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Apisonando sindicatos en Wisconsin

10 Mar, 2011 - - @egocrata

La batalla de Wisconsin, esa extraña confrontación entre un gobernador republicano, senadores demócratas a la fuga y los sindicatos, ha llegado a su fin. Con nocturnidad y alevosía (y una mala leche encomiable) Scott Walker y la mayoría republicana en el Senado estatal han roto el bloqueo simplemente separando la ley en dos. Una ley que tenga implicaciones fiscales necesita un quorum mínimo de senadores, pero una que sólo cubra regulaciones puede pasar sin un mínimo en la sala. Los conservadores han puesto toda la legislación antisindical en un paquete separado, han corrido al capitolio, han pasado la ley en dos minutos y han cantado victoria. A falta que la otra cámara apruebe el texto (tienen mayoría clara – no tiene porque ser problema), la cosa esta hecha.

La reacción de los demócratas y los sindicatos, no hace falta decirlo, ha sido inmediata – y el cabreo, monumental. Hacía siglos que no veía tanta gente despotricando en Twitter y por la blogosfera progresista americana – y las protestas en Madison han sido inmediatas. El partido demócrata en Wisconsin, más que en cualquier otro lugar de Estados Unidos, es un partido laborista con una presencia sindical tremenda. Esta ley es un ataque durísimo contra las bases del principal partido de la oposición en el estado, y no es de extrañar el rebote.

Más allá de esto, la táctica empleada para aprobar la ley es más que cuestionable. Scott Walker lleva tres semanas diciendo que eliminar el derecho a la negociación colectiva es ante todo un tema presupuestario; sacar esta medida así es como mínimo un poquito cínico. Más grave, hay un par de cláusulas que son, de forma bastante explícita, medidas de gasto, así que en caso de ser recurrida no es del todo seguro que el supremo del estado dé el visto bueno. Tribunal qué, por cierto, es escogido en las urnas, y este es un año de elecciones – lo jueces tienen ante sí una decisión interesante como poco.

¿Por qué? Primero, las encuestas estaban poniéndose muy, muy feas para los republicanos de Wisconsin en este tema, y estoy bastante seguro que esto no las va a mejorar. La imagen de profesores de primaria malpagados siendo ninguneados no es la mejor forma de hacer amigos, especialmente cuando Walker ha dado muestras de estar más preocupado de hablar con millonarios que otra cosa. Segundo, esto parece haber sacado a las bases demócratas de su letargo de una puñetera vez, y parece que van a lanzarse a recoger firmas para forzar un buen puñado de Senadores estatales fuera de sus escaños en una elección especial.  La política americana de los dos últimos años fue, en gran medida, la historia de las bases demócratas constantemente decepcionados con su partido (total, sólo pasaron una reforma histórica de la sanidad) y los
republicanos increíblemente cabreados con el comunismo de Obama. Ahora que los demócratas han perdido elecciones y están viendo cómo se las gastan los conservadores realmente, ahora sí están reaccionando.

Es la vieja verdad en movilización política, por cierto: sacar a la gente a la calle para defender una ley más o menos imperfecta es muy, muy difícil. Salir en tromba para oponerse a algo, sin embargo, es infinitamente más sencillo. Racional, lo que se dice racional, no lo es, pero así funcionan las cosas.

Lo más curioso, sin embargo, es que en el fondo me parece «bien» que esto haya sucedido. Aunque creo que el cambio legal impulsado por Walker es increíblemente estúpido, los republicanos ganaron las elecciones. Cierto, nunca dijeron que este era su plan, pero no sé qué narices esperaban los votantes de esta tropa; llevan diciendo que los sindicatos son un problema desde hace años. En una democracia, quien gana es quien pasa leyes, y todos estos requisitos de supermayorías son una distorsión grave de este hecho. Lo siento mucho por los sindicatos de Wisconsin, y espero que sean capaces de cargarse unos cuantos senadores en las urnas (y el gobernador, en cuanto puedan) para cambiar esta ley, pero que lo hagan en las urnas, no jugando a meter vetos estúpidos.

A medio plazo, lo más sorprendente de toda esta odisea ha sido que la opinión pública, contra todo pronóstico, ha caído del lado de los sindicatos. Los republicanos parecen haber leído mal los resultados electorales de noviembre – los votantes estaban preocupados por la economía y el paro, no por sus tradicionales obsesiones antisindicales o su pasión por redistribuir riqueza hacia arriba. Cuando empieza a ver encuestas que dicen que subir impuestos a los ricos no está tan mal (¡en Estados Unidos!) o que es más importante crear empleo que reducir déficits, algo raro está pasando. Algunos hablan de lucha de clases, por Dios.

Por supuesto, el problema sigue siendo el partido demócrata. Los políticos de este partido no han visto nunca una oportunidad única que no sean capaces de desperdiciar. Los tipos podrían estar aprovechando la furia nihilista antigasto público de los republicanos de mil maneras (Ezra Klein tiene una buena estrategia), pero estoy bastante seguro que las arreglarán para pifiarla. Veremos. Lo que es seguro es que si quieren que sus bases estén animadas el 2012, es hora de plantar cara en serio y dejar de pedir disculpas.