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Guerras, gobiernos, tecnologías y burocracia

30 Jun, 2011 - - @egocrata

Mi forma favorita de leer libros de historia, especialmente pre- siglo XIX, es verlos como una crónica de una evolución tecnológica. No me fijo necesariamente en el desarrollo de tecnología militar o cómo sucesivos hegemones se las ingenian para conquistar imperios (los instrumentos para dar tortas acostumbran a ser copiados con rapidez ahí fuera) sino en algo un poco más olvidado, pero increíblemente importante: la evolución en los sistemas de gobierno.

Siendo crudo y simplificando un poco (o  mucho), la historia de Europa occidental hasta 1815 es una lucha por ser el mejor recaudador de impuestos. Los imperios, reinos y estados europeos, desde el principio de los tiempos, se dedicaban a decidir quién mandaba más que nadie a guantazos, pero siempre se enfrentaban al problema que sus soldados, a largo plazo, eran básicamente igual de brutos que los de sus rivales. Uno puede entrenar más o menos, ser más o menos creativo en las tácticas que usa para dar ostias y usar psicópatas más o menos fanáticos en tus ejércitos, pero a largo plazo tu rival va a copiarte tarde o temprano. Lo que te da ventajas sobre tus rivales y te permite ser el último imperio en pie cuando hay tortas, es ser capaz de poder movilizar recursos, y hacerlo de forma más eficiente que nadie.

Mi ejemplo favorito  es antiguo, cosa de las guerras púnicas. Anibal y sus muchachos eran, uno a uno, la panda de matones más letal de todo el Mediterráneo. Durante años, los tipos se pasearon por Italia haciendo filetes a cualquier legión romana que pasara por delante, siempre utilizando métodos tan salvajes como creativos. Fabio Máximo, un cónsul romano de la época, se dio cuenta relativamente rápido que esto de enviar soldados a morir en masa no era una buena idea. También apreció que la república romana había sido capaz de reclutar, armar y enviar un buen puñado de legiones contra Anibal todos estos años, mientras que Cartago era patéticamente incapaz de enviar refuerzos. Su estrategia, en vista de estos factores, fue seguir creando legiones y no plantar batalla, simplemente dejando que Anibal perdiera el tiempo persiguiendo fantasmas por Italia mientras su mucho menos competente hermano se llevaba todas las galletas en Hispania.

La cosa parecía funcionar, pero el Senado se impacientaba. Tras una temporadita de perder el tiempo, decidieron que era hora de usar la superioridad numérica, enorme bravura de las tropas romanas, etcétera, y plantar batalla. Hala, un montón de legiones, y hacia Cannae, que se está estupendo en esta época del año. El resultado fue una de las palizas más salvajes nunca inflingidas en un campo de batalla, con Aníbal básicamente aniquilando completamente el ejercito romano. Un desastre, vamos. El apocalipsis. Anibal at portas.

¿Qué hizo Roma, ante tan gran afrenta? Apretar los dientes, reclutar y entrenar más legionarios, recuperar a Fabio y a todo general romano que hubiera prestado un poco de atención. Copiaron las tácticas y flexibilidad cartaginesa de forma descarada (empezando por el inicio del uso de oficiales profesionales, una innovación enorme), buscaron tipos que pudieran blandir un pilum, y utilizaron su elaborado sistema legal y político para recaudar impuestos y movilizar recursos de forma increíblemente eficaz para la época.  Unos años después, un ejército romano con muy malas pulgas se plantaba en Zama, pegaba una santa paliza a esos impertinentes cartagineses. Cartago tenía una base territorial parecida, recursos similares, mejores generales, mejor flota y mejores soldados, pero Roma era infinitamente mejor pagando guerras.

Las guerras del mundo moderno, eran, salvando las distancias, una historia parecida. Castilla entra en el s.XVI con un sistema fiscal sorprendentemente sólido, especialmente si lo comparamos con otros estados europeos. El sistema de consejos (Castilla, Indias, etcétera) era bastante eficaz, y el Rey tenía una poder considerable. Fernando el Católico tenía en su momento probablemente el estado más competente de Europa en sus manos; la plata de las Indias, sin embargo, eliminó todo incentivo para ir más allá. Eso llevará, a finales de siglo, a que una pequeña república mercantil excelentemente gobernada (y con un sistema fiscal decente) fuera capaz de contener al imperio más poderoso de la tierra, sencillamente por su capacidad de movilizar sus (escasos) recursos de forma más efectiva. Holanda tenía soldados y fortalezas porque su gobierno podía recaudar, Castilla no.

Será durante la guerra de los treinta años que la corona finalmente decide intentar mejorar cómo paga sus guerras. El rival, en este caso, no es Flandes, sino Francia, un estado que se está enfrentando a problemas parecidos. Ambas potencias tienen un ministro que busca, ante todo, aumentar la capacidad de la corona para recaudar dinero (Olivares y Richelieu/Mazarin) y ambas chocan con élites locales. España, que llevaba más tiempo que nadie en guerras pagadas con plata colonial, tiene insurrecciones en Portugal y Cataluña, Francia tiene una guerra civil con la Fronda. Olivares no es capaz de llevar sus regiones rebeldes al redil a tiempo, Francia sí lo hace. Por mucho que los tercios sigan ganando batallas incluso en 1656, el dinero no está ahí.

La historia se repite, con variaciones, por toda Europa. Suecia «inventa» la burocracia en el norte de Europa, y reparte leña más que nadie durante toda la guerra. Holanda puede pagarse una flota descomunal durante décadas, permitiendo su expansión comercial. Prusia aprenderá de los mejores, y allá por el siglo XVIII tiene la burocracia y ejercito más profesionales de Europa.

Las guerra napoleónicas, como en todo, trajeron novedades. Los franceses crearon los primeros conatos de burocracia realmente moderna, y movilizaron más gente que nadie utilizando levas. Los británicos, sin embargo, les ganaron con una innovación aún mayor: por primera vez, y sin que hubiera precedente, un estado era capaz de endeudarse de forma efectiva. En armamento, las guerras napoleónicas eran pre-industriales; en financiación, la revolución industrial había creado un sistema bancario moderno, primero, y segundo, un proceso presupuestario abierto, transparente y no (excesivamente) arbitrario gracias al parlamentarismo,  permitiendo a los británicos endeudarse sin que el sistema financiero temiera impagos caprichosos.

¿A qué viene todo esto? Bueno, quería hablar sobre burocracias, herencias históricas,  gobiernos competentes y demás detalles técnicos importantes en el paquete de reformas estructurales griegas, pero se me estaba haciendo aburrido. No hace falta decir que si Grecia fuera a la guerra con Albania un día de estos, creo que el gobierno albano podría recaudar impuestos mejor que ellos. No es que sean Cartago, pero estoy seguro que el Conde Duque de Olivares entiende a Papandreu perfectamente.