Los cadetes que entran en la Academía Militar de  West Point tienen en su lista de lecturas obligatorias La «Historia de la Guerra del Peloponeso«, de Tucídides. Cuentan que el libro es utilizado para explicar la idea de hibris, desmesura – la historia de la caída de Atenas tras Pericles siendo un ejemplo de grandeza y desastre tras dejarse llevar por la ambición sin control.

Hay días que uno se pone cascarrabias y se pregunta si nuestro problema es que los jóvenes de hoy en día ya no leen a los clásicos, y que bajo Pericles vivíamos mucho mejor. Hoy, viendo Client 9: The Rise and Fall of Elliot Spitzer, en cambio, recordaba que no es más que la naturaleza humana. 

Hace apenas unos años, Elliot Spitzer era un político que aspiraba a todo, una estrella rutilante en imparable ascenso. Tras varios años como fiscal general de Nueva York, donde se hizo famoso por su persecución implacable de los titanes de Wall Street (y se ganó un montón de enemigos), fue elegido gobernador el 2006 con un 69% de los votos. Empezó reformas, se enfrentó a todos, tenía un futuro brillante por delante, iba a llegar a presidente… y de súbito cayó en desgracia, tras ser cazado en una inusual investigación federal contra una red de prostitución de altos vuelos. Su imagen de honestidad incorruptible por los suelos, avergonzado, solo y sin amigos, Spitzer se vió forzado a dimitir, victimas de sus propios excesos.

Client 9 repasa la historia de Elliot Spitzer. Sus luchas con Wall Street, cómo forzo la caída de Hank Greenberg, cómo la administración Bush frenó su investigación sobre AIG, la larga lista de enemigos que hizo. Lo realmente interesante, sin embargo, no es tanto las batallas políticas sino el relato de cómo un hombre carismático, rico, tenaz, increíblemente inteligente y con un futuro político ilimitado lo perdió todo por su propia debilidad y torpeza. El documental gira alrededor de una larga, dolorosa entrevista al propio Spitzer, que habla de sus éxitos, proyectos y batallas, explica con franqueza sus visitas a prostitutas pero es completamente incapaz de explicar racionalmente por qué lo hacía. Es la viva imagen de hibris en un político, la historia de alguien que se creía invencible hasta que dejó de serlo.

Hay pequeño intercambio casi al final, cuando le preguntan a Spitzer si cree que la realmente extraña investigación del FBI tuvo motivos políticos, o si hubo una mano negra de alguno de sus enemigos.  Su respuesta es simple: no importa si me perseguían o no – el error fue mío.

Lo realmente irónico, sin embargo: Spitzer dimitió como gobernador el 12 de marzo del 2008. Dos días después, Bear Sterns se hundía sin remedio, y la crisis financiera empezaba de veras. Su trabajo como fiscal general, años antes, quizás no fue suficiente – y realmente ni la SEC, ni el FBI, ni la FDIC, ni ninguna de las agencias reguladoras le ayudaron lo más mínimo.  Aún así, el tipo parecía estar en lo cierto.

Spitzer, por cierto, es presentador de un programa diario en CNN. La verdad, me gustaría que volviera a la política algún día.


Sin comentarios

  1. Adrián dice:

    Una pregunta. ¿Este hombre cayó en desgracia porque la red de prostitución era ilegal, o simplemente porque la prostitución está muy mal vista en EEUU?

  2. Roger Senserrich dice:

    Ser cliente de prostitución es delito, en teoría. No se persigue nunca, y de hecho no lo acusaron de nada, pero está lo suficiente mal visto que tuvo que dimitir.

  3. Hoyga dice:

    ¿Tenía algún tipo de ambición desmedida por el hecho de haber ido de putas? yo por ambición desmedida entiendo estar borracho de poder, abusar de tu posición o no se, dar un golpe de estado, pero irse de putas no termino de verlo.

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