Como comentaba ayer, el primer paso para conseguir que el PSOE vuelva al mundo de los vivos es conseguir que al menos sean capaces de indetificar y entender problemas. Ya se sabe, eso de ver un 21% de paro y ser capaces de dar una explicación meridianamente creíble / lógica / coherente a sus votantes sobre qué ha provocado ese agujero y explicar cómo arreglarlo.

Leyendo sobre las últimas tribulaciones de la eurozona y el papel estelar de España en las últimas negociaciones, sin embargo, creo que están igual de perdidos en Madrid que en Bruselas. Según el New York Times, los responsables económicos de la eurozona tuvieron una reunión secreta el pasado seis de mayo en Luxemburgo. La delegación griega, pobrecicos ellos, ya sabían que les iban a cantar las cuarenta; el país está pasando reformas a paso de tortuga, fusilando el poco crédito que les quedaba. Lo que se supone sabe todo el mundo, y nadie se atreve a decir en voz alta, es que Grecia tiene un trabajo imposible, ya que nunca van a poder pagar la deuda. Los representantes españoles, sin embargo, tenían otra idea:

The Greeks probably knew that a tongue-lashing over the country’s stumbling financial overhaul effort was coming. What they probably did not expect was that beleaguered Spain and Italy, as opposed to economically robust Germany, would take the lead in upbraiding them.

The meeting, on May 6, showed that the disagreements in the euro zone were not just between richer northern countries like Germany and the less wealthy south.

Struggling countries like Spain and Italy fret that any Greek failure on spending cuts might cause investors to conclude that those two countries have no better growth prospects than Greece — even as their own austerity programs cause social and political unrest.

Dicho en otras palabras: se plantan en una reunión, y en vez de intentar convencer a franceses y alemanes que es necesario dar a Grecia una salida en forma de una bancarrota controlada (un «plan Brady» – la explicación de Eichengreen aquí es excelente, y muy poco técnica), lo suyo fue ser más papistas que el Papa y clavarle una bronca tremebunda a los tipos que estan viendo como su economía está siendo hecha filetes con un plan de rescate idiota.  Aún peor, de hecho: las políticas imposibles que estamos pidiendo para Grecia son las mismas políticas que están haciendo la salida de la crisis algo aún más difícil para España. Lejos de pedir al resto de Europa cosas que ayudarían a toda la periferia, como una política monetaria más agresiva desde el BCE, parece que disfrutamos haciendo posturitas y metiendo el dedo en el ojo a nuestros compañeros de viaje.

Lo curioso, por cierto, es que la noticia del NYT medio confirma lo que decía Edward Hugh hace unos días: Italia es un problema, aunque nadie la haya mencionado demasiado. Y sí, ya sé que Hugh se equivoca casi tanto como yo (que ya es decir), pero el hecho que la delegación italiana estuviera igual de aterrada que la española es algo significativo. Lo más deprimente, sin embargo, es la reacción de Jean-Claude Trichet a la mención de recortes de deuda en esa misma reunión. De todos los errores de los dirigentes europeos en esta crisis, tener a este tipo de presidente del BCE es probablemente uno de los peores.

En fin, tenemos un gobierno confundido en España, y que se pone del lado de los que le están dando de collejas todo el santo día cuando va a Bruselas. Una cosa es que franceses y alemanes estén obcecados en que la periferia pague todos los platos rotos de la orgía de crédito que sus bancos se apresuraron a alimentar. La otra es que el gobierno español presente voluntario a Grecia para que le den una paliza.

A este paso, voy a acabar pidiéndole a Rajoy que presente una moción de censura.