El petróleo es cada vez más caro. El precio de la gasolina está subiendo de forma acelerada. La dependencia energética de España sigue siendo altísima. El gobierno, en vista de la crisis, ha decidido tomar la iniciativa y presenta un paquete de medidas para solucionar el problema. Como es costumbre en esta casa, sin embargo, han lanzado un parche debilucho y fofo que se queda a medias.

No nos engañemos: rebajar la velocidad máxima en autovía a 110 Km/h no es realmente una mala idea. Por mucho que de pie a toneladas de comentarios sarcásticos por Twitter, el consumo de energía es considerablemente mayora 120 Km/h (sobre un 19%, por lo que he visto), así que ciertamente ayudará a que gastemos menos gasolina. Y no os quejéis que es «lento», que vivo en un país con un montón de autopistas limitadas a 88 Km/h (55 Millas por hora), así que menos lloros.

Las medidas complementarias también tienen cierto sentido. Rebajar el precio del transporte público de corta y media distancia (cercanías y regionales) es una idea decente, aunque tras dos años de fuertes subidas en el precio de los billetes no sé realmente qué pretenden decir con ello. Dejar los billetes de larga distancia al mismo nivel es también razonable; subvencionarlos es bastante regresivo. La política comercial de Renfe seguirá siendo de frenopático, pero al menos están dando una pequeña alternativa.

Como dice Jorge Galindo por IC, sin embargo, que estas medidas sean buenas no quiere decir que sean las más adecuadas para los objetivos que estamos intentando cumplir. Si el gobierno quiere reducir la dependencia energética española vía una reducción del consumo de petróleo, hay una forma mucho más simple directa y barata para el erario público: subir el dichoso impuesto de hidrocarburos. Tenemos el impuesto sobre carburantes más bajo de la Unión Europea; pagamos menos por litro de gasolina que casi cualquier país medio desarrollado exepto Bulgaria y Estados Unidos.  Con precios tan bajos,no es de extraña que la gente prefiera coger el coche para todo y disfrute apretando el acelerador con ganas. No hay nada que funcione mejor para reducir el consumo de cualquier bien que subir su
precio, y en esto tenemos aún margen.

Obviamente esto hará que paguemos más al llenar el depósito. No nos engañemos: esto seguirá sucediendo, nos guste o no. El petróleo no lo creamos mágicamente, y no es que nos quede demasiado. Más vale que empecemos a hacernos la idea que el vehículo privado con motor de combustión interna es un lujo con fecha de caducidad, sinceramente.

Una medida mucho mejor, y más barata para las arcas públicas (*), hubiera sido subir el impuesto sobre hidrocarburos, y utilizar cada euro extra recaudado para subvencionar gasto adicional en medios de transporte más eficientes. Esto incluiría autobuses para servir zonas sin acceso ferroviario. Si quieren hacerme verdaderamente feliz  un altísimo porcentaje de recursos serían destinados a trenes de mercancías, el verdadero patito feo del sistema de transportes español. Esto haría que, por un lado, el incentivo en ir en coche a todas partes disminuyera, reduciríamos emisiones, recaudaríamos dinero (que falta que hace), y encima podríamos financiar las alternativas. El hecho que perjudique a zonas rurales con poca densidad de población y difícil acceso a transporte público, por cierto, es una virtud, no un inconveniente. Si genera un poco de inflación, lo mismo digo – no nos iría mal.

A medio / largo plazo (pero como antes mejor), sería interesante plantearnos una reforma fiscal más amplia. La idea central debe ser esa vieja máxima que dice que ponemos impuestos sobre lo que queremos que haya menos y dejamos sin gravar aquello que queremos tener más. A efectos prácticos, coser a impuestos cualquier cosa que genere emisiones contaminantes y/o dependencia energética, y  reducir la fiscalidad sobre el trabajo. Como los impuestos sobre emisiones son bastante regresivos, podemos crear un impuesto negativo para las rentas más bajas para eliminar el efecto redistributivo del cambio – y por descontado, mantener el gasto en transporte público, que falta que nos hace.

Si el gobierno se tomara los cambios en política energética en serio y realmente quisiera hacer de las energías renovables algo remotamente viable, deberían estar mirando en esta dirección. Pero del gobierno que dejó la ley de economía sostenible a medias, la reforma laboral a medias, la reforma de la financiación autonómica a medias, la reforma del mercado eléctrico a medias, y la reforma del sistema financiero a medias, entre otros ejemplos de tener miedo a ser acusados de gobernar, no sé porque debe esperar mucho más.

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(*): Lo más divertido del paquete de medidas del gobierno es que reducirá la recaudación en el impuesto de hidrocarburos sobre un 5% – entre 700 y 1000 millones (números a ojímetro) que no sé si nos podemos permitir. El coste de las subvencionales adicionales a regionales y cercanías por cierto, será muy modesto – Renfe recibe sobre unos 370 millones de euros al año en este aspecto, así que no costará más que 20-30 millones más. Para los que tengáis curiosidad, la subvención que recibe Renfe en este capítulo es baja si comparamos con
nuestros vecinos europeos.