Economía & Pollo Financiero Global & Unión Europea

Salvando el mundo a golpe de impuestos

19 Jul, 2011 - - @egocrata

Si algo tiene la crisis del euro es la desesperada, casi apabullante habilidad de los líderes europeos para encontrar rebuscadas soluciones institucionales a todo problema mientras intentan evitar lo obvio. Si bien es cierto que lo obvio (unión fiscal) es ahora mismo políticamente inviable (gracias a la torpeza de esos mismos líderes y sus antecesores al crear la moneda única), la creatividad de los funcionarios de Bruselas intentando camuflar planes racionales en construcciones increíblemente confusas es sorprendente.

El último tinglado es una salida más o menos creativa a la expresión que más pánico, horror y pavor ha creado en los mercados desde que estalló la crisis: la promesa de Angela Merkel que los inversores privados iban a pagar parte del coste del rescate (obvio) aunque sin nunca decir ni qué, ni cuánto, ni cómo. En vista que montar un sistema de bancarrotas ordenado en medio del apocalipsis pactándolo con once gobiernos aterrorizados no ha acabo de salir bien (más bien lo contrario), los funcionarios de la unión han lanzado dos ideas más o menos creativas que pueden ser substitutos aceptables. Torpes, ineficientes y tan elegantes como un camello disfrazado de Spiderman, pero aceptables.

El primero, y más obvio, es comprar deuda en los mercados secundarios. Como ahora mismo nadie se fía de Grecia, Portugal e Irlanda, uno puede comprar bonos del tesoro de esos países de «segunda mano» por cuatro duros. Gente que tienen bonos y cree que no recuperará el dinero, y que está dispuesto a dártelos a mitad de precio, con tal que se los saques de encima.

Esto crea una situación para los estados bastante golosa: si hay gente que vende deuda a mitad de precio, ¿por qué no compro lo que debo a precio de saldo y rebajo mis deudas? Los bancos se comen un descuento de forma voluntaria (son ellos los que me venden la deuda, al fin y al cabo) y yo ahorro dinero. Magia. El pequeño problema, sin embargo, es que los creditores no son idiotas, y acostumbran a reaccionar a estas maniobras bastante rápido.

¿Cómo? Cuando un estado compra deuda en el mercado secundario, el total de deuda en circulación disminuye; el gobierno, en términos nominales, debe menos dinero. Esto hace que, de un día para otro, la probabilidad que pueda devolver el resto de su deuda aumente, ya que su posición fiscal ha mejorado; como resultado, el precio de la deuda en los mercados secundarios empezará a subir, ya que ahora es menos peligrosa. El primer país que hizo una jugada de esta clase fue Bolivia en los ochenta, y lo único que consiguieron fue que el precio de su deuda en el mercado secundario se duplicara. La deuda nominal (lo que «en teoría» debían) se redujo a la mitad, pero el precio real (lo que se pagaba en mercado) se duplicó, así que se quedaron con el mismo nivel de deuda externa.

Los estados europeos, obviamente, no son Bolivia, y tienen intención de devolver lo que deben. El precio de la deuda «real» les importa poco (es un decir) comparado con el coste nominal. En contra de Bolivia, una economía desarrollada puede (en teoría) manejarse con cantidades de deuda considerables, así que reducir el valor de esta sobre el PIB puede ser una ayuda. El problema, claro está, es que los banqueros no son idiotas, y saben que la UE detesta la idea de un impago, así que el descuento en el mercado secundario supongo se cerrará rápido si no hay incentivos «voluntarios» de los estados. Cosa que puede parecer una quita de deuda, poner nerviosas a las agencias de calificación, etcétera, etcétera. Es una idea más o menos ingeniosa, pero no sé si demasiado útil.

El otro engendro, que seguramente pondrá de los nervios a Cives, es mucho menos sutil: impuesto al canto. Ya que no podemos forzar que los bancos se traguen parte del rescate sin que el sistema financiero pierda la cabeza preso del pánico («¡nada es seguro! ¡cielos, la deuda belga es peligrosa! ¡Oh no, Italia puede salirse! ¡socorro!«), lo que haremos será hacer que paguen el rescate ellos, vía impuestos. Es una solución ineficiente, indiscriminada, garrula y especialmente atractiva políticamente («¡que paguen los banqueros!«) que si se hace bien puede ser un primer paso para algo importante: la creación de un sistema de un fondo de garantía de depositos europeo que pedían por aquí.

El problema: sabiendo como se las gastan en Europa, será también un parche. Si se hiciera bien (como un impuesto europeo dedicado a solucionar pollos financieros épicos, con capacidad de imponer condiciones para liberar ayudas a países irresponsables) podría considerarse una solución real. En vista de cómo han montado todos y cada uno de los arreglos anteriores, el impuesto será probablemente un Frankestein con algún defecto, ambigüedad o problema de implementación creativo nacido de la paranoia antieuropea de algún incapaz, y ya la habremos liado.

Aún así, y sin que sirva de precedente, es la primera solución en meses (años) que puede acabar saliendo bien. No soy optimista, pero no es una idea absurda. Puede ser un primer paso.