Unión Europea

Cinco mitos sobre la Unión Europea

12 Abr, 2011 -

1. La UE es un mecanismo de toma de decisiones tecnocrático, no democrático

Para analizar esta idea, estaría bien definir primero que es o no es “democrático”. Si uno analiza el triángulo institucional es difícil ver en qué se basa esta idea. El grueso del poder de decisión descansa de iure sobre el Parlamento y el consejo de ministros y de facto sobre este último. De facto, el poder político descansa sobre el consejo de ministros. El parlamento es elegido por sufragio universal y el consejo de ministros aglutina a los representantes de los Estados en cada una de las áreas, todos ellos elegidos democráticamente-

En contra de la sabiduría convencional la Comisión europea, con la excepción de temas de política de competencia, solo tiene el poder de hacer propuestas (que los estados deben aceptar) o de atacar a un estado u otro ante el tribunal de Luxemburgo por infringir la legislación que ellos han aprobado.

De forma general, existe cierta tendencia a culpar a la UE, como ente abstracto o impersonal, de cosas que hacen los representantes, en general considerados legítimos, de los ciudadanos de los distintos estados miembros en el marco de la UE. Una actitud, ésta, que contrasta de forma chocante con la tasa de abstención en las elecciones al parlamento europeo.

2. La UE impone legislaciones impopulares en distintos Estados miembros en contra de la opinión pública y la voluntad popular, lo cual viola el principio democrático.

La legislación aprobada en el entorno europeo se caracteriza por varios aspectos. En primer lugar, suele tratar sobre aspectos especialmente técnicos –normas de seguridad e higiene en el trabajo, regulación de sectores concretos, comercio entre estados miembros etc- no sobre temas políticos sensibles (políticas de redistribución o impuestos por ejemplo) y por tanto, se trata de áreas en las que la opinión pública no es que sea contraria, es que tiende a ser inexistente.

En segundo lugar, suele estar marcada por los compromisos, debido a las reglas de mayoría cualificada para la toma de decisiones. Esto implica que las reglas que nunca serían aprobadas en un Estado individual, sí lo sean para distintos Estados cuando hay que encontrar un punto medio y eso parezca contrario a la opinión pública de uno de los Estados. Es el precio de decidir juntos.

Finalmente, es cierto que la UE es usada, en ocasiones, por los políticos nacionales para imponer decisiones que no podrían imponer de forma interna; bien por ser políticamente débiles, bien por ser impopulares a corto plazo pero necesarias a largo. Thatcher accedió a aprobar el acta única y Maastricth; Jospin y Chirac a la estrategia de Lisboa y Zapatero a la política de rigor económico. Estas políticas son percibidas como imposiciones externas en la medida en que, con mucha frecuencia, los propios políticos que las han aprobado las venden así en su arena nacional.

Sin embargo, hay varias defensas contra esto. La primera es una de responsabilidad democrática de los ciudadanos: si los ciudadanos no castigan a sus políticos por engañarlos y existe algo así como la responsabilidad cívica, no es un problema institucional, es un problema de los ciudadanos. En segundo lugar, la naturaleza intergubernamental, basada en consensos amplios, de la toma de decisiones en la UE, asegura que este tipo de acuerdos se basen en ideas compartidas por todos los Estados y no en ideas peregrinas o superfluas de una mayoría temporal (en otras palabras, aseguran que las soluciones estén orientadas hacia el centro político), de modo que el daño que puede hacer esto es mínimo. En tercer lugar, implícitamente este razonamiento asume que la toma de decisiones en las instituciones nacionales es más democrática que la que tiene lugar a nivel europeo. Sin embargo no está en absoluto claro que las decisiones tomadas por un gobierno que es rehén de la patronal y/o los sindicatos o de un partido
bisagra con veto sea en algún sentido más democrática. Pensadlo

3. La UE es una organización poco transparente, presa fácil de todo tipo de Lobbies que mantienen políticas absurdas, como la PAC.

Como decía más arriba, la UE tiene competencias sobre aspectos especialmente técnicos, en los cuáles la opinión pública tiende a no existir o a ser muy mala decidiendo. Esto es lo que suele llamarse “special interest politics”: son áreas –por oposición a las “general interest politics”- dónde las decisiones afectan mucho a grupos relativamente pequeños y poco a la mayoría de la sociedad. Estos grupos tienen por tanto un interés muy fuerte en organizarse para hacer presión. Pero esto no es un problema de la UE; es un problema de este tipo de áreas: informarse y vigilar a los políticos es costoso y poco rentable para el ciudadano medio y relativamente barato y muy rentable para los grupos de presión afectados. La situación no es muy distinta en la mayoría de los ámbitos de este tipo que se gestionan a nivel nacional.

Otro aspecto que caracteriza a la UE es cierto grado de inercia institucional, que se hace ver por ejemplo en la PAC: las políticas del pasado son difíciles de cambiar. Pero esto es una consecuencia de tener reglas de decisión basadas en el consenso que buscan salvaguardar los intereses de todos los Estados. En esta situación, es algo más sencillo para un grupo de presión bloquear el cambio de una política que porque solo tienen que capturar a una minoría de bloqueo. De nuevo, hay un tradeoff entre respeto de las minorías y respeto de la mayoría.

La idea de que la UE es poco transparente es simplemente falsa. A diferencia de los Estados nacionales, la UE mantiene un registro de lobbies y de las organizaciones a las que subvenciona. Como cualquier opositor sabe, la página web de la Comisión es incomparablemente mejor en cuanto a información sobre políticas y transparencia que la de cualquier ministerio nacional.

