito: a lo largo del ciclo) del 0,4%, una cifra bastante arbitraria, ya que entrará en vigor el 2020, pero el gobierno de turno puede cambiar este techo sin demasiado problema.

A efectos prácticos, esto hace que la reforma constitucional sea (casi) un brindis al sol. El partido gobernante podrá decidir con bastante calma qué nivel de gasto público quiere, y lo único que tendrá que hacer será codificarlo en una ley que diga explícitamente cuál es su techo de déficit. La reforma preserva el derecho a comportarse como un psicótico irresponsable sin ningún interés por el futuro económico del país (la postura oficial de la izquierda verdadera estos días, creo) casi intacto; la única obligación adicional es poner tu plan en papel.

Aún así, el hecho que el gobierno esté obligado por ley a definir qué nivel de déficit tiene autorizado no es algo completamente irrelevante. Para empezar, esto va a colocar la política fiscal en el centro del debate público cada vez que alguien quiera cambiarla, ya que tendrás una votación explícita cuando alguien quiere relajarla o endurecerla. La ley también obliga a hacer explícito el mecanismo de cálculo para déficits estructurales, algo que (espero) abra la puerta a crear una agencia independiente que se dedique a controlar las cuentas públicas de forma decente. Aunque los gobiernos aún tendrán muchísima flexibilidad, ahora deberán explicar con cierto detalle su visión fiscal a largo plazo, y están obligados a que no sea un desproposito estilo griego.

Es necesario recalcar, todo sea dicho, que esta obligación constitucional es algo que ya teníamos; no es ninguna novedad. Los tratados europeos (que tienen rango constitucional) tienen esta misma obligación, con una techo de déficit (3%) más que explícito. En el fondo sólo estaremos poniendo en la constitución algo a lo que ya estamos obligados. El día que esto entre en vigor, no estaremos cambiando casi nada.

Un último detalle, por cierto: el PP ha sido flexible, por una vez. Supongo que temían ser visto como irresponsables, pero al menos han demostrado no ser completamente cafres. Es algo. Y como decía el otro días, esta no es una reforma urgente, ni de lejos; el problema de España no es fiscal, es de crecimiento económico. Esto no hace nada para arreglarlo.