El otro día, leyendo lo términos del acuerdo de Francia con los bancos, llamaba al invento «bancarrota con otro nombre«. Bidatzi, que es más cínico / sabio que yo, se apresuró a señalar en los comentarios que por mucho que Sarkozy pretendiera que todo el invento era voluntario, el acuerdo sonaba como un impago, caminaba como un impago y, ciertamente, probablemente era un impago. En vista del montaje, S&P no ha mordido el anzuelo, y ha dicho que nada, que lo de Grecia es una (semi)bancarrota, aunque sea disfrazada.

¿Qué quiere decir todo esto? En un principio, si las agencias de calificación dicen que Grecia está en suspensión de pagos, el Banco Central Europeo ha dicho que dejará de comprar deuda griega. Esto quiere decir que los bancos griegos (que están hasta las cejas de esta basura) no podrán pedir préstamos al BCE para cubrir sus obligaciones (esto es, griegos sacando dinero en el cajero, etcétera), haciéndoles inmediatamente insolventes y llevándoles a la quiebra. Los griegos, que ya estaban pasando un rato estupendo, verán como sus ahorros o se desvanecen en el aire (si los bancos se hunden) o quedan fuera de su alcance (si el gobierno griego decreta un corralito). La economía griega implosionaría aún más si cabe (cosa que tiene mérito), la deuda sería total y absolutamente impagable y Grecia saldría del euro, llevándose por delante todos los ahorros del país.

Estupendo.

Y eso serían las buenas noticias (¡nos hemos librado del problema griego!), si uno es pesimista. Las malas serían la completamente impredecible oleada de pagos de CDS (¿recordáis esas criaturas? De nuevo, nadie tiene ni idea donde están, ya que la reforma financiera que las pondrían en un mercado transparente aún no ha entrado en vigor. ¿A que mola?), el a buen seguro histérico contagio hacia Irlanda, Portugal y España, la inevitable epidemia zombie y el fin del euro.

¿Veremos este desastre? No creo, por dos motivos. Primero, los dirigentes europeos aún pueden cacharrear con el acuerdo un poco más tratando de hacer feliz S&P. Uno de los mecanismos puede ser crear algo parecido a un eurobono para intercambiar la deuda, o alguna otra solución más o menos creativa. Segundo, y más probable, el BCE se está jugando el prestigio y reputación de guardián de la ortodoxia financiera de Europa, ciertamente, y eso hace que sean inflexibles. Eso no quiere decir, sin embargo, que sean suicidas.

Si Grecia sale del euro de forma incontrolada, la eurozona tiene un riesgo no precisamente trivial de irse a tomar por saco. Es cierto que es posible (pero no del todo probable) que el sistema financiero mundial sobreviva a ese evento, pero estoy bastante seguro que los aburridos banqueros de Frankfurt no tienen ganas de descubrirlo. Dado que el final del euro sería el final del BCE como institución, Trichet y sus muchachos seguramente están buscando alguna excusa increíblemente técnica para enviar todos sus reparos al fondo del armario y salir de esto imprimiendo moneda a todo imprimir. Que una cosa es que los mercados te tomen a broma en tus cantos sobre baja inflación y responsabilidad monetaria, y la otra es que tu chiringuito deje de existir con todo Dios echándote la culpa del apocalipsis.

Cosa que llevará a la solución chapucera, cutre y más o menos dudosa que todo Dios estaba pensando, pero que nadie se ha atrevido a mencionar: la eurozona saldrá del agujero a base de cascarle todas las pérdidas al BCE, que las cubrirá imprimiendo moneda. Es decir, inflación y punto. Una lástima que no llegáramos a este punto antes, en vez de pasarnos dos años apaleando griegos. En fin.