Sociedad

El peligro de las narrativas infundadas

12 Ago, 2011 - - @kikollan

Alrededor del mundo del fútbol se teje todo un entramado de narrativas plausibles, pero sin fundamentar y de evidencia débil. Lo sucedido en un partido, las razones del éxito y el fracaso, o el valor de un gol, todo acaba siendo explicado con relatos sencillos que la prensa articula y que los aficionados propagan. Son lo que Gladwell llamaría «ideas pegajosas». Esas narrativas tienden a la exageración, son simplistas, e infravaloran la incertidumbre y el azar. Además es evidente que algunas son más pegajosas que otras —por muchas razones—, y esas son las preferidas por la prensa y los aficionados… y acertadas o no, por eso proliferan.

Un ejemplo clásico es el gusto por los duelos antagónicos. La historia más vieja del mundo es la guerra entre el bien y el mal, pero en el deporte se prefiere su versión sin villanos: el duelo entre los opuestos. Es una narrativa estupenda porque pone en conflicto algo superior, dos ideas, dos filosofías, y casi dos concepciones del mundo. Esa es la razón por la que la prensa enfatiza los elementos antagónicos entre Real Madrid y FC Barcelona, pese a que entre ambos clubs hay más similitudes que diferencias (por ejemplo, sus presupuestos son prácticamente iguales).

Otro ejemplo lo pudimos ver esta semana cuando TVE anunciaba el partido España-Italia. El presentador lo describió como un duelo entre el anti-fútbol (italiano) y el juego bello (español). Asociar el fútbol sublime con nuestra selección es una narrativa que ha tenido mucho éxito… pero que ignora ciertas evidencias, como que España ganó el mundial marcando poquísimos goles.

Supongo que algunos os preguntaréis donde está el problema; al fin y al cabo se trata de fútbol, ¿qué importa si nos gustan las buenas historias, si preferimos la épica y las parábolas exageradas? Es sólo un espectáculo. Y tenéis razón, que el fútbol se adorne con leyendas no es un problema.

Lo grave, sin embargo, es que la proliferación de narrativas infundadas ocurra también con asuntos políticos, económicos, o sociales, y en casi cualquier otro ámbito relevante. Es en esos dominios donde la proliferación de errores «pegajosos» es peligrosa. El fútbol y sus ficciones son sólo la advertencia.