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Cuando la deuda pública se carga a los bancos

4 Ago, 2011 - - @egocrata

En esta recesión los problemas bancarios casi siempre han ido en una sola dirección: un banco toma riesgos excesivos, apuesta hasta la camisa en algún engendro financiero extraño, y pierde lo que no tiene. El gobierno de turno debe escoger entre intervenir el banco (nacionalizándolo) comiéndose todas las pérdidas, o inyectarle capital a base de préstamos más o menos forzosos para evitar que se hunda y el estado se gaste un pastizal garantizando sus depósitos. Ambas cosas tienen sus ventajas e inconvenientes, y pueden salir más o menos bien. Irlanda nacionalizó y acabó arruinándose, Reino Unido y Alemania hicieron lo mismo y salió más o menos bien, Estados Unidos y Francia inyectaron capital y no funcionó mal del todo.

En España, gracias a una regulación financiera draconiana, los bancos realmente no necesitaron demasiada ayuda, aparte de unos pocos préstamos (devueltos con intereses) en esas semanas de terror a finales del 2008 / principios del 2009. Las cajas de ahorros, sin embargo, han sido otra cosa, con el gobierno viéndose forzado meter dinero en las que menos mal estaban y nacionalizando unos cuántos casos catastróficos. El estado no ha gastado apenas nada en proteger a los bancos privados (nunca estaremos lo suficiente agradecidos a Luís Ángel Rojo), aunque ha tenido que poner un buen pico en rescatar ese invento tan hispánico que eran las cajas públicas. Por fortuna, las cajas son relativamente pequeñas, y podemos hacernos cargo de ellas, así que hasta aquí bien.

El deterioro de las cuentas del estado, sin embargo, va camino de crear otra crisis bancaria, pero esta vez en el sentido contrario. Según el precio de la deuda pública cae en picado (recordad, suben los intereses, baja el precio), los bancos españoles e italianos, que tienen un montón de ella en sus libros, sufren pérdidas contables: el valor de sus préstamos es menor. Si una entidad finaciera necesita dinero (una pensionista va al cajero a sacar sus ahorrillos), lo que hace normalmente es vender alguno de sus activos, como bonos del tesoro; si la deuda vale menos, el banco lo tiene más complicado para conseguir liquidez cuando la necesita.

En condiciones normales eso no es problema, ya que los depósitos bancarios están explícitamente garantizados por el estado. Si una entidad financiera quiebra, el Fondo de Garantía de Depósitos me devolverá mis ahorros, así que no tengo que preocuparme. Sin embargo, un país como Italia, endeudado hasta las cejas, puede que no sea capaz de hacer eso si un banco especialmente grande cierra, así que los clientes más paranoicos quizás decidan invertir en colchones o en francos suizos.  Si a este temor a que el gobierno no pueda afrontar una quiebra le sumamos el hecho que la misma situación fiscal del sector público está deteriorando el balance de los bancos, tenemos potencialmente un problema importante.

¿Por qué explico esto? En Grecia esto ya ha sucedido, esencialmente; los bancos del país son zombies del BCE. Por lo que comentan por aquí, es problema serio en muchos bancos italianos (el estado italiano tiene la mayoría de deuda con entidades locales), y puede ser un problema grave para el BBVA en España. No hace falta decir que un banco con pérdidas es un banco que no presta demasiado dinero, haciendo aún más complicada la recuperación.

El agujero, sin embargo, no sólo se limita a entidades de países con aprietos fiscales; los bancos del resto de la eurozona están también pasando un mal rato. El gobierno francés o alemán puede que sean capaces de rescatar sus bancos si la deuda española se convierte en papel mojado, pero esto no quiere decir que todos esos bonos del tesoro no estén perdiendo valor. Los clientes de esas entidades financieras quizás no teman perder sus ahorros, pero las pérdidas limitarán el crédito. Si las cosas en la periferia se ponen especialmente mal, sin embargo, el fantasma de un banco francés abriendo un agujero en las cuentas francesas puede hacer daño a la credibilidad de Francia, y repitiendo el mismo escenario. Estos temores están empezando a aparecer por ahí fuera, complicando cada vez más las cosas.

¿Cómo evitamos que este problema (y van…) acabe por precipitar otra crisis financiera, destruir el euro, etcétera? Para algunos observadores como Tyler Cowen este es de hecho el problema central de la eurozona, y cree que si rompemos esta cadena de transmisión entre crisis fiscal en un estado y hundimiento de sus bancos estaríamos dando un paso tremendo en la salida de la crisis. La solución obvia (y políticamente complicada, aunque menos que la unión fiscal / eurobonos) es hacer que el fondo de garantía de depósitos (y el sistema para intervenir bancos en quiebra) sea europeo, no nacional.

Aunque no lo parezca a primera vista, esto sería una unión fiscal de facto, ya que estaríamos garantizando deudas nacionales a escala europea a traves de los bancos; es un arreglo elegante, que tiene además el encantador efecto secundario de poder nacionalizar bancos de vez en cuando. Lo que deja sin resolver, por descontado, es cómo evitas que un gobierno irresponsable se lance a gastar como un poseso. En teoría podría evitarse mediante una regulación bancaria decente (limitando la exposición de los bancos a deuda soberana según aumentan los déficits, o algo parecido), pero no sé si es demasiado fácil de implementar.

Lo cargante de esta solución, como de costumbre, es que sería muy útil hace un par de años, pero montar esta clase de chiringuitos ahora nos pilla escasos de tiempo. El único actor que puede dar una garantía a todos los presentes que ningún banco de la eurozona se va a quedar sin liquidez cuando vas a sacar tus ahorros es el Banco Central Europeo, que en este caso debería sea el prestamista de último recurso. El método, uno antiguo y efectivo: imprimir moneda a destajo, y punto. En este momento, un funcionario del Bundesbank grita «¡hiperinflación! ¡Weimar!» aterrorizado y procede a matar un gatito.

Es una solución políticamente complicada por la dichosa paranoia alemana sobre imprimir moneda, pero ahora mismo no queda otra opción. Y sí, la salida de arreglar las cosas con la imprenta crea un montón de incentivos perversos; el pacto del euro asociado a esta medida debería ser realmente draconiano para asegurar que nadie se porta mal, y quien lo haga sea enviado de inmediato a recoger setas en Helmand, Afganistán.

Sería, de nuevo, otra posible salida. Por si no os habéis dado cuenta, hay unas cuantas que podrían funcionar, todas ellas relativamente simples institucionalmente… y en vista de la idiotez colectiva estos días, políticamente inasumibles para los que deben decidir.