Don Roger me recomienda en Twitter que escriba unas líneas sobre la situación en Turquía, ahora que todos en Politikon están ocupados con las futuras elecciones generales. La última vez que escribí sobre Turquía, hará un par de meses, indiqué que los militares turcos, tradicionales guardianes del kemalismo, estaban quietecitos en su sillón en aras de garantizar la integración europea que llevan imbricada en el ADN. Fue abrir la boca: éste jueves, el Estado Mayor en pleno dimitió estrepitosamente de sus cargos. Como casi siempre, hay dos motivos conexos: el oficioso y el extraoficial.

El motivo oficioso es que los tribunales han condenado a 22 oficiales (incluyendo a algunos generales) por hacer campaña en Internet contra el gobierno. Al parecer, la campaña comenzó cuando los militares pusieron discretamente en la lista de ascensos a algunos oficiales imputados por lo criminal. El gobierno les dijo que no y los militares – por los motivos que he dicho antes – retiraron las propuestas. Pero como la propia expresión «jóvenes turcos» revela, el hecho de que ir por libre y meterse con el gobierno si se considera necesario no solo no es raro en Turquía: es una tradición de las fuerzas armadas. Máxime – y este es el motivo extraoficial – que el gobierno de Erdoğan, crecido por su reciente victoria electoral, ha empezado a hacer aperturas para deshelar el problema kurdo, lo que para los militares y los kemalistas a ultranza es poco menos que pactar con el enemigo.

La dimisión de los generales da pie ahora a Erdoğan y al Partido de la Justicia y el Desarrollo la posibilidad de nombrar una cúpula militar más cercana a sus intereses. Pero refuerza la sensación de que el Gobierno turco está deslizándose en hielo muy fino. Hasta ahora Erdoğan ha mostrado la habilidad suficiente para llevar a Turquía hacia la modernización económica, pero meter las narices en las zonas negras del Estado turco requiere un estómago de titanio forjado. Y, como siempre, el éxito no está asegurado.

Seguiremos informando.