Grecia está en bancarrota; no pueden pagar sus deudas. El algo que todo el mundo sabe desde hace tiempo. Joder, hasta las agencias de calificación se han enterado, y mira que siempre llegan tarde a todas las fiestas.

Hmmm. Esperad. No, parece que aún quedan algunos que no se han enterado. En algún lugar de Bruselas, diecisiete ministros y varios banqueros centrales se reunieron ayer para hablar del tema, y parece que siguen sin ser capaces de utilizar Excel sin ayuda de becarios. Las líneas de conflicto son familiares;  Luis Garicano explicaba las líneas generales de las negociaciones hace unos días. Dicho en pocas palabras, Alemania finalmente ha acabado por aceptar que los banqueros van a tener que comerse una galleta tarde o temprano, y el Banco Central Europeo, en su infinita ortodoxia, ha dicho que si eso sucede no dudarán en echar a Grecia del euro a patadas, posiblemente destruyendo la moneda única. Cuando el FMI está adelantando a tu banquero central por la izquierda, es cosa de echarse a temblar. Y por cierto, el gobierno de España está apoyando a la gente del BCE.

Ahora supongamos que el plan alemán entra en práctica, Grecia pide un recorte de su deuda , algunos bancos se niegan, y todo acaba en un impago parcial más o menos incontrolado. En jerga financiera, las agencias de calificación considerarían esto un credit event – es decir, una bancarrota. Todos los bancos, fondos de inversión, chiringuitos financieros y demás pardillos que se han quedado con deuda griega en sus manos cuando ha parado la música tienen que comerse un agujero enorme en sus balances. Todos lo que han vendido CDS sobre deuda griega (Credit Default Swaps, un «seguro» de impago) tienen que pagar a los que fueron lo suficiente inteligentes para comprar protección.

Si esto sucede, pueden pasar dos cosas. El temor general es que tengamos un momento Lehman; la bancarrota  sucede, todo el mundo se asusta, los mercados financieros pierden la cabeza en un ataque de pánico buscando de forma frenética quien tiene deuda griega en sus libros y no te puede devolver dinero ahora mismo, y todo acaba como el rosario de la aurora, con todo el sistema bancario europeo implosionando alegremente. Alemanes y franceses tienen que rescatar sus bancos (dejarlos quebrar sólo empeoraría las cosas), el BCE pierde dinero a patadas (cubierto por todos los contribuyentes europeos), y la crisis fiscal se extiende aún más. Por descontado, Grecia sale del euro, metiéndose en una crisis económica de proporciones bíblicas, y el resto de la eurozona, si tiene suerte, repite la gran depresión.

La otra opción, sin embargo, es un poco menos aterradora: Grecia declara un impago, y el sistema financiero mundial se encoge de hombros y sigue funcionando. Básicamente, todo el mundo sabe que Grecia está en bancarrota en todo menos el nombre, y llevan meses actuando en consecuencia. Los bancos europeos ya se han cubierto las espaldas con CDS, los vendedores de CDS ya saben que les tocará pagar, los supervisores bancarios franceses y alemanes saben quién se ha pillado los dedos y todo el mundo más o menos tiene un plan de emergencia listo y preparado.

El problema de Lehman, según esta teoría, es que nadie realmente entendía qué narices tenían en los libros ni los instrumentos financieros espantosos que habían creado. Eso, sumando a un par de reguladores torpes suspendiendo el acceso del banco a un par de mercados cruciales fue lo que provocó el pánico. La deuda griega, sin embargo, es una cosa mucho más sencilla: los bonos del tesoro son instrumentos fácilmente comprensibles, muy líquidos y relativamente fáciles de contar y controlar. Una bancarrota sólo sería una confirmación que esa deuda es basura tóxica, algo que es patéticamente obvio viendo los precios que se pagan ahí fuera. El impago fusilaría los bancos griegos (que ya están muertos) y convertiría al estado heleno en un protectorado europeo si quieren mantener el euro, o en un erial soberano si quieren largarse, pero poco más.

¿Qué hipótesis me parece más lógica? Si tuviera que apostar, diría que la segunda – Grecia es un desastre predecible que afecta a un 3% del PIB de la eurozona, y todo el mundo sabe desde hace tiempo que esto iba a suceder. Esto no quiere decir, sin embargo, que creo que un default en plan salvaje es la mejor solución, básicamente porque creo que hay una probabilidad nada trivial que esté equivocado.

Supongamos que hay un 10% de probabilidades que Grecia sea una bomba nuclear financiera estilo Lehman, y un 90% que no lo sea. Aunque es muy posible que suceda lo segundo, las consecuencias de un error aquí son tremebundas, devastadoras. En el 2008 Paulson y compañía tenían un dilema parecido y probablemente una expectativa similar; cuando la pifiaron, el resultado fue realmente bestial. Aunque Trichet suene realmente insensible estos días, sus reservas no son completamente irracionales, ya que los riesgos son enormes.

La solución, como es típico en Europa, será probablemente una especie de pollo mutante a medio camino; el dichoso «Plan Brady» que todo el mundo mencionaba hace unos meses consistente en una especie de bancarrota pre-pactada para evitar un ataque de pánico. Vamos, espero que sea eso; el no dejar pasar una estilo Trichet es insostenible, y la opción alemana es demasiado arriesgada. La pregunta, claro está, es cómo harán para acabar allí sin que los mercados pierdan los nervios.

Este domingo será un día divertido en Bruselas, ciertamente.