Hispania. & Política

El adiós de la izquierda

18 May, 2011 - - @egocrata

“Now is the Winter of our Discontent / Made glorious summer by this sun of York…” Shakespeare, Ricardo III

Las protestas de esta semana en Madrid son relevantes. Ya sé, es aún temprano, no podemos decir si van a tener continuidad, no sabemos cómo afectarán el voto, etcétera, etcétera. Realmente, si se acaban mañana o duran varios meses no tiene demasiada importancia. Las movilizaciones son un síntoma, no  un problema; la clase política en general tiene unos números horribles, y el PSOE en particular va camino del matadero.

No creo que esté hablando antes de tiempo, sin embargo, diciendo que estas protestas puede que sean contra “la clase política”, pero a quien van a hacer daño de veras es al PSOE. No es sólo cosa del contenido de las protestas (por mucho que digan que son apartidistas, no nos engañemos: son de izquierdas), que también, sino porque en España, igual que en todas partes, quien se come los marrones cuando hay crisis es el partido que controla el gobierno central, casi de forma inevitable.

Viendo las protestas hoy, leyendo sobre ellas en Twitter, escuchando las noticias en la radio, estaba con el corazón dividido. Tenemos a gente que debería ser el electorado natural de la izquierda, hablando de problemas de izquierdas, protestando injustias de izquierdas, protestando contra un gobierno, un partido que es de izquierdas, muy a nuestro pesar. Es muy posible que estas manifestaciones estén hiriendo de muerte al PSOE, tanto para estas municipales como para las generales; una primavera del descontento que condenará el único partido progresista viable en España a la oposición (*). Es la propia izquierda apuñalándose a si misma, colocando al PP en la Moncloa con mayoría absoluta.

Es triste, ciertamente, pero también me temo que no es algo o injusto, estúpido o inmerecido. Vivo en Estados Unidos, y llevo meses, años llevándome las manos a la cabeza, conforme me daba cuenta, poco a poco, que el gobierno no tenía la más remota idea sobre lo que se le venía encima; no quiero ni imaginar lo cabreante que debe ser en España. Aunque no ví venir la crisis (leed este artículo, anda. O este. Os divertiréis), uno no tenía que ser un genio, allá a finales del 2008, para ver que los críticos del euro tenían razón, la crisis iba a ser épica y era necesario hacer algo, de forma urgente antes que todo se saliera de madre. Bueno, no lo vieron. Hasta mediados del 2010, dos años largos más tarde, el gobierno socialista empezó a pasar reformas tarde, mal y a rastras, y lo hizo explicándose mal, quedándose a medias y aún sin parece entender por qué le llovían tortazos por todas partes.

La izquierda gobernante, ese partido que debería haberse estado preocupando de esos votantes de izquierda preocupados por problemas de izquierda, sencillamente no estaba ahí, no estaba por la labor. No sabía qué pasaba en casa, no tenía ni idea sobre qué pedir en Europa y no era capaz de articular, ni aunque fuera de forma balbuceante, qué narices es un derecho social. No me extraña que tengamos a la gente en la calle defendiendo ideas caducas; el PSOE lleva siete años en el gobierno y parecen no haber sido capaces de dar una alternativa.

Lo peor, por supuesto, es que la falta de alternativa no es una cuestión méramente retórica: el gobierno ha hecho, objetivamente, un mal trabajo. No es cuestión de mensaje fallido, es que no han sabido qué hacer. A estas alturas, con un 21% de paro, siguen hablando de diálogo social con el mismo entusiasmo fetichista de siempre, como si la gente fuera a prestar atención a los sindicatos a estas alturas. Siguen hablando de reformas urgentes que desaparecen sin dejar rastro a los cinco minutos de ser anunciadas, y sin actuando sin urgencia, con parsimonia, más preocupados de elecciones y primarias que del pequeño detalle que el país se va al cuerno.

¿Está dando la izquierda “social” con sus propuestas la mayoría absoluta al PP? Es bastante probable que sí. Por mucho que Zapatero pida el voto útil, y por mucho que el PSOE diga, con cierta razón, que un gobierno del PP no tendrá el más mínimo remordimiento en recortar el estado de bienestar a hachazos (bueno, eso si Mariano encuentra un hacha. El “liderazgo” de Rajoy parece ser aún menos audaz que el de ZP), es muy difícil decir que apoyar a los socialistas vale la pena a estas alturas. Es algo que me cabrea profundamente, pero es lo que hay. No puedo decir que las protestas sean irracionales. No con este panorama.

(*): No nos engañemos: ahora mismo, el PSOE es el único partido de de izquierdas que puede ganar elecciones en España. Con esta ley electoral, y con cualquier otra; a corto plazo no hay otra alternativa. Y quien quiera pretender que esto no es así, o es tonto o es ingenuo. Los partidos políticos de esta clase no desaparecen en Europa – le pueden crecer los enanos, pero siguen siendo centrales. Y sí, eso es algo curioso que merece la pena explicar otro día.

Y el primero que diga que Izquierda Unida es una alternativa seria, sólida y moderna a los problemas actuales, lo corro a gorrazos.