Finalmente, querría romper una lanza a favor de los lobbies. Para bien o para mal, los lobbies son una característica inevitable de la democracia representativa. En teoría política estos suelen llamarse, de forma menos despectiva, “sociedad civil”. Un sindicato, una ONG para salvar de los gatitos o Amnistía Internacional son esencialmente lobbies, en el caso de los sindicatos con unos pocos privilegios legales. Todos ellos son reconocidos como participantes legítimos del proceso democrático en la medida en que presenten sus propuestas de forma razonada. Mi humilde opinión es que esto debería ser la regla.

4. La UE es una organización extremadamente burocrática de utilidad dudosa.

Las instituciones europeas producen, si no recuerdo mal, alrededor de un 60 o 70 % de la legislación que se implementa en los Estados miembros. Esta legislación tiene, para cualquiera con un mínimo de sensibilidad jurídica, un redactado generalmente mucho más claro y eficaz que el de las instituciones nacionales. Como decía Jorge el otro día, la Comisión tiene menos funcionarios que el ayuntamiento de Madrid y aunque no es algo totalmente comparable, si es bastante ilustrativo.

Es cierto que la toma de decisiones en la UE tiende a ser lenta, a haber solapamientos en las propuestas y repeticiones; la aprobación de algunas legislaciones puede demorarse más de una década. Pero esto es una consecuencia, una vez más, del carácter intergubernamental y de todas las garantías democráticas del proceso de toma de decisiones. Tener un proceso de consulta y de toma de decisión largo que intenta salvaguardar los intereses de todos implica necesariamente que el proceso es más largo, lento y farragoso.

Finalmente, es cierto que la UE tiene una irritante tendencia a los gestos sin contenido –especialmente en política exterior y aspectos políticamente más sensibles. La explicación para esto es sencilla: de nuevo, es un problema de la política de consensos y tener relativamente pocas competencias. No es difícil darse cuenta de que la política exterior de un Estado con un ejército gigantesco y unos intereses geopolíticos fácilmente definibles que no tienen que ser consensuados, como EUA o Rusia, tendrá mucho más contenido que la de la UE dónde hay que poner de acuerdo a 27 Estados con intereses divergentes y el poder de presión diplomático es muy pequeño. La solución a este tipo de problemas de fácil: dar más recursos y más competencias a la UE; pero eso también significa que los intereses de los Estados tomados individualmente serán violados más a menudo.

5. La mafia eurocrática de Bruselas vive acomodada con todo tipo de lujos a pesar de no hacer de valor sustancial.

Un funcionario de la Comisión no gana probablemente más que el diplomático medio de los distintos Estados miembros. Es decir, uno tiene que tener en cuenta de qué tipo de gente está hablando: se trata de gente que habla generalmente al menos tres idiomas (inglés, francés/alemán y el suyo propio), que tiene una buena formación internacional en áreas bastante técnicas (y podría por tanto ganar un buen sueldo en el sector privado) y que está desplazado de su país de origen. Bruselas es, además, una ciudad singularmente cara en bastantes aspectos, con una tasa de delincuencia (hablo de memoria) relativamente alta y con un clima singularmente inhóspito. Esto significa que para atraer a gente que quiera hacer su vida allí y sea relativamente competente en su área –fijaos que hablo de un problema de gestión eficaz, no de justicia-, la Comisión (y las demás instituciones) necesitan pagar sueldos relativamente más altos.

A título de experiencia personal, os contaré –podéis creerme o no- que conozco más o menos bien –por dentro o con relatos de primera mano de gente cercana a mi- prácticamente todas instituciones públicas españolas que os podáis imaginar (universidad, administraciones locales, autonómicas y central y organismos independientes) y me cuesta encontrar ninguna que funcione igual de bien que la Comisión (lo preparada que está la gente, la modernidad de los métodos de trabajo). Naturalmente, esto es una percepción individual que vale lo que vale y que variará de un caso a otro; pero si lo pensáis es algo normal: la Comisión está sujeta a un escrutinio particularmente intensivo por parte de los estados miembros y goza de la mezcla de las distintas culturas administrativas de los distintos Estados miembros. Y, aunque simplemente fuera estuviera en la media de los 27 Estados miembros, los Estados miembros que tenemos administraciones relativamente peores que la media saldremos ganando.

Reflexión sobre la naturaleza de UE

Este post puede parecer una defensa enardecida de la UE por parte de un euroyonki que busca señalar las luces del proyecto europeo y ocultar sus sombras. En parte lo es. Pero en el fondo, se trata solo de constatar que es la UE. La UE es, grosso modo, una arena de decisión política caracterizada por unas instituciones con competencias en materias con poco contenido político y reglas de decisión basadas a mitad de camino entre lo intergubernamental basado en el consenso y la democracia de masas convencional basada en la mayoría.

Esto funciona así por una buena razón (simplifico, esto no es un ensayo sobre teoría de la integración): los estados, es decir, los representantes democráticos de los distintos pueblos europeos, han querido poner en común áreas en las que decidir de forma conjunta tenía beneficios para sus distintos países, pero al mismo tiempo han querido siempre mantener cierto poder de veto que salvaguarde sus propios intereses, especialmente en áreas políticamente sensibles.

El resultado ha sido crear un marco institucional que, por no funcionar según el método convencional de la democracia de masas y tratar sobre ámbitos fácilmente inteligibles, parece alejado del ciudadano y por tanto poco democrático. El hecho de que los políticos nacionales nutren la animosidad hacia otros Estados para desplazar el coste político de sus decisiones en lugar de explicarlas correctamente no es algo que ayude tampoco. No obstante, nada de todo esto tiene que ver con una malvada conspiración urdida en las sombras de Bruselas; es un problema de diseño institucional.