Hoy en Marginal Revolution he aprendido algo nuevo que me ha dejado a cuadros. Así en frío, ¿sabéis qué paises son los tres mayores exportadores agrícolas del mundo? No vale hacer trampas, sin mirad a Google. Haced una lista mental.

De acuerdo, los tres mayores exportadores agrícolas del mundo son Estados Unidos, Francia y… Holanda.

Exacto. No tenía la más remota idea, pero resulta que Holanda, el quinto país más densamente poblado de la tierra, es uno de los mayores exportadores de productors agrícolas del mundo. Para que os hagáis una idea, exportan el triple que España, que es décima en la lista. La cifra sale de un debate en el Economist entre Ha-Joon Chang y Jagdish Bhagwati sobre desarrollo económico y el papel del sector industrial, y es un ejemplo fantástico sobre por qué la obsesión de políticos y todólogos de tertulia hablando de política industrial y parques tecnológicos es realmente estúpida.

Holanda exporta una cantidad tremenda de productos agrícolas no porque tengan mucho espacio o un clima especialmente adecuado (más bien lo contrario), sino porque aplican al sector primario lo que distingue a cualquier industria del primer mundo de una fábrica en el mundo desarrollado: toneladas de tecnología (en este caso una industria de fertilizantes químicos avanzadísima y agricultura hidropónica), montones de capital y una productividad por hectárea impensable para cualquier campesino hambriento de hace 200 años. Los holandeses tienen una ventaja comparativa en natural con su acceso a regadíos, y la utilizan para explotar un sector con cero glamour entre los fetichistas de construir cacharros high-tech-2.0 con un talento envidiable.

¿Qué deberíamos aprender de esto? En principio, al menos cuatro cosas. Primero, uno puede ser un país ridículamente próspero y placentero haciendo cosas bien básicas y primarias estilo vender queso. Todo es cuestión de ponerse, ciertamente. No hay ningún motivo especial que explique por qué uno pueda comprar quesos, vinos y otras deliciosas viandas francesas en casi cualquier supermercado de Estados Unidos (bueno, vino no – en Connecticut no venden vino. Pero ya me entendéis), pero que en cambio sea ridículamente complicado encontrar jamón serrano en cualquier sitio. No es cuestión de gustos ni nada por el estilo; uno puede comprar ese horrible prosciuto italiano en todas partes. España, sin embargo, parece que siempre anda persiguiendo alguna tontería novedosa (o construyendo casas) en vez de pensar en lo que hacemos obviamente bien.

Segundo, el tan cacareado «nuevo modelo productivo» no tiene por qué implicar reinventar la rueda. España tiene una ventaja comparativa gigante llamada «horas de sol anuales» y un sector turístico tan enorme como ineficiente. No hay ningún motivo especial que diga que no podemos recibir más visitantes fuera de los meses de verano y ser mucho más eficaces haciendo que gasten toneladas de dinero. Modernizar la regulación del sector turístico o la estupendamente kafkiana regulación de la agricultura son dos cambios que nos harían un bien enorme.

Tercero, España seguramente tiene, en algún lugar, un sector de su economía con un potencial parecido a la agricultura holandesa. Es muy probable que los políticos no tengan ni la más remota idea cual es, y casi mejor así. Lejos de obsesionarse con el modelo de crecimiento Star Trek y buscar el mítico mega-innovador enmascarado en un parque tecnológico, es hora de darse cuenta que el crecimiento económico es, a menudo, hacer algo trivial mucho mejor que nadie. Lo mejor que puede hacer el gobierno es salir del medio y asegurar que cuando alguien tiene esa idea, que nadie le moleste demasiado.

Cuarto, y casi obligado: Holanda mola. En serio ¿qué país Europeo tiene una combinación de libertad económica, políticas de bienestar, prosperidad general y derechos civiles mejor que la holandesa? Vale, quizás Dinamarca, Austria, Francia (cuando tiene el día bueno) y unos cuantos sitios más que están bien gobernados. Europa es realmente un sitio estupendo a veces. No hay nada que diga que España no pueda copiar sus recetas.

Y sí, eso incluye abaratar el despido, etcétera. Pero eso es para otro día.