Economía & Política & Pollo Financiero Global & Unión Europea

Buscando excusas para cerrar el manicomio

22 Jun, 2011 - - @egocrata

Desde hace unos días tengo la sensación que los líderes europeos han cambiado el tono sobre Grecia. Hace dos o tres semanas, los políticos y mandarines del continente parecían estar buscando de forma desesperada una solución para los problemas del país. Las negociaciones se sucedían, los planes circulaban con fuerza, los ministros se reunían por todo el continente intentando crear un plan.

La semana pasada, sin embargo, la actitud cambió. El domingo no vimos una de esas tradicionales ollas a presión con líderes europeos encerrados hasta que alguien decía basta. Lejos de intentar llegar a un acuerdo, lo arreglaron con un comunicado, una declaración torpe y un comunicado. Más que un ultimátum pidiendo que los griegos actuen, mi sensación es que a estas alturas todo el mundo está deseando secretamente que no lo hagan.

¿Por qué? Como dice Iñigo, Grecia realmente no puede pagar lo que debe; sus cuentas públicas son totalmente insostenibles. No es cosa de aprobar recortes, pasar reformas o privatizar cachivaches; el estado griego, la misma burocracia, es demasiado incompetente como para ser capaz de implementar cualquier plan decente. Estamos hablando de un país que pagaba un plus de productividad a los funcionarios por llegar a la oficina a la hora, pagaba pensiones de jubilación estupendas a 4.500 funcionarios muertos y tenía una edad media de jubilación de los trabajadores públicos de 53 años. La compañía nacional de ferrocarriles griega ingresa 100 millones de euros año, paga 400 millones en salarios y tiene otros 300 millones en otros gastos. El sueldo medio de un ferroviarios en Grecia son 65.000 euros al año, una cifra que sería un sueldazo en Estados Unidos. La edad de jubilación era, hasta anteayer, 60 añitos de nada, bajando a 55 para hombres y 50 para mujeres en profesiones «ardúas«. Ejemplos de trabajos duros: peluquero, camarero, músico, locutor de radio. Grecia no tiene problemas estructurales;  lo suyo es de manicomio.

Hace un año, los líderes europeos descubrieron (es un decir) con horror el estado real de las cuentas públicas griegas. En una extraño ataque de optimismo antropológico, decidieron que la lista de estupideces obvias, gasto público evidentemente estúpido e incompetencia indiscriminada dentro de los presupuestos era tal que creyeron que si le daban un par de años, el nuevo gobierno griego podría limpiar suficiente como para conseguir al menos unas cuentas públicas con cierta relación con la realidad. Un año después, el país sigue igual de ahogado que antes, las reformas están siendo resistidas de forma numantina y la burocracia helena sigue igual de incompetente que siempre. No importa lo obvio del desastre;  los griegos no parecen querer admitirlo.

La moción de confianza de hoy es, por extraño que parezca, una mala noticia. Papandreou entiende el problema y sabe que el estado griego es completamente insostenible, pero el apoyo social, la voluntad política, sencillamente no está ahí. El Pasok sacará esta votación adelante, sacará otra, pero tarde o temprano se cansarán de seguir recibiendo tortazos una y otra vez.  Aunque la encuestas aún no son demasiado terroríficas (para mi sorpresa), la economía griega no hará más que empeorar a corto/medio plazo; el gobierno no aguantará.

Tristemente, creo que es cuestión de tiempo; los líderes de la UE no se atreven a decirlo en voz alta, pero lo único que quieren es que sean los políticos griegos los que hagan la bancarrota oficial. La apuesta implícita, casi un salto de fe, es que la quiebra no sea un momento Lehman que desencadene un pánico financiero; el escenario optimista del que hablaba hace unos días. En algún lugar en los sótados del BCE y Bundesbank, un grupo de heróicos funcionarios está redactando a toda prisa un plan de renegociación de deuda programada, probablemente siguiendo el modelo descrito por Barry Eichengreen en este artículo. Mientras tanto, su jefes discuten de forma frenética con las agencias de calificación oscuras maniobras contables para poder efectuar esos cambios. Los políticos alemanes y franceses, se preparan para tener que justificar, otra vez, que será necesario poner dinero público en los bancos.

Y todos, sin excepción, rezan, ya que realmente nos estamos metiendo en territorio desconocido. Nunca nadie ha intentado esta clase de reestructuración de deuda, con estas cuentas públicas, sin tener moneda propia ni transferencias fiscales de ningún tipo.  Es posible que salga bien. Es más, creo que puede funcionar, aunque los griegos van a arrepentirse de haber entrado (y salido) del euro durante décadas.  La consecuencias de una pifia, sin embargo, con una pánico financiero descomunal, son realmente aterradoras. No es que estemos jugando con fuego; estamos jugando con armas nucleares.

Que Marx nos pille confesados.