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La salida chapucera a la crisis del euro

8 Jul, 2011 - - @egocrata

Parece que se empieza a aclarar la «estrategia» (es un decir) de los líderes europeos para solventar la crisis del euro. Siguiendo la vieja tradición de las instituciones europeas de buscar el camino más fácil, el arreglo tendrá dos partes diferenciadas:

  • a. «Renegociación» «voluntaria» de la deuda: los bancos van a ser «convencidos» que lo mejor que pueden hacer es «acceder» a cambiar los términos de la deuda de los países en problemas. Esto en ningún caso, pero vamos, ni de broma, es una suspensión de pagos o una bancarrota camuflada, porque todo es «voluntario». No hace falta decir que la idea que los bancos tienen alguna alternativa razonable a aceptar las «sugerencias» de los ejecutivos europeos es un poco delirante.
  • b. El Banco Central Europeo se mantiene como «guardián» de la ortodoxia:  el Banco Central Europeo no va a ayudar a ningún país que esté en bancarrota, jamás de los jamases, ya que nunca aceptaría en su balance activos que vengan de un estado fallido que no ha hecho los deberes. No vamos a premiar a los perdedores, etcétera. Por descontado, si los bancos han aceptado un cambio en sus contratos de deuda de forma «voluntaria», eso cambia las cosas. Si los dirigentes del BCE, tras un análisis «cuidadoso» de las cuentas de un país en problemas concluyen que la opinión de las agencias de calificación es errónea, seguirán apoyando el sistema financiero de ese estado. El BCE nunca de los jamases aceptará basura, en serio. Y nada de lo que compran es basura, ya que el BCE dice que no lo es.

Dicho en otras palabras: los estados europeos harán como si nadie hubiera quebrado,  mientras que el BCE jurará que no está tragándose basura y pagando deudas de países insolventes a base de imprimir moneda, ya que no es una institución suicida. En cierto sentido, las dos medidas son bastante racionales, pero el método escogido para llevarlas a la práctica es alegremente contrahecho. En vez de crear un arreglo institucional explícito y organizado detallando qué hacer cuando un país se estrella dentro de la eurozona, con un mecanismo de rescate financiero razonable, los líderes de la eurozona han montado una especie de Frankestein improvisado basado en hacer una cosa y decir lo contrario. Los contribuyentes europeos van a cubrir parte de la deuda griega, pero no lo harán de forma explícita con un eurobono; lo harán a través de cubrir las pérdidas del BCE vía un poco de inflación adicional y quizás alguna inyección de capital público.

¿Es la mejor solución? Desde luego, no es demasiado elegante – y con tantas piezas móviles y tanta gente haciendo una cosa y diciendo lo contrario, no me extraña que los mercados estén tan nerviosos. Aparte, esta clase de chapuzas quizás funcionen para salvar a Grecia, pero si yo tuviera deuda de otro país en problemas no estaría nada tranquilo. Cualquier día de estos Sarkozy o Merkel me pueden «pedir» una renegociación. Si tengo miedo que eso suceda, empezaré a vender deuda, haciendo que los tipos para el país en cuestión suban, y haciendo del contagio una profecia autocumplida. Sin un sistema explícito, esta clase de parche sigue sin calmar las cosas, al menos a corto plazo.

En fin, no es ideal, y sigue siendo arriesgado. Pero ahora mismo, creo que es el único método políticamente viable.