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Ya que hablamos del apocalípisis…

24 Jun, 2011 - - @egocrata

No sé si recordaréis, hace una temporadita, cuando hablaba sobre el techo de deuda de Estados Unidos. Comentaba entonces que este arcaísmo presupuestario tradicionalmente sólo era utilizado por el partido en la oposición para quejarse de lo mucho que gasta el gobierno, pero que siempre era aprobado sin demasiado problema. El Congreso, al fin y al cabo, aprueba los presupuestos y la política de gasto; si ya han votado sobre ello, es natural que voten a favor de permitir ese mismo nivel de deuda.

Hace unos meses demócratas y republicanos aprobaron (con unos seis meses de retraso) los presupuestos para el 2011. Fue una negociación dura, torpe y chapucera, pero los conservadores votaron a favor de unas cuentas públicas con déficit a espuertas (no que tuvieran otra alternativa) que necesariamente implicaba alcanzar el techo de la deuda este verano. A falta de algo más de un mes del día en que el gobierno federal americano no puede endeudarse ni un duro más, parece que el partido republicano ha decidido levantarse de la mesa y decir que si no les dan lo que quieren, por ellos el país puede declararse en suspensión de pagos.

Suena completamente psicótico, pero un amplio sector del partido republicano está diciendo que es mejor una bancarrota que subir impuestos. Y dicen esto cuando la recaudación fiscal del gobierno federal está en su nivel más bajo (en porcentaje del PIB) desde 1960, nada menos; Estados Unidos es un país con impuestos increíblemente bajos, con un problema de déficit fiscal casi totalmente autoinflingido vía recortes impositivos.

Lo realmente aterrador, sin embargo, no es que los republicanos estén dispuestos a declarar una bancarrota unilateral sólo por talibanismo anti-impuestos. Lo que me da miedo de veras es el hecho que el partido está dividido de tal manera que es racional para un sector del partido de sabotear activamente un pacto para ganar poder interno. Esto es lo que ha hecho Eric Cantor, uno de los niños bonitos del tea party, se levante de la mesa y deje de negociar. Las bases del partido (o un sector aterradoramente ruidoso de este) están dispuestos a quemar en la hoguera a cualquier político republicano que acepte subir impuestos. Cantor quiere que sea Boehner, el actual jefe de los conservadores en el Congreso, el que llegue a un acuerdo con Obama, sólo para echarlo a patadas después.

La cuestión es, John Boehner no es tonto: es perfectamente consciente que si firma un acuerdo con subidas de impuestos (eliminando deducciones fiscales idiotas – el talibanismo del GOP está a ese nivel ya) sus días como líder de los conservadores están contados. Si no lo firma, Estados Unidos no puede emitir un duro de deuda el tres de agosto, cuando tiene un déficit fiscal de un 10% del PIB. O no puede pagar deudas, o tiene que recortar un increíble 30-40% de gásto público de inmediato. En otras palabras, el apocalipsis, algo que hará que la crisis fiscal griega parezca un debate de barra de bar.

¿Puede Boehner preferir, racionalmente, el apocalipsis? En un mundo normal, incluso un político republicano prefiere evitar el fin del mundo a no subir impuestos. La mayoría de observadores no creen que el GOP, ni siquiera este GOP, sea tan absurdamente sociópata. Si me preguntáis a mí, sin embargo, no estoy tan seguro. El problema no es Boehner, que entiende los efectos potenciales de una bancarrota; lo que me da miedo es el resto del partido, y las ansias de algunos (empezando por Cantor) de llorar tanto como sea posible y acabar votando en contra. Una cifra nada despreciable de congresistas creen sinceramente que subir el límite de la deuda es un error y debe ser bloqueado por todos los medios; si algún listillo (estilo Paul, Bachmann o algún genio parecido) se pasa de frenada, las negociaciones pueden acabar como el rosario de la aurora.

¿Cuál es el resultado más probable de todo esto? Tengo la sensación que lo que veremos serán algunos recortes de gasto simbólicos, puede que incluso alguna bajada de impuestos temporal (sí, ya sé que no es coherente. Esto es Estados Unidos), y un increíblemente elaborado sistema para aplazar cualquier decisión concreta allá por el 2014. La idea que se menciona más a menudo es un «gatillo» (trigger) de déficit: si en una fecha determinada el déficit fiscal excede un nivel X, el presupuesto sufre unos recortes automáticos (o subidas de impuestos automáticas – aunque esto es menos probable), forzando a los políticos a llegar a un acuerdo. El efecto real de este acuerdo sería, esencialmente, dejar que los votantes decidan el 2012; una decisión ligeramente cobarde, pero bastante sensata.

Aún así, no descarto la posibilidad que las cosas se salgan de mano en serio, y el 3 de agosto (o antes, si a los mercados les entra el tembleque) tengamos el país más poderoso de la tierra diciendo que su deuda pública, los bonos más seguros de todo el sistema financiero, no vale una mierda. Entonces sí que nos divertiríamos.

Lo más curioso, sin embargo, es el hecho que si el Congreso no hiciera absolutamente nada después de subir el techo de la deuda, el déficit público americano realmente no sería un problema. Los bajísimos impuestos de la era Bush volverían a niveles de la era Clinton, los controles de gasto de la reforma sanitaria entrarían en vigor y las dos guerras acabarían, y la deuda empezaría a cerrarse ella solita. Lo trágico, y grave, es que el Congreso (republicanos especialmente) insisten en en su pensamiento mágico que no hace falta pagar las cosas, y así no va. Bueno, los conservadores están con que todo debe ser eliminado, aunque en vista del éxito de su campaña anti-Medicare, lo tienen jodido. Y por cierto, no es que Estados Unidos tenga una crisis fiscal; mirad qué tipos de interés pagan por su deuda ahora.

Una última nota, por cierto. Si todo acaba mal, el límite de deuda no sube y todo se va al carajo, queda una opción: la administración Obama puede ignorar la ley, decir que es inconstitucional, y seguir emitiendo deuda felizmente. Hay bases legales para ello y gente seria diciendo que sería lo más sensato, aunque no quiero ni imaginar el ataque de apoplejia en Fox News si esto sucede. Pero en esto, como en todo, hablamos de política ficción dura. Yo, por si acaso, cruzaría los dedos.