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Anales de gobierno chapucero: presupuestos en Estados Unidos

9 Abr, 2011 - - @egocrata

Tras semanas de negociaciones, chapuzas, berridos, lloriqueos y discusiones, los Estados Unidos de América tienen un acuerdo para los presupuestos del año fiscal 2011. Leed con atención – los políticos americanos han pactado las cuentas para este año fiscal (que acaba, por cierto, en septiembre), 90 minutos antes antes que el gobierno tuviera que cerrar la puertas al no tener financiación.

La historia empieza en otoño del año pasado, cuando los demócratas fueron incapaces de presentar unos presupuestos para este año. A pesar de tener mayoría en las dos cámaras, una combinación de minorías de bloqueo efectivas en el Senado (recordad, necesitan 60 votos para aprobar nada), terror cerval a tomar decisiones y una agenda muy cargada (sanidad, reforma financiera…) hicieron que el gobierno federal se quedara sin cuentas para el año que viene. El resultado es que desde octubre del año pasado el país más poderoso de la tierra lleva viviendo de prórrogas de unas pocas semanas para pagar sus facturas – no hay extensiones automáticas, como sucede en Europa, así que se tiene que hacer así.

Ayer viernes a medianoche, el gobierno se quedaba otra vez sin tiempo. Los republicanos llevan pidiendo recortes fiscales de forma incansable cada vez que se acerca una fecha límite, siempre concentrados en el capítulo de gasto discrecional (excluyendo defensa). Cada extensión ha exigido nuevos recortes, pero esta semana los dos partidos se han plantado: si no había acuerdo, cerraban el cortijo. Los números concretos parecen enormes (38.000 millones de dólares), pero realmente son poca cosa dentro de la enormidad del gasto federal (sobre un 1%) – el gobierno americano ha estado a un tris de quedarse medio paralizado por casi nada. Para que os hagáis una idea, en el último momento lo que tenía las negociaciones bloqueadas eran un par de enmiendas republicanas prohibiendo subvenciones a Planned Parenthood (una ONG que da atención ginecológica a familias de renta baja) y un par de regulaciones medioambientales. Cuando la gente del Tea Party (como nuestro amigo Andrew Ian Dodge) es la que pide moderación, uno sabe que estamos en un sitio extraño.

Todo este proceso ha sido bastante deprimente. Los dos partidos han sufrido lo indecible para llegar a un acuerdo en lo que es, a grandes rasgos, una nimiedad. Los republicanos pidieron recortes de gastos enormes, con Boehner (el líder de la cámara de representantes) pidiendo 33.000 millones, los tea partiers pidiendo 100.000 (¡hala!), y los demócratas ofreciendo calderilla. Merced a un proceso caótico de redacción de presupuestos en que, rompiendo la costumbre del Congreso, todos los legisladores pudieron añadir enmiendas (de aquí esas extrañas restricciones al aborto), la propuesta que la cámara baja envió al Senado era un engendro inaguantable que ha complicado muchísimo las negociaciones. Si miramos el resultado final (39.000, más algunas concesiones adicionales) uno diría que los republicanos han ganado, pero la verdad, uno ya no sabe qué pensar.

Para empezar, los representantes más cercanos a los Tea Party están muy cabreados con el resultado. No me extraña, ya que Boehner les ha dejado colgados con un recorte (relativamente) razonable, y se morían de ganas de forzar un cierre de gobierno y acusar a los demócratas de despilfarrar. El ala (un poco) moderada del partido, sin embargo, entendía que si eso sucedía era probable que se repitiera la situación de 1995, donde un cierre del gobierno hizo un daño tremendo a los republicanos por su intransigencia. Lo más interesante, sin embargo, es cómo el sector conservador «social» del GOP (antiaborto, vamos) es la que se ha comido el marrón. Boehner ha preferido ceder en este tema a cambio de dar más recortes a los conservadores fiscales en el Tea Party. Es una señal que el partido republicano está cambiando, ciertamente.

Los demócratas mientras tanto, no sé si tienen una victoria pírrica o una derrota estratégica. Obama ha corrido a ponerse una medalla por su capacidad de alcanzar consensos, mientras señala con cierta sorna que ha conseguido moderar los excesos republicanos actuando de forma responsable. A efectos prácticos, sin embargo, Boehner ha conseguido más de lo que había pedido al principio, y la negociación siempre ha sido bajo los parámentros que marcaban los conservadores. Los republicanos han ganado en los substantivo – el hecho que parecieran estar poseídos por el demonio durante toda la negociación puede ser una victoria de imagen, pero esto no te lleva a ninguna parte. Si te pasas la semana diciendo que la culpa de un cierre de gobierno sería del GOP y al final no hay cierre, es casi aceptar que te han metido un gol.

La cuestión es, esta negociación no me daba miedo. El problema es cuando la cámara de representantes tenga que empezar a debatir el presupuesto para el 2012 (la propuesta inicial de los republicanos es espantosa), y se hable no de este 1% del presupuesto, sino de Medicare, Medicaid y seguridad social, que es donde hay dinero y se puede hacer daño de veras. Lo realmente aterrador, sin embargo, es la votación sobre el límite de deuda, una procedimiento por el que el Congreso autoriza al Tesoro a emitir más deuda. Esto siempre ha sido una formalidad, hasta que el sector montañés del movimiento conservador empezó a sugerir que votar en contra sería una buena idea si no consiguen más recortes. Si eso sucede (y esta gente está loca en serio) sería algo parecido a tener el gobierno federal declarándose en bancarrota política, algo que provocaría un pollo absolutamente descomunal en los mercados financieros.  Y por
descontado, está el pequeño problema de tener un país saliendo poco a poco de una recesión apretando el freno fiscal demasiado pronto, etcétera.

Los demócratas tenían una escaramuza política seria esta semana, y han escapado por poco. Espero que en la próxima batalla se espabilen, o la próxima vez se llevarán una buena paliza.