americanadas & ingeniería institucional

Pequeño manual presupuestario americano (II)

14 Abr, 2011 - - @egocrata
Siguiendo con la entrada anterior sobre el presupuesto del 2011, dos batallas presupuestarias extras: el límite de deuda federal y el presupuesto del 2012.
  • 2. El límite de deuda federal:

El gobierno federal americano no puede endeudarse sin autorización expresa del Congreso. Cada cierto tiempo, los legisladores tienen que pasar una ley permirtiendo al Tesoro emitir más deuda. Esta práctica es una reliquia legislativa un tanto extraña que hasta ahora no ha dado ningún problema – desde 1917 (cuando el Congreso deja de tener que aprobar cada emisión de deuda por separado) nunca una administración ha pedido un incremento y ha recibido un no por respuesta.

Hasta ahora. Si bien era costumbre, hasta hace unos años, que el partido en la oposición flirteara con tumbar la petición antes de dejarla pasar, un sector no precisamente pequeño de republicanos quieren bloquear el aumento a no ser que Obama acepte recortes fiscales serios. Esto puede sonar inocente, pero es algo increíblemente peligroso: si el límite de deuda no aumenta el gobierno de los Estados Unidos, a mediados de Junio, puede que deje de pagar parte de sus facturas. Un tercio, concretamente; los ingresos sólo cubre dos tercios del gasto. La administración debería decidir si prefiere pagar los sueldos a los soldados, pensiones a los viejecitos o esos intereses que los banqueros piden por la deuda ya emitida. No sé de vosotros, pero no es la clase de dilema que la gente que compra los activos más seguros de la tierra (bonos del tesoro americano) quiere escuchar en público.

La tropa de Wall Street está completamente histérica diciéndole a todo el mundo que quiera escucharles (y especialmente a John Boehner) que flirtear con una bancarrota de facto del gobierno federal es una idea absolutamente espantosa, y (por una vez) tienen toda la razón del mundo. La mayoría de líderes republicanos comparten esa opinión, ya que serán conservadores, pero no son idiotas. El problemilla, claro está, es el sector verdaderamente montañés del partido (y no, no es sólo cosa del Tea Party – la idiotez está más extendida), que anda diciendo que no pasaría nada, todo iría bien, y que forzar al gobierno a no pagar servicios y prestaciones sociales es una idea estupenda. Algunos (Marc Levin, ayer en la radio) decían incluso que mientras pagáramos las deudas a los banqueros chinos todo iría bien (sí, antes pagar banqueros que
el paro o pensiones. Con un par). El nivel de chaladura es realmente impresionante estos días, y no deja nunca de sorprenderme.

¿Qué podemos esperar de esta guerra? Tengo la sensación que aunque un porcentaje considerable de políticos republicanos tienen sólidas tendencias suicidas, las élites políticas americanas son lo suficientemente inteligentes como para no meterse en esta clase de berenjenales estilo argentino. Obama dará un ultimátum, y los conservadores (o una mayoría suficiente de estos) se resignarán y tragarán, por la cuenta que les trae. No es una batalla que puedan ganar.

Aunque claro, cuando eres un troll con ínfulas Randianas que estás ahí para defender el derecho al egoísmo, esto de «ganar» te importa poco. Esperemos que no den disgustos.

  • 3. Los presupuestos federales para el 2012

Para el periodo entre octubre del 2011 y septiembre del 2012, concretamente. Este es el debate dominante esta semana, y sobre este tema hablaba Obama en su discurso de hoy. La negociación de la semana pasada era sobre calderilla y el ruído de fondo sobre el límite de deuda es (esperemos) teatrillo simbólico; esta es la discusión seria sobre política fiscal. Aquí es donde tenemos dos planes globales a largo plazo contrapuestos: por un lado, el panfleto libertario radical de Paul Ryan, un documento cruel, regresivo y lleno de números imaginarios. Por otro, la propuesta de Obama de hoy, que no es especialmente izquierdosa (con este lenguaje entraría justito, justito en el PP) pero
está a años luz de las ideas republicanas.

¿Cuál es el plan de Obama? Para variar, Ezra Klein tiene un buen repaso de los puntos básicos; aún no he tenido demasiado tiempo de mirar mucho más allá, y aún no hay demasiado detalle.  Vamos a estar hablando de este tema una buena temporada, así que habrá tiempo de repasarlo con más ganas. Dos puntos cruciales, sin embargo.

Primero, el plan tiene mucha menos fantasía contable que el plan de Ryan. La propuesta republicana tiene lo que Paul Krugman llama «avistamientos de unicornios» por todos lados; párrafos donde dicen que ahorrarán tropecientos miliardos gracias «contención del gasto» y «ahorro» sin decir de dónde vienen ni por qué. Haciendo números, uno se encuentra algunos recortes completamente fantasiosos, como dejar algunas partidas a niveles no vistos desde los años veinte, cuando Estados Unidos tenía una cuarta parte de la población. El plan de Obama incluye algún cuadrúpedo cornudo en algún rincón, pero es en general muchísimo más razonable. El plan de Ryan, como está escrito, es imposible que funcione, ya que tiene
toneladas de contabilidad creativa. El de Obama podría funcionar – es política pública decente.

Segundo, casi no hace falta decirlo: el plan de Obama es mucho más progresivo que el plan de Ryan. Para empezar, propone subir impuestos a los ricos a los niveles existentes en la era Clinton, pero no se queda ahí. Los controles de gasto para Medicare, por ejemplo, no consisten en privatizar y cargar la factura a todo aquel que tienen menos de 55 años, sino que siguen un modelo bastante realista y probado (funciona bien en otros países, vamos), como es reformar el sistema de pago por servicios. Medicaid y la reforma sanitaria queda intacta, no rebaja impuestos a los ricos (cosa que sí hace Ryan -y y el tipo habla de controlar déficits), etcétera.  No es un plan de izquierdas (Krugman se queja, amargamente, que tendremos al centro negociar con la extrema derecha), pero es decente.

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Resumiendo: tres negociaciones. Presupuestos del 2011, (casi) cerrados, se votan mañana. Techo de deuda en junio, (esperemos) un poco de teatro. Presupuestos del 2012, juerga hasta septiembre. Queda por ver qué podemos esperar de la negociación presupuestaria, quién tiene las de ganar y cómo se va a desarrollar todo. Eso, para el siguiente artículo.

De momento, dos pistas:  uno, la posición de Obama es bastante más fuerte de lo que parece, y dos, si no hay acuerdo, el déficit dejaría de ser un problema. Y no, no es broma. Es uno de los motivos por los que esta negociación es de hecho menos peligrosa de lo que parece para el Presidente.